«EL GRITO»

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En el año 1893 del siglo XIX, Edvard Munch exponía por primera vez “El grito”, un cuadro que con el tiempo se ha convertido en icono de la pintura universal. Las cuatro propuestas posteriores del pintor noruego acumulan cientos de versiones, millones de reproducciones en láminas, un número incalculable de visitas virtuales e infinidad de análisis de críticos. Los estudiosos coinciden en que representan la angustia, la desesperación, el desconcierto o el miedo de una sociedad que interpreta su entorno como de extrema hostilidad. Hay quien dice que es un cuadro expresionista y nada más, pero resulta evidente que todos identifican en la pintura las consecuencias del disparate vital en el que se convirtió el pasado siglo y, a juzgar por lo vivido en este primer cuarto, parece que el siglo XXI lleva el mismo camino.

En anteriores comunicaciones nos hemos referido a la gravedad de acontecimientos que ensombrecen el futuro de nuestra civilización. Una realidad objetiva extremadamente grave ante la que Canarias ni es ajena ni podrá serlo: la guerra de desgaste en Ucrania que genera espirales de muerte y ruina económica, el genocidio que está perpetrando Israel contra el pueblo palestino sobre una población civil indefensa y hambrienta, la guerra abierta entre Israel e Irán, la deriva económica y militarista de la Administración Trump, el castigo infame y sin precedentes a la población inmigrante en aquel país, el auge social y electoral de ideologías ultraconservadoras que rompen todos los consensos, la inestabilidad sociopolítica y las guerras en el vecino continente africano, la situación de emergencia climática, la gestión de la incontenible ola de migraciones en todo el mundo y, especialmente, en la llamada ruta atlántica de la que Canarias es solamente la antesala hasta la llegada a Europa, el manejo ético de la inteligencia artificial, la vida en un mundo sin reglas… Son algunas de las cuestiones que establecen la evidencia palmaria de que nadie es ni podrá ser ajeno a lo que ocurre fuera de sus fronteras.

Sin perder de vista la especial exposición que tiene el país canario a lo que ocurre afuera, en este momento, el objeto central de estas reflexiones ha de ser el análisis de la situación política, económica, medioambiental… En definitiva, las problemáticas que abruman a la sociedad canaria y las posibles soluciones que, desde Drago Canarias, ponemos sobre la mesa.

Grosso modo, como en la obra de Munch, escuchando la voz de la calle, de los movimientos sociales, escudriñando las distintas estadísticas… percibimos con meridiana claridad que existe impotencia y demasiado miedo al futuro en todas las Islas y en cada uno de los ochenta y ocho municipios. Puede que algunos no lo quieran reconocer, pero hay cientos de miles de canarios y canarias que también “gritan” de desesperación afectados por la situación de la vivienda, la angustia vital de un porvenir incierto, de bajos salarios, de carestía de la vida, de deterioro de los servicios públicos, de una movilidad que se hace imposible por momentos, de la persistencia de un “monocultivo” económico que perciben como agotado e inviable a corto plazo, de deterioro irreversible de las costas, de un peso poblacional que ahoga el futuro de Canarias, de la incapacidad manifiesta para ofrecer un trato humanitario a las personas migrantes que llegan en tránsito, de una “clase política” cada vez más alejada de la ciudadanía que no genera confianza y certidumbres.

Da igual lo que digan desde la izquierda o la derecha, su credibilidad en Canarias es ya nula. Esta organización escucha con nitidez ese “grito” de tanta gente que tiene dificultades para llegar, o que directamente no llega a fin de mes, que se siente explotada en su trabajo, que ha de vivir sin futuro con los subsidios institucionales, que no encuentra sentido a su vida, que teme por su porvenir y el de su familia, que desea luchar por su tierra… y es precisamente en esa escucha donde el activismo político de las personas que integran y simpatizan desde Drago Canarias se sienten concernidas para, juntas, denunciar y enfrentar la decepción que transmiten los representantes y cargos públicos que se atornillan a puestos que han convertido en cuasi vitalicios, o los privilegios que ofrecen sus partidos políticos en estos tiempos de desesperanza e incertidumbre.

El grito social de que “Canarias tiene un límite”, expresado de manera inequívoca el 20A, el 18M y, de manera cotidiana, en multitud de conflictos laborales, de expresiones sociales, periodísticas, culturales, lúdicas… son “voces” que destapan la evidencia de ese divorcio entre la “clase política” y una sociedad que se muestra harta de engaños y dispuesta a movilizarse.

En esa mudanza electoral que podría apuntar la movilización social, Drago Canarias señala la responsabilidad de esa suerte de políticos “de profesión” y se pregunta: ¿Cuál es la hoja de servicios a Canarias de los tres diputados socialistas por la provincia de Las Palmas?, ¿Están rindiendo cuentas a la ciudadanía Ada Santana, M.ª Dolores Corujo y Luc André de su trabajo en el Congreso de los Diputados?; ¿Cuál es la hoja de servicios a Canarias de los tres diputados socialistas por la provincia de Santa Cruz de Tenerife? ¿Están rindiendo cuentas a la ciudadanía Jonay Quintero, Esther Rodríguez y Alicia Álvarez de su trabajo en el Congreso de los Diputados? ¿Cuál es la hoja de servicios a Canarias de la diputada elegida en las listas de Sumar por la provincia de Las Palmas? ¿Está rindiendo cuentas su señoría, Noemi Santana, de su trabajo en el Congreso de los Diputados?

Se habla mucho de la necesaria unidad del progresismo canario. Una unidad de acción, pero… ¿Para hacer qué? ¿Quién ha incumplido los pactos que ya conformaron esa unidad el 23 de julio de 2023? ¿Quién silencia y bloquea iniciativas canarias incumpliendo acuerdos es garantía de algo? ¿Quien de forma electoralista no participó de esa unidad progresista está facultado para venir ahora con sus miedos propios a pedir un marco de unidad? ¿Se van a tener en cuenta alguna vez las competencias, la limpieza y la honradez de los candidatos? ¿Se va a entrar en la trayectoria personal de quienes se proponen para representar el interés social, o se optará por personajes acríticos y sumisos a la hora de levantar la mano a cualquier dictado?

Definitivamente, parece que a esta sociedad se le ha caído la venda de los ojos y es consciente de que la derecha —y también “la izquierda”—, de aquí y de allá, irá siempre a lo suyo, y que esa ultraderecha que el alcalde socialista de La Laguna sobrefinancia generosamente, continuará empeñada en romper la baraja democrática; esta sociedad que se indigna porque esperaba mucho más de esos seis diputados socialistas y una transfugada en Madrid; una sociedad que se muestra decepcionada porque esperaba otra cosa de los 23 diputados socialistas y los cinco de Nueva Canarias en el Parlamento de Canarias.

De unos y otros esperaba mayor beligerancia, hacer un ejercicio de autocrítica sobre el fracaso del Pacto de las Flores y un mayor compromiso político en la defensa de quienes más lo necesitan. Esperaba más acompañamiento y empuje en los objetivos que reivindica el tejido social en la calle por el derecho a la vivienda, por otro modelo turístico, por unas relaciones laborales más justas, por los servicios públicos, por el consumo racional de los recursos que han de garantizar el futuro de esta tierra, más firmeza en favor de la identidad y la soberanía… Una sociedad que, en fin, despierta ante la obviedad de que tantas décadas ejerciendo el poder en las instituciones corrompe a las organizaciones y los cargos públicos, a la certeza de que la única medicina para esta situación solo puede ser una catarsis política que devuelva frescura a la actividad política, una actividad esencial en cualquier sociedad democrática que aspire a vivir sana y en la senda democrática.

Pocas dudas de que el voto progresista en las Islas, de movilizarse, dará muchos asientos en el Congreso de Madrid y una mayoría en el Parlamento de Canarias, la cuestión está en cómo ilusionar y convencer de que un vuelco electoral en esa dirección es posible. Quizás no sea fácil, pero en esta organización estamos empeñados en solicitar, por todos los medios a nuestro alcance, que esa catarsis renovadora castigue en las urnas y no en la abstención la incompetencia de la política, la lejanía de los votantes, la corrupción, la falta de transparencia y, sobre todo, la ignominia de haber confundido el bienestar de la gente que vive aquí con la opulencia de quienes hacen negocios aquí.

Vuelve con fuerza el runrún de un posible adelanto electoral, y ya se sabe que cuando hay fruta en la huerta hay amigos en la puerta. Lo hemos dicho en distintos estrados y Drago Canarias mantiene ese compromiso. Llegado el caso hablaremos, pero esta organización sólo hablará con las cartas del presente, no del pasado, con propuestas de futuro encima de la mesa, no con recetas del pasado, con argumentos que tengan en cuenta el interés de la sociedad y de esta tierra no de las candidaturas… De no ser así, el espacio Drago Canarias seguirá con su activismo social, valiente y riguroso en todos los territorios. No sacaremos engañosos conejos de la chistera, pero tampoco cejaremos en tratar de movilizar el escandaloso porcentaje de gente desencantada para que traigan ilusión y ese vuelco electoral que necesita este país.

Ese es y será nuestro compromiso.

Héctor Morán, responsable de Organización y Confederalidad de Drago Canarias

«LA CRUEL REALIDAD DE LA DEPENDENCIA Y LA DISCAPACIDAD EN CANARIAS»

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Hablar de políticas sociales en Canarias, especialmente en lo que respecta a la discapacidad y la dependencia, es hablar de un fracaso sostenido, de una deuda moral que el Gobierno de Canarias sigue sin saldar con los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Como militante de Nueva Canarias-Bloque Canarista, no puedo ni quiero callar ante la pasividad institucional que condena a miles de familias al abandono, a la desesperación y al maltrato burocrático.

Esta crítica no la hago desde la teoría, sino desde la experiencia personal. Mi madre, una mujer con movilidad más que reducida a causa de una enfermedad degenerativa, no ha logrado ser reconocida con un Grado III de dependencia. Según los baremos oficiales del Gobierno de Canarias, no alcanza el nivel más alto de atención. Pero lo que esos fríos informes no reflejan es la cruda realidad de su día a día: no puede levantarse sola, no puede vestirse sola, no puede realizar las tareas más básicas sin ayuda constante.

¿Cómo es posible que un sistema que se supone está diseñado para proteger a quienes más lo necesitan, decida que mi madre —como tantas otras personas en su misma situación— no cumple los requisitos para tener acceso a los cuidados que con urgencia necesita?

La respuesta es dolorosamente clara: los baremos no están hechos para valorar la dependencia, están diseñados para limitar derechos, para restringir el acceso a recursos, para contener el gasto en lugar de atender a las personas. Es una política deliberada de exclusión disfrazada de procedimiento técnico. Y eso, simplemente, es inhumano.

Lo que estamos viviendo muchas familias en esta tierra no es un fallo aislado, sino el reflejo de un modelo político que ni entiende ni quiere entender la realidad de la discapacidad en Canarias. Un modelo que sigue reproduciendo estructuras centralistas, sin sensibilidad canaria ni enfoque comunitario. Un modelo donde el presupuesto se sube en los papeles, pero no se ejecuta ni se traduce en mejora real para las vidas de quienes más lo necesitan.

Desde Nueva Canarias-Bloque Canarista, lo decimos con claridad: basta de maltrato institucional. Basta de condenar a las personas con discapacidad y dependencia a la invisibilidad. Necesitamos un cambio profundo que pase por baremos justos, evaluaciones humanas, presupuestos ejecutados con rigor y una atención pública que respete la dignidad y autonomía de cada persona. Porque cuidar no es una opción política, es una obligación ética.

Y porque quienes construimos esta Canarias día a día —personas como mi madre, como tú, como yo— no merecemos un sistema que nos abandona, sino un gobierno que nos cuide y nos represente.

Diego Fernando Ojeda Ramos fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria

«LA CRISIS HABITACIONAL: DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS»

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Las acciones vinculadas a la burbuja del ladrillo en España a principios de siglo y, tras el hundimiento del sector financiero occidental, las políticas neoliberales “de austeridad” posteriores, han contribuido, en gran medida, al extraordinario crecimiento de los precios en las viviendas de alquiler y a la clamorosa falta de viviendas sociales que se padece en presente.

Porque, aunque antes del inicio del largo ciclo especulativo de auge de los precios de los inmuebles (1997-2007) el negocio financiero se centraba en la concesión de crédito y, prácticamente, no había parque inmobiliario bancario, el colapso inmobiliario provocó una oleada masiva de impagos de hipotecas a particulares y de créditos a promotoras y al proceder la banca a ejecutar los propios inmuebles -las garantías de esos préstamos- se convirtió “de la noche a la mañana”en la mayor inmobiliaria de España. Este sector, con CaixaBank a la cabeza, ha llegado a acumular, aunque miles de ellos devaluados y de difícil venta, cerca de 100.000 millones de euros en activos inmobiliarios. Y, con estos recursos está multiplicando los ingresos.

Y eso que durante la década dorada de la burbuja las grandes empresas del ladrillo y las entidades financieras registraron beneficios récord. Las macro constructoras, además de lucrarse con los derivados de contar con una demanda insaciable, también se enriquecieron con la revalorización especulativa del suelo urbanizable. Así mismo, la banca, a menudo con tasaciones infladas y sin un análisis de riesgo riguroso, con la concesión masiva de hipotecas generó enormes beneficios que llegaron a representar cerca del 60% del total del crédito de la economía española. Ingentes cantidades de dinero a beneficio exclusivo del gran accionariado y los altos directivos de las entidades respectivas.

Pasada la fase de privatización de enormes beneficios, la socialización de las inmensas pérdidas consiguientes recayó, sobremanera, en las familias y pequeñas y medianas empresas, pues les tocó asumir la práctica totalidad de los quebrantos. Y en el Estado, ya que en esta fase, de las casi 400.000 viviendas vacías que existían, como el 80% las poseían las entidades financieras y muchas de ellas estaban en situación invendible, el gobierno nacional, con el objetivo de sanear los balances de la banca impulsó la creación de la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (la Sareb) – conocida, popularmente, como el banco malo– para cargar con un volumen de activos“tóxicos”valorado en más de 50.000 millones de euros.

Del otro lado, muchas familias vieron cómo los ahorros de toda una vida se evaporaron al haberlos invertido en unas viviendas que con el derrumbe inmobiliario se devaluaron en más de un 40% (Como dijo el exministro de Economía y expresidente de Bankia Rodrigo Rato “Es el mercado, amigo”). Y cientos de miles de ellas fueron desahuciadas, sin contemplaciones, al no poder hacer frente a sus hipotecas. Además, al no permitir la legislación hipotecaria española la dación de los inmuebles en pago, tras perder las viviendas, debieron seguir afrontando unas deudas con los bancos, considerables y a interés variable.

La crisis inmobiliaria también abocó al cierre, solo en 2008, a unas 42.000 empresas en España, principalmente, pymes del sector de la construcción y de actividades auxiliares vinculadas. Consecuentemente, la destrucción de empleo en el sector de la construcción llegó a superar el 26% de del paro sobrevenido en la población activa. Al aumentar el desempleo drásticamente, las familias trabajadoras no pudieron hacer frente al pago de sus hipotecas. Y, como es sabido, las consecuencias fueron devastadoras: según estudios de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) desde 2008 se han producido más de un millón de desahucios en España.

En un paisaje aun salpicado de urbanizaciones fantasma y esqueletos de edificios sin terminar, el reparto asimétrico de ganancias y pérdidas que, como resultado de las políticas neoliberales aplicadas a rajatabla en España, se llevó a cabo provocó una profunda cicatriz en el tejido social del país que perdura y por la que los ricos son aún más ricos, los pobres, más pobres y el estado está endeudado como nunca.

Y, hasta hoy, la construcción de viviendas sociales ha sido nimia. Entre otros motivos porque, a pesar de que el accionariado de la Sareb es mayoritariamente público, el acceso por parte de las administraciones públicas al enorme parque de viviendas que gestiona para destinarlas a políticas de vivienda social ha sido y sigue siendo un proceso complejo y no exento de dificultades ¿Por qué será?

Xavier Aparici, filósofo y experto en gobernanza y participación

 

«NO ES POLÍTICA, ES INMORALIDAD»

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¿En qué momento la mediocridad, la ignorancia, la ruindad y la bajeza moral se apropiaron del Congreso de los diputados? ¿En qué momento la mentira y el insulto dañino y ordinario empezaron a campar a sus anchas en el Parlamento y el Senado?…

¿Cuándo decidió la Derecha y la Ultraderecha rancia española que era «más rentable políticamente» la indignidad y el mal comportamiento que las ideas, los proyectos y los objetivos en defensa del bien común?. Respuesta: cuando vieron que a sus votantes les daba igual. Cuando vieron que el discurso de odio no solo funcionaba, sino que inoculaba miedo al «diferente»

¿Y quién es «diferente«? Pues todo aquel o aquella que no comulgue con los preceptos que ellos veneran: Todos y todas los que no sigan sus ideales xenófobosracistasmachistasclasistashomófobos, etc. Es decir, todos y todas los que no sean tan intolerantes como ellos mismos…

Si contemplamos sus declaraciones, sus comportamientos en el Congreso o en el Senado, sólo vemos modos groseros, conductas barriobajeras e indignas del cargo que ocupan como representantes de la ciudadanía. Ni el más mínimo proyecto de actuación de Gobierno si llegasen a ello. Sólo descalificaciones al Gobierno actual, insultos, y ansias de Poder. No Poder para apostar por el bienestar de la ciudadanía, sino para deshacer todo lo que no se ajuste a su ideario fascistoide

Ya han dejado claro que en el Estado español no hay una mínima diferencia entre la (teórica) Derecha y la Ultraderecha. ¿Por qué iba a haber diferencias si, al fin y al cabo, a diferencia de el resto de Europa, en España toda la Derecha es heredera del franquismo?…

Ya los unos no ocultan su intención de reducir el salario mínimo interprofesional, así como los otros anuncian su «deseo» de expulsar a ocho millones de inmigrantes. Y recordemos que tanto unos como otros votaron en su día en contra de el Ingreso Mínimo Vital, los Ertes, la Ley de Eutanasia, la subida de las pensiones, y todo aquello que suponga una mejora, un avance en los Derechos de la ciudadanía de a pie. Y es que, claro, ellos sólo «piensan» en la ciudadanía con chófer

Puntualicemos que Alberto Núñez Feijöo percibe anualmente 65.184€ como diputado, 54.600 como presidente del grupo parlamentario y una retribución «adicional» por parte del Partido Popular de 54.600€. Una suma de 177.000€ brutos anuales. Pero le parece un «aumento indiscriminado» que un trabajador o trabajadora cobre 1.184€ al mes…

En cuanto a la expulsión de los 8 millones de inmigrantes, ¿Han «pensado» en las gravísimas consecuencias que tendría esa medida, no sólo a nivel humano, sino a nivel económico? ¿O se trata sólo de emular a Donald Trump? Ese Trump que amenaza con aranceles a España y al que Santiago Abascal venera?…

Según el centro de análisis Funcas (fundación de las cajas de ahorro), “la inmigración aportó el 84% del crecimiento de la población española” desde 2022 como “el dato del año”. No olvidemos que son los inmigrantes los que hacen los trabajos duros y peor pagados, es decir: los que la mayoría de los españoles (incluídos los votantes de la derecha rancia española) no quieren hacer. El 27% de las personas que trabajan en la hostelería son inmigrantes. El 20% del personal de la construcción. El 25,5% de la agricultura. Trabajos que no encuentran mano de obra de nacionalidad española. Por no mencionar que una buena parte del sustento de las pensiones en las próximas décadas depende de ellos y ellas. Sin esos millones de migrantes haciendo el trabajo que los de aquí no quieren hacer, la economía entraría en recesión. ¿No han sido capaces de razonar (o al menos de intentarlo, no pidamos milagros) antes de soltar barbaridades como esa? ¿Veremos a Abascal currando para suplir alguno de esos puestos?…

El problema no es sólo que el Congreso y el Senado esté «ocupado» por tendereteros que no saben de lo que hablan. Gente sin formación ni capacidad de razonar. Gente que confunde cámaras que deberían divinizar y bendecir, con circos y tabernas de alcohólicos. Gente que se comporta peor en el Parlamento o el Senado que como lo haría en el bar mientras ve el fútbol y se echa cuatro copas de más. El Estado español no se merece una Derecha tan rancia. Una Derecha tan inmoral

Ángel Rivero García

www.encanarias.wordpress.com

«CURAR NO BASTA: CUANDO LA BATA PIERDE EL ALMA»

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Algo se está rompiendo en nuestros hospitales. Algo que no suena en los monitores, ni se ve en las radiografías, ni aparece en los historiales clínicos. Algo que no se mide con pruebas, pero se siente en el pecho. Porque cuando un paciente entra en urgencias, no solo trae síntomas: trae miedo, vulnerabilidad, incertidumbre. Y si no lo sabe quién le recibe, ¿quién lo sabrá?
 
En el Hospital Insular de Gran Canaria —más que en el Dr. Negrín, aunque ambos reflejan la tendencia— la deshumanización en la atención sanitaria ha dejado de ser una excepción y se ha convertido en rutina. La consulta se ha convertido en trámite, el pasillo en rutina, el enfermo en número de cama. Y aunque hay profesionales que luchan por mantener la calidez —porque los hay, y merecen ser reconocidos— la corriente general es cada vez más fría, más distante, más técnica que humana.
 
Nos dicen que es la sobrecarga, que faltan manos, que los turnos son inhumanos. Y es cierto. Pero también lo es que hemos dejado de enseñar a cuidar mientras curamos. Que las universidades han producido generaciones de médicos que son expertos en diagnósticos, pero no siempre en empatía. Que se aprende más de humanidad en una conversación con una anciana ingresada que en cien seminarios de bioética. Pero a veces eso no entra en el programa.
 
Durante años, seleccionamos a los mejores expedientes. La flor y nata del aula. Y les dijimos que lo importante era curar, intervenir, acertar. Pero olvidamos recordarles que, a veces, una palabra amable, una escucha sin prisa o una mirada cómplice hacen más que el tratamiento más puntero.
 
Como canta Joaquín Sabina, con esa puntería de los que ya lo han vivido todo: “Y los mejores estudiantes se doctoren con honores en el arte de ignorar”. 
 
Porque ignorar el dolor que no se ve, el miedo que no se pronuncia, también es una forma de herida. Porque un hospital no puede convertirse en una fábrica de diagnósticos. Tiene que seguir siendo un refugio de cuidados.
 
Y el futuro ya se anuncia brillante: quirófanos inteligentes, resonancias de alta definición, robots que operan con precisión suiza. Pero… ¿quién consolará al niño que llora? ¿Quién sostendrá la mano del anciano que no tiene a nadie? ¿Quién sabrá traducir al lenguaje humano eso que la máquina no detecta?
 
Lo dijo el profesor Rozman, con esa claridad que no necesita bisturí:
 
“No se puede ser buen médico si no se es buena persona.”
 
Y no basta con decirlo. Hay que enseñarlo. En las universidades. En los hospitales. En las casas.
 
Porque esto no solo ocurre en la sanidad. Ocurre también en la escuela, en la calle, en nuestras propias familias.
 
Y ahora que termina el curso escolar, que celebramos los sobresalientes, las matrículas de honor, las notas impecables en el boletín… quizás haya que abrir otra libreta, una más importante: la de la educación emocional, la del respeto, la del saber escuchar. Ese curso que se llama «humanizarnos» y que deberíamos cursar en vacaciones, con nota de honor.
¿Seremos capaces?
 
Juan Santana, periodista y locutor de radio
 

LAS INSTALACIONES DEPORTIVAS MUNICIPALES DE LA UD TELDE, VERGÜENZA REGIONAL

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Las instalaciones deportivas del recién ascendido UD Telde, el Pablo Hernández Morales, han sido abandonadas por el gobierno de Juan Antonio Peña que en menos de dos años ha convertido estos equipamientos públicos, patrimonio de todos los teldenses, en un auténtico vertedero.

Cualquier vecino de Telde puede comprobarlo haciendo un recorrido por las instalaciones deportivas municipales de la UD Telde: equipamientos destrozados, materiales deteriorados, vallas rotas, suciedad, pintura borrada, espacios invadidos por malas hierbas, aparatos, falta absoluta de mantenimiento. Peña está destrozando estas instalaciones por la falta de mantenimiento y dejar en completo abandono un espacio deportivo muy demandados por los vecinos 

El deporte no es una prioridad para el alcalde de Telde, han bastado menos de dos años de gobierno para que estos espacios deportivos públicos estén en un estado lamentable. Peña ni mantiene las instalaciones ni las cuida. Los usuarios nos cuentan la inseguridad y el riesgo de accidentes y lesiones al que se exponen los jóvenes.

El alcalde tiene que escuchar y conocer las necesidades de los teldenses y Cristian Santana, concejal de Deportes, tiene que actuar invirtiendo en el debido mantenimiento. Pero no es así, porque el alcalde no está y al concejal le importa poco el deporte. Es necesario y urgente que se actúe en el mantenimiento de estas instalaciones deportivas municipales.

Esta es la imagen que dará para toda Canarias un equipo que la próxima temporada jugará en Tercera División.

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EL DESAFIO DE NUEVA CANARIAS: ROMPER EL TESTAMENTO DE ROMÁN

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Todo parece indicar que Román Rodríguez no seguirá al frente de Nueva Canarias. El Congreso que celebrará esta organización política a finales de este mes de Julio tendrá como principal titular que una nueva dirección tomará las riendas del partido. Nueva Canarias abandonará su carácter presidencialista y ajustará su funcionamiento a un organigrama y estructura de funcionamiento más colegiada, eso sí, con un secretario general, probablemente el tirajanero Luis Campos, al frente.

Hace unos días, los nacionalistas de NC, negaban la mayor y «descubrían» que CC es «un falso nacionalismo», apuntando directamente hacia ellos como «los verdaderos» nacionalistas y hasta «la izquierda canaria». Cuando menos, habría que decir que estas afirmaciones tienen mucho de autobombo y propaganda pero sobre todo de memoria frágil que podría tumbar el nuevo relato con suma facilidad. ¿Esta Nueva Canarias no es la misma que fue capaz de ir el alianza electoral con el PSOE en unas elecciones generales?¿No es la misma que apoyo varios presupuestos generales del Estado cuando gobernaba la banda criminal organizada del PP?¿No es la misma que calló y bajo la cabeza cuando los catalanes eran machacados en los colegios electorales por votar su referéndum?. ¿No es ya ésta NC la que quiso ocultar su definición de nacionalista por «Canaristas» para así sumar a oportunistas que ahora los dejan tirados?.

Definitivamente los Román Rodríguez,los Carmelo Ramírez y los Pedro Quevedo llevaron durante 20 años a esa organización que nació para ser otra cosa, a convertirse en el «juguete roto» que hoy es. Pactaron con todo y con todos, en Canarias y en la metrópoli, se sustentaron de un municipalismo que les daba los votos que, un día tuvo ideología, pero que con el tiempo se apoltronó y posicionó a personajes como Teodoro Sosa. 

Por mucha ponencia política de nuevo cuño que presenten, por mucha reunión que tengan ahora con la «izquierda plurinacional» que hasta hace bien poco despreciaban, Nueva Canarias está lejos de ganar reputación sino rompe el testamento que deja escrito Román Rodríguez. Seguir siendo un escudero del PSOE en Canarias no es futuro. Seguir practicando la práctica del «coche escoba» para conformar sus candidaturas locales sin crear organización en cada municipio o isla, no es futuro. Seguir siendo un nacionalismo que no quiere en verdad construir nación, es tan falso nacionalismo como CC. 

No se puede construir un BNG, una EH-Bildu o una ERC en Canarias si en verdad no saben hacia donde se quiere ir. No se puede hablar de izquierda canaria si se quiere en verdad seguir siendo una izquierda española con cachorro, como es hoy. Y no vale lo de la obediencia canaria cuando se comulga con todo lo que el PSOE hace y dice en Madrid. Dice Román que CC se ha derechizado, pero no mira la joroba de «Psoismo» que lo delata como el escudero más vergonzante.

Nueva Canarias está herida de muerte. Su únuca opción de supervivencia es que rompa ataduras con el PSOE y avance real y sinceramente en » su nacionalismo». Y para eso la nueva dirección deberá hacer añicos el testamento de Román y hacer que «sus últimas voluntades» se conviertan en pasado….o no habrá futuro. 

En el seno de la «nueva dirección» hay dos almas. Una anhela trabajar en la vía de explorar las posibilidades de una nueva UPC con ecologistas, soberanistas e independientes. La otra quiere tentar su suerte con los rescoldos de una izquierda española que agoniza por su tendencia hacia la constante atomización. Si no andan «finos» están condenados a morir y dejar sus «pedazos» en manos de cualquiera. Teodoro Sosa y «su comparsa» ya ha ofrecido sus votos a CC a cambio de dopaje en forma de dinero para ser «cabezas de león» en sus municipios. Pero eso pertenece a otro testamento, el de Antonio Morales, el gran muñidor de esta operación. 

Fuente: Hijosdecanarias.com

“DEL CONGRESO DEL PP AL CLUB DE LA COMEDIA”

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Lo ocurrido en el Congreso Nacional del Partido Popular con la actuación del humorista Abraham Gómez Rosales es el retrato perfecto de la política convertida en espectáculo. Un Congreso Nacional —que debería ser el escenario solemne donde se presenta el rumbo del partido, se debate sobre el presente y futuro del país, se rinde cuentas a la militancia y se exhibe liderazgo con altura— ha terminado siendo una velada de chistes con sabor a venganza política.
 
Y no, no es que el humor no tenga cabida en la política. Bien usado, puede ser una herramienta poderosa para hacer autocrítica, para conectar con la gente, para desdramatizar momentos complejos. Pero lo que vimos fue otra cosa: fue utilizar la figura del cómico como arma arrojadiza, para reforzar el “nosotros contra ellos”, para ridiculizar al adversario como si esto fuera una guerra cultural donde ya no se debaten ideas, sino se lanzan carcajadas programadas como granadas.
 
Aplaudir un monólogo donde se caricaturiza al PSOE —cuando el PP arrastra décadas de escándalos de corrupción, dedazos, enchufismos, viajes con cargo al Senado para ver a novias, y promesas electorales que duermen el sueño de los justos— no solo es una falta de respeto al electorado, sino una tomadura de pelo al propio partido.
 
¿Dónde quedó el debate ideológico? ¿Dónde están los programas serios, las propuestas para la vivienda, para el empleo, para Canarias, para la regeneración democrática?
Porque si uno va al Congreso del PP y lo más destacado es un monólogo como si estuviéramos en Paramount Comedy, algo está fallando. Y no es solo que se rían del PSOE. Eso es lo de menos. Lo grave es que se rían de la política.
 
Y lo aplaudan.
 
Ni una broma sobre la corrupción propia, ni un chistecito sobre Monago y sus viajes románticos pagados por el Senado, ni una mención irónica a Feijóo y su “no sabe, no contesta”. Ni una pizca de autocrítica. Todo fue un masaje interno, un “vamos a reírnos de ellos, que lo nuestro no se toca”.
 
¿Esto es lo que le ofrecen al votante moderado, al militante serio, al ciudadano desencantado que busca una alternativa de gobierno? ¿Un cómico para cerrar filas a base de carcajadas fáciles? ¿Una especie de terapia grupal con risas enlatadas?
 
Mal vamos si los congresos nacionales de los grandes partidos se parecen cada vez más a una gala de fin de curso que a una cita política de altura.
Y peor aún si lo que más se celebra es el ridículo del adversario y no la defensa de un proyecto político sólido.
 
El problema no es que el humor entre en la política. El problema es cuando el humor sustituye a la política. Y eso sí que da vergüenza.
Perdonen el texto extenso, pero necesito decirlo. Yo, que fui, que estuve ahí, que trabajé durante años en ese partido, que me dejé la piel, las horas, y a veces hasta a la familia en segundo plano por un proyecto político en el que creía, hoy siento una pena profunda.
 
Pena por lo que vi en ese Congreso Nacional del Partido Popular. Pena por ver cómo la política, la seriedad, el compromiso y hasta el respeto por los votantes se ha ido transformando en un espectáculo de chistes, burlas y aplausos huecos.
 
No sé en qué momento dejamos de hablar de propuestas para empezar a lanzar monólogos como si estuviéramos en un bar de copas. No sé cuándo se sustituyó el debate ideológico por la carcajada fácil. Y tampoco sé en qué rincón oscuro del partido quedaron los principios, los valores y la vocación de servicio.
 
Ver a cientos de personas, cargos públicos incluidos, aplaudiendo con entusiasmo un monólogo ridiculizando al adversario político, mientras los problemas reales del país ni se mencionan, me produce una tristeza que no puedo esconder.
 
Porque yo fui de los que creímos que el PP debía ser un partido serio, solvente, con vocación de gobierno, con respeto institucional y capacidad de autocrítica. Y lo que vi fue un congreso convertido en festival, una fiesta interna donde lo más celebrado fue un cómico atacando al PSOE como si eso bastara para convencer a un ciudadano harto de promesas incumplidas y corrupción compartida.
 
¿Y la regeneración? ¿Y la transparencia? ¿Y el respeto al votante que esperaba propuestas, soluciones y liderazgo real? No vi nada de eso. Solo carcajadas y un “todos a una” para reforzar el mensaje de que el enemigo está fuera, nunca dentro.
 
Pero quienes hemos estado dentro sabemos que los enemigos no siempre están en el otro partido. A veces están en el olvido de la autocrítica, en el abandono de los principios, en el cinismo disfrazado de humor.
 
Y por eso duele. Porque uno se dejó muchas cosas por el camino creyendo que valía la pena. Y ahora ve con tristeza cómo el proyecto se diluye entre aplausos y chistes malos, mientras el país sigue esperando respuestas.
 
Pido perdón por extenderme. Pero a quienes fuimos parte de ese partido, y todavía nos duele verlo así, no nos queda otra que hablar. Aunque sea largo. Aunque sea incómodo. Aunque no saque risas.
 
Juan Santana, periodista y locutor de radio

«DEL AMOR AÉREO AL COMITÉ DE GARANTÍAS: MONAGO, EL ELEGIDO DE FEIJÓO»

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El Partido Popular ha decidido que los derechos y las garantías deben estar en buenas manos. Y para ello, nada mejor que nombrar al ex presidente extremeño José Antonio Monago como presidente del Comité Nacional de Derechos y Garantías del PP. Porque si alguien sabe de garantías… son los senadores que facturan vuelos románticos como viajes oficiales.
 
Recordemos, para los más jóvenes o los que ya no se acuerdan de la España de plasma y sobres en B, que Monago fue protagonista de uno de los episodios más entrañables del amor político moderno: entre 2009 y 2010, cuando era senador, realizó entre 16 y 32 viajes desde la península a Canarias. Unos decían que era trabajo institucional, pero resultó que el cargo tenía otros compromisos más íntimos: visitaba con frecuencia a una mujer con la que mantenía una relación. Lo más bonito de todo es que, como buen romántico, los billetes los pagó… el Senado.
 
Monago, eso sí, lo negó. Dijo que los había pagado de su bolsillo. Pero, ay, las facturas… nunca aparecieron. Lo que sí apareció fue el uso de la tarjeta del Senado para vuelos propios y de su pareja. Y ahí empezó el verdadero drama: el amor no tiene precio, pero al parecer sí tiene justificación parlamentaria.
 
¿Y qué pasó? Pues nada, como en toda buena historia de amor y política: el Tribunal Supremo archivó la querella porque el Senado, ese templo de la transparencia, autorizaba ese tipo de viajes. Es decir, no había delito. Sólo cariño institucional.
 
Y ahora, años después, Feijóo ha decidido que un hombre con tanta experiencia en viajes, relaciones y justificaciones institucionales es el indicado para velar por la ética interna del partido. Porque si alguien sabe distinguir entre lo personal y lo profesional… ese es Monago.
 
En resumen: el PP le confía el control de los derechos y garantías a un señor que confundía la actividad parlamentaria con el “turismo emocional”. Un gesto que deja claro que en el PP creen en las segundas oportunidades. Y en las millas acumuladas.
 
Juan Santana, periodista y locutor de radio
 

«CONTRA EL DERECHO A LA VIVIENDA: DE DONDE VENIMOS»

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Actualmente en España se padece una de las mayores crisis habitacionales en décadas: el acceso a una residencia digna y asequible se ha convertido en un grave problema, los precios de compra y alquiler se disparan y la oferta de vivienda social es muy insuficiente. Y esta, es una situación que afecta gravemente a una parte significativa de la población ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

El principal antecedente se originó en torno a 1997, cuando se produjo en el país una frenética actividad constructora que duró hasta 2007, una enorme “burbuja Inmobiliaria” sin comparación por su magnitud, duración y las devastadoras consecuencias económicas y sociales que provocó. Pues en los años más intensivos del periodo se estima que el volumen de creación de inmuebles fue superior a los de Alemania, Francia e Italia juntas, y en todo el ciclo se llegaron a construir ¡más de 5 millones de viviendas! de las que solo una ínfima parte fueron de protección oficial. Tras el colapso, incluyendo las promociones a medio construir, quedaron más de tres millones de inmuebles deshabitados. Y, todavía hoy, según un informe del Banco de España de 2024, alrededor de 450.000 de esas viviendas continúan sin habitarse.

Este formidable movimiento especulativo fue incrementado por el extraordinario afloramiento de dinero negro que se produjo ante la llegada de la nueva moneda europea en 2002. Decenas de miles de millones de euros en pesetas no declaradas se blanquearon a través del sector inmobiliario. Pudo suponer la financiación de entre un 15% y un 25% del boom inmobiliario inicial (según el sindicato de los Técnicos del Ministerio de Hacienda).

El impacto financiero de la burbuja fue colosal. La entrada del euro trajo consigo tipos de interés históricamente bajos, lo que facilitó un endeudamiento de las familias y los promotores de niveles nunca vistos e imparable pues el Banco de España había perdido la capacidad de frenarlo aumentando los tipos de interés. El volumen total de transferencias de ingresos de los compradores al sector de la construcción y al bancario, fue inmenso. En las empresas promotoras y constructoras llevó a disparar su aportación al PIB hasta cerca del 18%. Y cuando se produjo el desplome en 2008, la deuda de los hogares con las entidades financieras superaba los 900.000 millones de euros.

Cuando se produjo el colapso cayó el sector de la construcción y arrastró a la quiebra a una parte importante del sistema financiero español, sumiendo al país en la recesión más profunda de su historia democrática. Y en la parte de la demanda, provocó la bancarrota a cientos de miles de familias que, al no poder afrontar los compromisos contraídos, terminaron perdiendo sus hogares y, además, al no aceptarse en su caso la dación de los inmuebles en pago, tuvieron que asumir enormes deudas.

Así mismo, para el Estado, el coste directo de “sanear” el desastre financiero y el rescate al sector bancario español, fue formidable. Las ayudas al sector, para recapitalizar los bancos y cajas de ahorros quebrados, y de crear el «banco malo”, para eliminar sus recursos inmobiliarios tóxicos, se cifran en más de 66.000 millones de euros. De ese montante -que las autoridades públicas del momento aseguraron que no iba a costar un euro a la ciudadanía- el Banco de España da por irrecuperables aproximadamente 53.000 millones de euros.

La burbuja inmobiliaria también produjo un entorno generalizado de corrupción política sistémica, especialmente a nivel municipal y autonómico, resultado de la recalificación de suelos y de la concesión de licencias irregulares a cambio de sobornos y comisiones de las empresas promotoras. De este modo, los pagos de las grandes constructoras se convirtieron en una de las principales vías de financiación ilegal de los partidos políticos en el poder. Además del latrocinio perpetrado, el legado de esta corrupción generalizada es un desarrollo urbanístico caótico e insostenible y una profunda desconfianza ciudadana hacia las instituciones y las clases dirigentes, que no han dejado de aumentar.

Tras el seísmo que provocó el estallido en 2008 de esa macro burbuja inmobiliaria en España los balances de las grandes constructoras y de la banca terminaron fortalecidos y la economía social, se hundió. Pues, con la connivencia de las instituciones públicas, durante la fase de euforia se habían privatizado beneficios astronómicos, y tras el derrumbe se “socializaron” las ingentes pérdidas entre la ciudadanía de a pie y las empresas constructoras y bancarias de menor tamaño.

Estando en esas censurables condiciones legales, económicas y sociales en nuestro país, llegó la “Gran Recesión”, la crisis económica global, desencadenada, así mismo, por el colapso del mercado inmobiliario en Estados Unidos -y de la ingeniería especulativa financiera construida en torno a él- lo que llevó a la crisis financiera internacional y una posterior recesión económica, también sin parangón.

Xavier Aparici, filósofo y experto en gobernanza y participación