RELATO CORTO: «DEL RIO A LA HUERTA PASANDO POR EL BOSQUE DE ALCORNOQUES» (POR JAVIER MARTÍ)

Comparte esto:

– Abuelo… ¿qué historia me vas a contar hoy? –preguntó la pequeña Crisalda a su abuelo Ambrosio.

– Es una historia que seguro te gustará –le dijo el abuelo a la pequeña. Caminemos por esta Alameda mientras te la cuento…

       Cuentan las leyendas del lugar que hace años, más de los que muchos puedan recordar, vivió un labrador llamado Olegario que era más bruto que un arao…

       Era uno de los hijos de Ambrosio y de Orosia, dos humildes campesinos que vivían a las afueras de un pueblo, en una masía que habían heredado de unos parientes lejanos.

       Ambrosio y Orosia tenían ocho hijos: Ambrosio, Olegario, Abel, Margarita, Azucena, Rosalía, Casilda y Benjamín.

       Olegario era el segundo de los hijos, un hombre duro de mollera, trabajador como el que más y algo tozudo.

       Siempre contradecía lo que le mandaban, pero al final lo hacía descargando su ira y su rabia en el trabajo, cavando los campos o recogiendo los frutos de los campos que cultivaba.

       Era de mediana estatura, curtida piel, manos grandes y de fácil palabra, esa que no sabía callar ni debajo del agua.

       Lo poco que aprendió en la escuela le sirvió para defenderse ante quienes pretendían burlarse de él.

       Era astuto, calculador y nada vengativo. Lo que veía mal lo decía sin cortarse ni un pelo.

       Sus metas no eran otras que ver contentos a sus Padres por su trabajo, aunque a veces se despistara en la taberna del pueblo tomando unos vinos que lo transformaban en un hombre alegre, pero nada agresivo.

       Siempre estaba dispuesto para ayudar a quien lo necesitara, bien fuera en su casa como en la del vecino y no esperaba recompensa alguna pues nunca pedía nada.

       Tanto labraba el campo como cuidaba de los cochinos en el bosque de alcornoques que había entre las huertas y el río.

       Una mañana, con el alba, Olegario marchó al río a pescar desobedeciendo a su Padre que le mandaba al pueblo a recoger unos sacos de pienso para los animales de la granja…

 

– Que vayan al pueblo mis hermanos –dijo con voz de mando. Siempre voy yo y ellos no hacen nada…

– Tus hermanos van a la escuela –replicó Ambrosio. Ellos hacen lo que tú, desde niño, no quisiste hacer… estudiar.

– Para qué quiero estudiar si con eso no se labran los campos, no se crían los animales –respondió Olegario…

– Algún día tal vez lamentarás no haber estudiado –dijo Orosia mientras acompañaba a sus pequeños hijos a la escuela.

– Algún día lamentarán todos ellos no tener comida en sus mesas de tanto estudiar –replicó Olegario. Sin trabajo no hay comida.

– Yo estudio para ser maestra, como lo es Doña Pura –dijo Rosalía, una de sus hermanas…

– Yo, por lo menos pesco para que tengáis peces para comer, cultivo los campos y atiendo los cochinos –replicó Olegario… es lo que me gusta y así soy feliz.

– Dejadlo, no se puede hacer otra cosa por él –dijo Don Aniceto, el Cura del pueblo que pasaba camino de la Ermita y al escuchar las voces se acercó a la Masía.

– Ve usted lo tozudo que es Olegario –alegó Orosia arrodillándose ante el Cura y besando su santa mano.

– Solo Dios sabe el camino que cada uno debe tomar –respondió Don Aniceto que, haciendo la señal de la cruz, bendecía a los allí presentes.

 

       Olegario siguió su camino hasta llegar al río, a su lugar preferido, desde donde lanzó el sedal de su caña de bambú y esperó que los peces picaran el suculento cebo que, enganchado a su afilado anzuelo, les había preparado con migas de pan, aceite y atún.

       Horas pasó sentado mirando como la boya se hundía ante sus ojos y los peces mordían el manjar que portaba su anzuelo hasta que notó que el sedal se deslizaba rápidamente por el carrete y tirando bruscamente de él consiguió sacar una trucha de más de dos kilos.

       Animado por lo que había pescado, siguió lanzando su sedal hasta conseguir tantos peces que darían de cenar a toda la familia por varios días.

       Entrada la tarde y viendo que la pesca había sido agradecida decidió regresar a la Masía para enseñar lo capturado que para él era más importante que lo que sus hermanos habían estudiado.

       Pasando por el bosque de alcornoques y cansado por el agotador día, dejó su cesta y su caña a los pies de un viejo alcornoque. Extendió su manta bajo el árbol y se dispuso a descansar un rato, no sin antes contemplar aquellas verdes matas de calabazas que veía a escasos metros…

       Recostado sobre el alcornoque contempló aquellas grandes calabazas que, nacidas de unas frágiles plantas, crecían en el suelo y pensó para sí…

       Dios no hace las cosas bien… De una planta tan frágil nacen grandes frutos y… de un gran árbol como es el alcornoque, nacen pequeños frutos que sólo sirven para alimento de los cochinos…

       Pensando en lo que veía, se desprendió del árbol una madura bellota que fue a dar en uno de sus ojos dejándoselo enrojecido y dolorido…

       De un salto se levantó diciendo para sí…    

       ¡Par diez con la bellota…! Si llega a ser una calabaza… ¡la cabeza me explota!

       Dolorido y con el ojo enrojecido regresó a la Masía portando su cesto lleno de peces para la cena de toda la familia…

– ¿Que te ha pasado en el ojo? –preguntaron los hermanos riéndose al verlo llegar… ¿Te ha picado una avispa?

– ¡Hay que ver como sois! –exclamó Orosia al ver el ojo hincado de su hijo. Una avispa no puede ser porque no es época, seguro que habrá sido con alguna hierba del camino que volando le ha entrado en el ojo.

– Ni hierbas voladoras… ni avispas… –dijo Olegario enfadado. Una maldita bellota que del árbol ha caído dando de lleno en lugar equivocado…

– Pues el ojo bien enrojecido lo ha dejado –replicó Casilda, la pequeña de las hermanas, con la que mejores migas hacía Olegario. ¿Quieres que te lo cure?

– De ti me fio hermanita –dijo Olegario mirando a sus hermanos pequeños que reían sin parar.

– ¿De mí no te fías? –preguntó Azucena. Si soy buena en las artes de la botica, como dice Don Aspirno, el Boticario del pueblo…

– Se nota que ese matasanos no sabe quién eres tú –replicó Olegario… Si te viera cuando Madre mata una gallina y te pide ayuda, seguro cambiaría de opinión…

– Yo ayudo a Madre en lo que me pide… –respondió Azucena con aires de enfado…

– Si… sí… Si sales corriendo y gritando –dijeron los otros hermanos… No hay más que verte… jeje…

– Déjense de chácharas y vayamos a cenar que el pescado ya está cocinado y frío no vale ná –dijo Margarita. Pasen a lavarse las manos y a la mesa…

 

       Como cada noche, después de la cena, la familia se reunía en el salón y comentaban lo sucedido en el día ante el calor del fuego de la chimenea antes de irse a la cama a reponer fuerzas.    

       Ambrosio comentó en voz alta que Venancio, el Tabernero, le había pedido un favor: si uno de sus hijos podría ayudarle en la taberna mientras su mujer estuviera en la Casa de Salud dando a luz al nuevo hijo que esperaban…

       Todos se miraron y comentaron quien sería el mejor para ese trabajo…

       Abel era el indicado: Sabía desenvolverse bien ante la gente, era educado y servicial y conocía las medidas de las bebidas que tenía que servir. Sabía cocinar y sus guisos eran exquisitos.

 

– ¿Cuánto le va a pagar? –preguntó Olegario con cierta picardía…

– Eso es lo de menos –dijo Orosia. Lo importante es que Venancio atienda a su mujer y regresen con el nuevo bebé que nacerá en unos días.

– Pero… ¿Cuánto le van a pagar? –preguntó nuevamente Olegario…

– Mira que eres pesadito… –dijo Margarita. A saber, por qué lo preguntas…

– Lo digo porque si paga bien… igual voy yo –respondió Olegario frotándose las manos…

– Tú ya tienes trabajo –dijo Azucena. Lo elegiste tú sin que nadie te lo impusiera y… por cierto, lo haces muy bien, no hay más que ver los resultados…

– Pero me pagan poco y yo quiero ganar más –replicó Olegario.

– Estudia, prepárate como lo hacen tus hermanos pequeños y seguro que tendrás más y mejores opciones en la vida –le dijo su Padre.

– Y… si yo estudio… ¿Quién se encargará de los cochinos, de los huertos y de los frutales? –preguntó mirando a su Padre que asombrado lo miraba…

– Pondremos un jornalero para ese menester –dijo Orosia. Tú, por eso no debes preocuparte.

– Prefiero seguir en lo que hago –dijo Olegario. Por lo menos sé que nadie nos estafará ni nos robará.

– Bien dicho hermano –dijeron todos. Se nota que sabes lo que haces y que no dejarás a nuestros Padres sin tu ayuda. Te honra esa decisión.

 

       El tiempo pasa para todos y… después de unos años, más de tres décadas, la familia ya no es lo que era…

       La mayoría de hermanos ya no están en la Masía.

       Ambrosio falleció tras una inesperada enfermedad… Orosia, su viuda, se encargaba de la Masía cuidando de los nietos que, año tras año iban llegando a este mundo…

       Azucena y Rosalía vieron cumplidos sus sueños y ya ejercían en sus trabajos: Azucena era boticaria y trabajaba en la prestigiosa Botica del Condado. Rosalía, por su parte, ejercía de maestra en la escuela del pueblo.

       Abel consiguió de Venancio buen empleo en la Taberna del pueblo y animado por éste cursó estudios de cocina convirtiéndose en un cocinero de fama.

       Margarita, la mayor de las hermanas terminó sus estudios quedando en la Masía al cuidado de sus Padres.

       Casilda estudió para ser institutriz y consiguió una plaza en un prestigioso internado del Condado. Visitaba a su familia en las fiestas Navideñas y algunas semanas de las vacaciones estivales.

       Benjamín fue llamado a filas, se enroló en La Marina y llegó a ser Teniente de Navío.

       Ambrosio estudió medicina y veterinaria y alterna entre su consulta de veterinario en el Condado y un consultorio médico en el pueblo. Sigue viviendo en la Masía.

       Olegario sigue trabajando las tierras que su difunto padre le dejó en herencia y atiende a sus cochinos como en antaño ya lo hacía.

       Una mañana, a eso de las siete, recibieron la inesperada visita de Don Toribio, el Alguacil del pueblo.

       Una visita a la que estaban acostumbrados a recibir, pues era normal que el Alguacil visitara una vez al mes las Masías que había alrededor del pueblo, pero… esa hora no era la habitual…

 

– ¿Qué le trae a esta temprana hora? –preguntó Orosia al Alguacil.

– Vengo a avisarles de que hay unos forasteros rondando el pueblo y no son trigo limpio –dijo Toribio. El Alcalde ha emitido un bando avisando a todos los vecinos del pueblo y… como ustedes viven a las afueras, me toca pasar a informarles.

– No se preocupe que como aparezcan por aquí se los mando enjaulaos con los cochinos –comentó Olegario alzando el bastón.

– Ya ve señor Alguacil –dijo Orosia, mi hijo está dispuesto a ayudar y sin cobrar un duro…

– ¡Epaa!  ¡Quieta pará!   ¿Quién dice que yo lo hago gratis? –exclamó Olegario. Por lo menos que me paguen unas rondas en la taberna…

– Todo se andará –dijo el Alguacil. Tú ten los ojos bien abiertos y controla el ganado, no sea que…

– Vaya tranquilo, que si aparecen por aquí tendrán un recibimiento que jamás olvidarán –le contestó Olegario al Alguacil.

– Ya veo que sigues tan bruto como siempre –dijo Toribio. No te pases no sea que sean ellos quienes te denuncien….

– Eso si es que pueden hablar… porque del piñazo en los morros que les dé, ni mu podrán decir –contestó Olegario. Boca que abran… mamporro que se llevan…

– ¡Miren quién viene por el camino! –exclamó Ambrosio agitando el pañuelo. Si es el señor Alcalde, Don Prudencio y no viene solo…

– Le acompaña su hija Crisalda, una moza casadera –dijo Toribio, seguro que van de paseo a la Ermita a preparar lo necesario para la fiesta del Santo Patrón…

– Pues… a mí que no me mire, que aún no me he duchao –exclamó Olegario mirando a su hermano Ambrosio que, de reojo, miraba a la joven muchacha.

– No creo que tenga tan mal gusto para fijarse en ti –le dijo Ambrosio riendo… ¿Te has visto la pinta que tienes? ¡Por Dios!

– De más feos y desarreglaos se han casao con mozas como esa –dijo Olegario. Igual se fija en mí…

– ¡Haya paz entre hermanos! –dijo Orosia viendo a los dos pollos cacareando en el corral. Lo que tenga que ser… será.

 

       Don Prudencio, al ver que los habitantes de la Masía le saludaban, no dudó en entrar a saludar.

       Su hija le acompañó portando en sus manos unas flores silvestres que había recogido en el camino y que entregó a Orosia.

       Mientras llegaban hasta donde estaban los hijos de Orosia, éstos se afanaban en asearse lo más que podían para tener buena presencia.

       Sabiendo Olegario que su hermano estaba coladito por la joven, no dudo en ponerse delante de éste con la intención de chincharle, cosa que consiguió.

       La joven Crisalda observó a los dos hermanos y viendo que Ambrosio se ocultaba tras su hermano Olegario le dijo:

 

– ¿Tan fea soy que te ocultas tras tu hermano para no verme?

– ¡Qué va! –exclamó Ambrosio. Es mi hermano que se ha puesto donde no debe, en medio de…

– Hermano… ¡lo tuyo es grave, muy grave! –exclamó Olegario. Mira que ponerte detrás de mí para no ver a esta hermosura de mujer. Porque soy feo… que si no…

– No eres feo Olegario –dijo Crisalda. Algún día encontrarás a la mujer que te hará feliz, estoy segura.

– Y esas flores tan bonitas que traes ¿son para Ambrosio? –preguntó Olegario con picardía…

– ¡No! –exclamó Crisalda. Son para tu Madre que las merece más que otros… La he recogido por el camino.

– Pónselas al Santo Patrón –dijo Orosia. Seguro que lucirán bajo sus pies.

– El Santo Patrón sabe que mis oraciones le agradan más que unas hermosas flores –le dijo Crisalda a Orosia. Son para usted.

– Ya veo que esta visita ha servido para cortar el hielo entre estos jóvenes que seguro tendrán muchas cosas que decirse –dijo Don Prudencio viendo a su hija cómo miraba a Ambrosio…

– Yo les dejo, tengo trabajo en las huertas –comentó Olegario saludando a los presentes con una leve inclinación de cabeza. Mis animales no entienden de galanterías y ya escucho que me llaman…

– Tú siempre tan brusco y cortante –dijo Toribio. ¡Anda, ve, no sea que se te escapen y se coman las fresas!

– ¡Bellotas… bellotas es lo que comen! –replicó Olegario. Es lo que más les gusta.

– Sí sí… como esa que te dio en too el ojo –dijo Ambrosio riéndose al señalar con su dedo el ojo de Olegario…

– Mejor me marcho, no sea que a alguien le caiga una calabaza en la cabeza y… –respondió Olegario con cara de pocos amigos.

 

       De camino a las huertas, observó cómo unos desconocidos recogían las fresas de uno de sus huertos.

       Recordando lo que el Alguacil le había dicho, indicó a sus dos sabuesos que cercaran a los intrusos mientras él preparaba unas sogas para apresarlos.

       Lanx y Janx se acercaron sigilosos hasta los intrusos cubriendo las salidas que éstos pudieran tomar en cuanto Olegario les llamara la atención.

       Dicho y hecho, siendo descubiertos por Olegario que les llamaba la atención, los intrusos dejaron lo que habían cogido y saliendo precipitadamente hacia el camino fueron sorprendidos por Janx que, gruñendo y abriendo la boca les enseñaba lo afilados que estaban sus dientes…

       Lanx les cerraba el paso por el lado contrario mostrando la misma actitud agresiva que Janx…

       Viéndose acorralados y sin escapatoria no dudaron en rendirse alzando las manos y esperando a que Olegario llegara hasta ellos.

       No opusieron resistencia alguna. Fueron atados y conducidos al bosque de alcornoques donde Olegario los ató bajo el viejo Alcornoque del que días antes le cayera una bellota en el ojo.

       Janx y Lanx los vigilaban mientras Olegario corría a avisar al Alguacil.

       Los intrusos fueron detenidos y llevados a los calabozos a la espera de recibir el merecido castigo que les correspondía.

       La valentía demostrada por Olegario al apresar a los intrusos con la sola ayuda de sus sabuesos le valió el reconocimiento de todos los habitantes del pueblo y de las Masías cercanas recibiendo, de manos del Alcalde, una recompensa que no imaginaba.

       Las gentes del pueblo pidieron a Don Prudencio que el valor de Olegario no quedara en una simple recompensa y, por unanimidad aprobaron que una de las alamedas del pueblo llevara su nombre. Así se dijo y así se hizo.

 

– ¿Por eso esta Alameda es tan transitada? –preguntó la pequeña Crisalda a su Abuelo Ambrosio…

– ¡Así es! –exclamó el viejo Ambrosio con lágrimas en los ojos. Tu tío abuelo Olegario fue un gran hombre, valiente, tozudo y terco, pero un hombre con un gran corazón.

– Y… ¿Qué fue de él? –preguntó nuevamente Crisalda…

– Esa es otra historia que algún día te contaré –respondió Ambrosio.

– Seguro que es muy interesante… –dijo la pequeña Crisalda.

– Lo es… lo es… –respondió Ambrosio visiblemente emocionado mirando al cielo.

                                                           FIN.

Javier Martí, escritor valenciano afincado en Telde y colaborador de ONDAGUANCHE

 

RELATO CORTO: «EL ATRACO AL FURGÓN DEL CONVENTO» (POR JAVIER MARTÍ)

Comparte esto:

– Padre Prior, las cuentas no me salen –dijo fray Irving.

– Siempre estamos con lo mismo –comentó Monseñor Abiel. De qué se trata esta vez…

– He revisado las cuentas tres veces y me falta mercancía que debería haber llegado y no aparece –dijo fray Irving golpeando el lapicero sobre la mesa.

– Tranquilícese y repasemos juntos esas cuentas –comentó el Prior a fray Irving que cada vez estaba más nervioso. Seguro que entre los dos resolveremos el problema.

– No hay ningún problema, lo que no tenemos es la mercancía que Gelasio debía traernos puntualmente –dijo fray Irving. Este mendrugo cada día está más torpe… No se entera de nada…

– Seguramente lo traerá en su próximo viaje… –comentó fray Beltrán. El carro es pequeño para toda la mercancía que trae diariamente.

– Eso será… –dijo el Prior. Confiemos en que no tarde en traerlo. El día está a punto de terminar y debemos tenerlo todo en el convento antes de la noche.

– Mucho confía vuestra paternidad en que eso sea así –comentó fray Irving. Yo no lo tengo tan claro…

(Se escuchaba el relinchar de unos caballos aproximarse velozmente al Convento atravesando el bosque que separaba el Convento del pueblo…)

-Vayan a ver si es Gelasio que nos trae lo que falta y ayúdenle a descargar el carro –comentó el Prior. Seguro que necesitará ayuda.

       Para sorpresa de los frailes el carruaje llegó solo… Gelasio no estaba al mando de las riendas…

– Qué raro que Gelasio no esté en el carruaje –comentó fray Eulipo.

– Seguro que se ha caído y vendrá andando –dijo fray Martín. No es la primera vez que le ocurre…

       Por los campos se divisaba la silueta de un jinete que cabalgaba con rapidez bordeando el camino del bosque…

– ¿No es ese el Alguacil? –preguntó fray Beltrán, señalando al jinete que llegaba a la puerta del Convento…

– Sí lo es… –dijo Eulipo. Es Cólton y por lo que veo viene muy acalorado…

– ¡No toquen el carro…! ¡No abran el portón! –gritaba Cólton. No hasta que yo llegue…

– ¿Qué habrá pasado? –se preguntaban todos…

– Será mejor que nos lo cuente Cólton –dijo fray Martín. Por algo lo dirá…

– Tengo un mal presentimiento –comentó fray Irving. El corazón me dice que algo malo le ha pasado a Gelasio y…

– No piense eso fray Irving –dijo fray Beltrán. Seguro que será otro el motivo por el cuál Cólton no quiere que abramos el carruaje…

       Llegando a la puerta del Convento, Cólton saltó bruscamente del caballo y corrió hasta el carruaje deteniéndose ante el portón…

       Sus ojos estaban sobresaltados y su respiración era muy agitada, casi ni podía respirar…

– Denle un poco de agua para que se refresque –dijo el Prior, que llegaba en ese momento al carruaje, alarmado por los gritos de Cólton…

– Será mejor que nadie se acerque hasta que yo lo diga –exclamó Cólton alargando la mano en señal de prohibir a los frailes que vieran el interior del carruaje…

– No nos asuste más de lo que ya estamos –dijo Abiel. Abra de una vez el portón y veamos lo que hay en su interior…

– Lo que me temía… ¡no está…! –exclamó Cólton…

– ¿Quién no está? –preguntaron los frailes…

– Quién va a ser… –dijo Cólton. Gelasio no está en el carruaje ni tampoco la mercancía que Macario, el tendero, ha puesto en el carruaje hace unas horas en el pueblo.

– ¡Vaya por Dios! –exclamaron los frailes…

– ¿Qué le habrá pasado al pobre Gelasio? –preguntó fray Martín llevándose las manos a la cabeza…

– Me temo que lo han asaltado a mitad camino –dijo Cólton. He visto la mercancía tirada en el camino, a unas pocas millas de aquí, junto a la Fuente del Olmo y Gelasio no estaba…

– ¡Malditos bandidos! –exclamó fray Eulipo signándose y mirando al cielo. Dios me perdone por lo que he dicho, pero es lo que siento.

– Ve su paternidad como yo tenía razón –dijo fray Irving. Algo me decía el corazón que a Gelasio le había pasado y… ¡ya ve! Tenía razón.

– Será mejor que regrese al pueblo y mande un telegrama al Jefe de Policía del Condado comunicándole lo sucedido para que mande una cuadrilla en busca de Gelasio –comentó Cólton al Prior.

– Es lo más conveniente en estos momentos –dijo el Prior. Nosotros saldremos a buscarlo por si estuviera cerca del Convento.

– Si lo ven… avísenme –exclamó Cólton.

– Vaya tranquilo que así lo haremos –dijo fray Irving al alguacil.

       Mientras Cólton regresaba galopando al pueblo, los frailes salían en busca de Gelasio por los dos caminos que del Convento llegaban al pueblo y a la Ermita de San Indalecio, el Santo Patrono del Pueblo.

       Miraban detenidamente entre la maleza que se alzaba a lo largo del camino, en las huertas cercanas, en las casas de labranza y en los estanques. Todo era revisado palmo a palmo sin encontrar al pobre Gelasio.

       La tarde caía y la búsqueda se hacía imposible por la falta de luz. Los candiles no alumbraban lo suficiente como para poder distinguir a nadie que se encontrasen en su camino.

       Al cabo de dos horas de infructuosa búsqueda los frailes regresaron al Convento cabizbajos y resentidos al no encontrar a Gelasio en su recorrido.

       Como era de precepto, el Prior convocó a los frailes a una vigila para rezar por Gelasio, para que apareciera sano y salvo cuanto antes.

       Cada hora, uno de los frailes montaba guardia en la puerta del Convento por si aparecía Gelasio por él mismo, pero pasadas las horas y ya casi amaneciendo Gelasio no aparecía, ni tampoco el alguacil. Todos temían lo peor…

       A eso de las diez de la mañana, mientras fray Rafael, el hermano portero barría y ordenaba la capilla del Convento escuchó unos gemidos que venían del otro lado del muro…

       Alarmado por los gemidos y temiendo que fuera algún animal mal herido, llamó a fray Abnert, el hermano encargado de los corrales para que le acompañara por si necesitara de su ayuda.

       Cuál fue la sorpresa de los frailes al ver que aquellos gemidos no eran de ningún animal mal herido, sino del pobre Gelasio que había llegado arrastrándose por el suelo en la fría noche.

       Varios repiques de campana daban el aviso para que toda la Comunidad acudiera a la portería de inmediato. Algo grave sucedía que requería la presencia de todos los frailes…

       Gelasio estaba mal herido: Golpes en la cara, en la espalda y una pierna rota era su lamentable estado…

– ¡Por Dios! –exclamó fray Rafael… ¡Qué le han hecho para dejarlo en ese estado!

– Ya ve fray Rafael… No han tenido piedad alguna… –dijo Gelasio agarrándose con fuerza a los brazos del fraile. ¡Casi me matan los muy salvajes!

– No entiendo por qué le han atracado –comentó fray Abnert. Si usted no suele llevar grandes cantidades de dinero en sus alforjas.

– Eso dígaselo a los atracadores –respondió Gelasio. Me atacaron sin piedad destrozando todas las cajas en busca de dinero…

– ¿Cuántos eran? –preguntó fray Eulipo con cierta intriga.

– ¡Qué importa eso ahora! –exclamó Irving. Lo que importa es curarle las heridas y atabillarle esa pierna para que se cure y no quede cojo.

– Lo mejor será llevarlo a la enfermería –dijo el Prior. Allí descansará bajo los cuidados de fray Martín hasta que pueda regresar a su casa.

       Mientras Gelasio era llevado a la enfermería del Convento, fray Abnert iba al pueblo a comunicar al Alguacil el hallazgo del cochero.

       De camino se topó con unos bandidos que, al verlo, intentaron asaltarlo sin conseguirlo. Fray Abnert sacó de su alforja un pequeño espejo y aprovechando los rayos del potente sol del mediodía los deslumbró dejándolos sin vista por unos instantes, los suficientes para que el fraile corriera hasta llegar al pueblo y avisara a Cólton de lo ocurrido.

       Una cuadrilla de jinetes provistos de cuerdas y un carro salieron en busca de los bandidos. Los apresaron y metidos en el carro los llevaron al pueblo. Quedaron encerrados en los calabozos hasta que fueron juzgados.

       Cólton fue al Convento para tomar declaración a Gelasio no sin antes ayudar a fray Abnert a recoger las cajas que los bandidos habían desperdigado por el camino.

       Pasadas unas semanas y ya recuperado Gelasio de sus dolencias, volvió a su trabajo llevando, como ayudante, al joven Fermín, hijo de Macario el Tendero que, por orden de Cólton lo había nombrado su ayudante.

       Gelasio llevaba un nuevo carro, o eso pensaron los frailes al verlo llegar al Convento. Estaba reforzado por todos los lados con láminas de hierro y sobre el techo sobresalía una pequeña cabina donde un tirador podía protegerse para no ser visto por los bandidos y cuatreros que osaran asaltarla. Su color era marrón oscuro, y sus ruedas portaban pinchos para que los caballos no se acercaran.

– Veo que su nuevo carro está muy bien protegido –dijo fray Irving a Gelasio, a su llegada al Convento…

– ¡Nuevo carro! –exclamó Gelasio. Si es el mismo, pero con algunos retoques y nueva pintura… ¡Nuevo carro! ¡Qué más quisiera yo!

– Pues ha quedado muy bien arreglado –dijo el Prior. Esos pinchos en las ruedas son de gran acierto, evitará que nadie se le acerque…

– Y el color… muy acertado –comentó fray Irving.

– En eso sí que le doy la razón –dijo Gelasio. El cambio ha sido tan fuerte que yo mismo no lo reconocí.

– Pintado de amarillo llamaba mucho la atención –comentó fray Abnert. Se divisaba a varias millas de distancia, ahora está mejor.

– Si hubiera estado pintado de otro color y no de amarillo… –dijo Gelasio riendo… los malhechores no hubieran pensado que portaba dinerillo…

                                                    FIN.

Javier Martí, escritor valenciano afincado en Telde y colaborador de ONDAGUANCHE

 

LIBERACIÓN CANARIA DENUNCIA LA VULNERACIÓN DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA EN LA DECLARACIÓN DEL PARQUE NACIONAL MARINO DE EL HIERRO

Comparte esto:

La Ejecutiva Nacional de Liberación Canaria, a través de su portavoz Ricardo González Roca, denuncia la vulneración del Estatuto de Autonomía en la creación del Parque Nacional marino de El Hierro, y la desidia o ignorancia del Gobierno de Canarias.

Además:

El artículo 154.2 del Estatuto Político de Canarias, dispone que la declaración y delimitación de los Parques Nacionales en Canarias requiere informe preceptivo de la Comisión Bilateral Canarias-Estado. No consta que se haya emitido dicho informe, mientras que ya el Estado ha delimitado la extensión del primer parque nacional marino, según aparece en la prensa, sin que el Gobierno de Canarias se haya enterado de nada.

Por otra parte, dicho precepto también establece que la gestión de los Parques Nacionales en nuestro territorio pertenece al Gobierno de Canarias, pero los distintos informes emitidos por el Estado se arrogan esa gestión, despreciando lo dispuesto en nuestro Estatuto.

Hay que recordar que el nuevo Estatuto Político de Canarias, aprobado en 2018, establece en su artículo 4, que el ámbito espacial de Canarias comprende el archipiélago canario, integrado por el mar, las siete islas con administración propia, La Graciosa y los cinco islotes, y que el ejercicio de las competencias estatales o autonómicas sobre las aguas canarias y, en su caso, sobre los restantes espacios marítimos que rodean a Canarias sobre los que el Estado español ejerza soberanía o jurisdicción, se realizará teniendo en cuenta la distribución material de competencias establecidas constitucional y estatutariamente tanto para dichos espacios como para los terrestres.

Por tanto, salvo que el Estatuto Político de Canarias diga otra cosa, que en este caso no lo dice, las competencias se ejercen tanto en tierra como en mar.

Como el artículo 154 no distingue, la gestión de todo parque nacional, sea terrestre o marino, corresponde a Canarias.

Liberación Canaria lamenta que el Gobierno de Canarias ni se entere de que se nos estén birlando competencias, pareciera que solo está interesado en hacer bloque con el PP y Vox contra el PSOE, mientras hace dejación de la defensa de los intereses nacionales de Canarias, que no sabe defender o no quiere hacerlo, lo que explicaría nuestro fracaso como sociedad.

Además de la controversia suscitada con la población herreña respecto de la decisión del Ejecutivo del Estado Español que, en plena negociación de las condiciones, aprobó el pasado martes en el Consejo de ministros la propuesta sin haber llegado a un acuerdo sobre los detalles con las instituciones y sectores afectados de la Isla para el primer parque nacional marino que no convence a los vecinos de la isla pues se plantean «restricciones» que, tal y como presenta el Estado, podría limitar los usos y costumbres que forman parte de la idiosincrasia herreña.

LAS EMPRESAS DEL SECTOR AGRÍCOLA NO SE TOMAN EN SERIO LA NEGOCIACIÓN DEL CONVENIO COLECTIVO REGIONAL DE CAMPO

Comparte esto:

Esto era de esperar, las empresas del sector agrícola no apuestan por la renovación del Convenio Regional de Campo, por tanto, de nada ha servido la colaboración del Gobierno a primeros de este año 2024 de sentar a las partes, para que se llevará a cabo dicha actualización.

A una constitución de la comisión negociadora que alberga dudas sobre su legitimidad, pues se ha constituido cuando no se han renovado (en la a mayoría de las empresas), la representación a través de nuevas convocatorias de procesos electorales.

Ahora y según manifiestan los sindicatos UGT, CC.OO y SITCA, después de cinco reuniones de la comisión negociadora con escasos avances en las conversaciones, las partes acordaron celebrar la próxima reunión el día 26 de Julio en la sede de FedEx en Las Palmas de Gran Canaria. (sede que de todos es conocido que la gran parte de las instalaciones de dicha Federación están cerradas).

Los sindicatos anteriormente reseñados, critican lo que ellos mismos reconocen como falta de respeto de las empresas del sector, por no asistir a la reunión que habían establecido (según manifiestan sería la sexta), en este sentido debo de manifestar que los trabajadores y trabajadoras del sector agrícola no tienen ninguna información de lo acontecido en las cinco reuniones anteriores (algo que no es de extrañar, pues estos sindicatos entiéndase UGT, CC.OO y SITCA, ni siquiera les han entregado a los trabajadores la propuesta de negociación que iban a llevar a cabo), por tanto el silencio, la omisión de información de como transcurre la negociación, hace pensar que la llevan en secreto.

Pero de repente y ante la no presentación de las empresas del sector a seguir negociando el Convenio Colectivo, estos sindicatos ahora se acuerdan de los trabajadores del sector agrícola a los que han tenido abandonados durante bastante tiempo a su suerte, haciendo posible con esta dejación la pérdida de poder adquisitivo en sus salarios y si me lo permiten yo considero esto como una verdadera falta de respeto hacia aquellos hombres y mujeres que se levantan todos los días a las 06,00 de la mañana para sacar adelante a sus familias con un salario que de no ser por el propio Gobierno de España, que ha subido el Salario Mínimo Interprofesional, estarían bajo los umbrales de pobreza.

Ahora hablan de movilizaciones de los trabajadores a los cuales han abandonado y solo se acuerdan de ellos cuando las cosas van mal (aquí es cuando Pilatos se lava las manos), pues al ver que la respuesta de los trabajadores no será como ellos prevén, dirán que si están así es porque no se movilizan.

Estos sindicatos que creyeron que las empresas del sector iban a negociar el convenio colectivo, no se dan cuenta que son las mismas empresas que dejaron que dicho convenio quedará sin negociarse durante bastante tiempo, el ponerse estos Sindicatos

U.G.T. CC.OO y SITCA, de parte de las empresas firmando los planes de igualdad, para como según ellos manifestaban las empresas pudieran tener subvenciones no les ha servido de nada.

Más de 20 años de negociación de un Convenio Colectivo Regional de Campo, que nació con el compromiso inequívoco de sacar a los trabajadores del sector del Salario Mínimo Interprofesional, no han servido para nada ahora tendrán que justificar estos sindicatos su ineficacia, como lo harán pues de la única manera que saben, culpar a los trabajadores, si no se movilizan es lo que siempre han hecho.

El acto más valiente sigue siendo pensar por ti mismo. En voz alta.

Gracias a la libertad de expresión hoy es posible decir que un sindicalista es un inútil sin que nos pase nada. Al sindicalista tampoco.

Alejandro Jesús Olivares Cabrera. PRESIDENTE DE SINTRA

«LA IMPORTANCIA DE LOS PROCEDIMIENTOS»

Comparte esto:

Nos levantamos en estos días, con una situación surrealista en el país hermano para todos los canarios y canarias, Venezuela.  No voy a entrar por supuesto en valoraciones del actual gobierno, un país rico en petróleo, pero desgraciadamente con tristes cifras de emigración ante las necesidades extremas que se pasan.

Tampoco voy a valorar quien ha ganado las elecciones, que en todo caso debe ser un fiel reflejo de la voluntad popular.

Lo que, si creo que es necesario analizar, es porque la transparencia exigible en cualquier elección en un país democrático, y Venezuela que tenga constancia teóricamente hasta hoy lo es, parece costarle mostrar las actas electorales, que ratifiquen dicho resultado de triunfo del actual gobierno y presidente Maduro, ante la duda, no solo nacional, sino internacional, acerca de ellos. (en un mundo globalizado, con apoyo de Rusia, China, Cuba, Irak y poco más, el estar aislado nunca es bueno para la mayoría de la ciudadanía, con una moneda hiperdevaluada, que tienes que llevar fajos de miles de bolívares para comprar lo más básico)

Es tan sencillo como publicarlas, en vez de ver al ejército con gases y batidas en las calles.

Haciendo una comparativa con España, que diferente por suerte son las cosas, nos guste o no el gobierno o presidente.

Rara es la semana que no escucho acusaciones de chavista a este gobierno, pero repito, por suerte y a pesar de que algunos partidos intentan poner la duda de la legitimidad, nuestros procesos electorales son un ejemplo de transparencia y nuestro sistema electoral, si bien mejorable, garantiza la representación de las mayorías electas, sean o no con cierta contra natura algunos acuerdos.

Reitero la importancia de los procesos y transparencia en toda la política, desde la municipal, hasta la más alta, porque es la más clara representación de nuestra democracia, siempre mejorable por supuesto, que debemos valorar como merece, porque vemos cientos de países mundiales que la añoran.

El otro día escuchaba a un grupo de chicos, con mejor o peor gusto, cantando una canción franquista burlándose del régimen y del dictador, y lo primero que pensé es que grande es vivir en un país democrático, porque si eso lo llegan a cantar en la dictadura, poco hubieran durado.

Pues en pleno Siglo XXI, esa realidad se sigue dando, hasta en países supuestamente democráticos.

Cuidemos nuestra democracia, mejorémosla por supuesto, pero valorémosla, porque es muy grande lo que tenemos; y no olvidemos nuestro pasado, porque el que lo olvida, está condenado a repetirlo, la humanidad en demasiadas ocasiones es una repetición de bucles olvidados.

José Suárez, miembro de la ejecutiva de CC y vecino de Telde

RELATO CORTO: «EL DORADO COFRE QUE FLOTABA EN EL POZO DEL ENCANTADO BOSQUE DE ANSBELGENS» (POR JAVIER MARTÍ)

Comparte esto:

Ustazades era uno de los más humildes campesinos que cultivaba las tierras de Udalricco, el Virrey de Ansbelgens, un país de un lejano mundo donde Soolken, el astro Sol brillaba menos que Lutnissa, una ovalada luna que nació del mismo Soolken.

       Ustazades formaba parte de un reducido grupo de campesinos que estaban a las órdenes de Kintdolierz, el capataz del Virrey de Ansbelgens.

       Los campesinos cultivaban grandes campos de hortalizas y árboles frutales: cerezos, naranjos, limoneros, melocotoneros, así como trigo y otros cereales.

       Sus tierras eran ricas por tener un gran y caudaloso río que nunca se secaba.

       El río Anzgals nace en las altas y nevadas montañas de la cordillera de Ansbelgens, un hermoso paraje lleno de grandes y frondosos bosques que pocos conocen. Sus árboles se conservan intactos, nadie los tala por estar protegidos por las leyes del lugar.

       Una mañana marchaba Ustazades desde su humilde cabaña construida con viejos troncos al huerto que tenía asignado para su trabajo atravesando el río por un pequeño puente de madera cuando divisó a su amigo Walthero, el posadero de la villa que le hizo señas para que se acercase.

       Extrañado por los gestos que Walthero le hacía, dejó sus útiles de labranza a un lado del camino y corrió hasta donde estaba su amigo.

       Walthero estaba tumbado cerca de la orilla del rio, sobre unas rocas, fumando su cachimba de hueso de ballena que un navegante le regaló hacía años.

       Ustazades corría al encuentro de su amigo con agitada respiración pues creía que éste estaba mal herido al verlo tumbado en las rocas.

– ¿Te encuentras mal? –preguntó Ustazades a su amigo…

– Para nada –dijo Walthero. Estoy mejor que nunca, aunque un poco preocupado por lo que veo…

– Y… ¿Qué ves? –pregunto Ustazades con un gesto de asombro…

– Veo que el río está bajando de caudal –contestó Walthero. Ayer puse unos troncos con una cinta negra que marcaban el caudal y hoy está un pie más bajo.

– Y… ¿eso te preocupa? –preguntó Ustazades mirando el río y el tronco con la cinta negra que estaba más alta que el caudal…

– Pues sí que me preocupa –comentó Walthero. Eso es señal de que las aguas están siendo desviadas de su cauce a otro lugar que desconozco… cerca del bosque que hay entre aquel desfiladero por donde cae el agua formando la cascada que, si te fijas, tiene menos agua que días pasados.

– Se lo diré a Kintdolierz para que eche un vistazo, para que averigüe lo que pasa –dijo Ustazades. Yo no puedo hacer nada…

– Pienso que todos debemos saber dónde han desviado el cauce y ponerle solución cuanto antes –comentó Walthero.

– Vale… vale… cuando termine mi trabajo iré al bosque –dijo Ustazades, iré a ver si puedo averiguar algo y ya te diré…

       Llegando a su puesto de trabajo, comentó con Kintdolierz lo que Walthero y él habían observado en el río, a unos cientos de metros más arriba de donde estaban los huertos.

       Kintdolierz agradeció el gesto de Ustazades al preocuparse por algo que les concernía a todos y que, de bajar el caudal del río, afectaría a los campos: menos agua… menos regadío.

       Una repentina y torrencial lluvia obligó a los campesinos a abandonar los campos y regresar a sus chozas antes de lo previsto.

       Mientras caminaba por el enfangado camino rumbo a la choza, empapado por la lluvia, Ustazades pensaba en lo que Walthero le había dicho.

       Ya en su choza, miraba por la pequeña ventana la cascada que Walthero le había dicho y efectivamente, ésta tenía poca agua aun estando lloviendo, cosa que le alarmó.

       Esperó pacientemente a que amainara la lluvia… a que cayera la tarde y ya entrada la noche, llevar lo necesario para inspeccionar el bosque, acompañado de su fiel sabueso “kunsky” y así poder saber qué misterio se ocultaba en el interior del mismo.

       Sin decir nada a nadie emprendió el camino hasta llegar a los pies de la cascada y desde allí, ascender a lo alto de la misma por los desfiladeros que habían aparecido con la caída de la lluvia.

       Poco más de una hora le costó llegar a la cima de la montaña donde empezaba la cascada. Se podía ver todo el valle iluminado por las luces de las chozas y del gran palacio que estaba en lo alto de una loma cercana a la aldea.

       Ante Ustazades se alzaba un inmenso y oscuro bosque de grandes pinos donde lo misterioso era más que significativo.

       El viento lo atravesaba de parte a parte dejando oír silbidos que se escuchaban con fuerza.

       Eran como voces que lo llamaban y animaban a adentrarse en su interior.

       Tras un corto espacio de incertidumbre, armado de valor Ustazades entró en el bosque acompañado por su sabueso Kunsky que, olfateando el terreno, lo seguía con las orejas caídas y el rabo metido entre las patas…

       Tras sus pasos escuchó una voz que lo llamaba en la lejanía: ¡Ustazades…! ¡Ven…! ¡Acércate…! ¡No tengas miedo…! ¡Ven…!

       Un escalofrío recorrió todo su cuerpo pues no esperaba que nadie hubiera en aquel lugar que conociera su nombre…

       Ante sus ojos apareció un duendecillo que, sentado en la copa de un pequeño pino, le hacía señas para que se acercara.

       Ustazades no daba crédito a lo que sus ojos veían. Un extraño ser de no más de medio metro, con largas barbas rojizas lo llamaba y sonriendo le invitaba a llegar hasta él.

       Kunsky agitaba el rabo de lado a lado, era como si lo conociera o más bien, como si fuera un amigo de siempre en el que se podía confiar.

       Llegado bajo el pino donde estaba el duendecillo, éste le habló diciéndole…

– No temas Ustazades, has venido en el momento oportuno…

– ¿Cómo sabes mi nombre? –preguntó el campesino…

– Yo sé tu nombre y el de muchos más que, como tú, trabajáis en los campos del malvado Udalricco –respondió Odoricco, el pequeño duendecillo.

– ¿Cómo sabes que Udalricco es malvado? –preguntó Ustazades con cara de asombro…

– Udalricco no es quien crees que es –dijo Odoricco. Udalricco es un malvado ogro que se hace pasar por Virrey y os tiene a todos esclavizados.

– ¡No me lo creo! –exclamó el campesino. Yo no lo he visto nunca, pero dicen que es un buen hombre porque a todos nos da trabajo.

– Esa es la apariencia que da, pero en verdad es uno de los peores ogros que existen –dijo el duendecillo. Oculta su identidad en su Palacio. Tiene a Kintdolierz, su capataz, que es otro malvado ogro para hacerle los trabajos que él no puede hacer…

– Creo que no sabes lo que dices –comentó Ustazades. Creo que, de tanto tiempo que llevas en el bosque, tu reducida mente te ha trastornado. Kintdolierz es bueno con todos, nos ayuda en lo que puede y nunca le he visto acto alguno como para dudar de su bondad que, según tú, es todo lo contrario.

– Kintdolierz oculta sus malos actos porque quiere ocupar el lugar de Udalricco y dándoos todo aquello que necesitáis os tiene a su merced cuando llegue el momento de sublevarse –le dijo el duendecillo al campesino.

– ¡Que no, que no me lo creo! –insistió Ustazades. Creo que alucinas con lo que dices…

– ¿Quieres una prueba de lo que digo? –le preguntó Odoricco al campesino…

– No estaría nada mal que me lo demostrases –le dijo Ustazades a Odoricco. Demuéstrame que lo que dices es verdad y te creeré.

– Ven… acompáñame hasta donde los pinos más viejos forman un círculo –dijo Odoricco. Allí se alza un viejo pozo de piedra donde en su interior podrás comprobar por ti mismo lo que te digo.

– ¡En el interior de un pozo de piedra lo podré comprobar! –exclamó Ustazades moviendo la cabeza de un lado a otro. Me da que tú has tomado algo que te hace delirar…

       Tomando Odoricco la mano a Ustazades lo llevó hasta el pozo donde encontraría, en su interior, las respuestas a cuanto le había dicho el duendecillo.

– ¿Este es el pozo de los milagros? –preguntó Ustazades viendo el pozo que no alzaba ni tres palmos del suelo. Si es más pequeño que mi bañera…

– Tú ríete –dijo el duendecillo. Mira en su interior y verás algo que ni imaginas…

       Ustazades asomó su cabeza al interior del pozo y quedó sorprendido de lo que vió. Las turbias y agitadas aguas del pozo se calmaron y ante sus ojos apareció todo el valle donde habitaba.

       Se podía ver con detalle toda la aldea… la posada… los campos de cultivo… el río… el Palacio del Virrey Udalricco, la oculta casa de Kintdolierz que nadie conocía, los secretos pasadizos que había entre el Palacio y la casa del capataz y… las cuevas que ocultaban grandes tesoros de incalculable valor que nadie conocía

– ¿Me crees ahora? –preguntó Odoricco al sorprendido campesino.

– ¡La madre que los parió! –exclamó Ustazades llevándose las manos a la cabeza. Qué calladito se lo tenían los muy…

– Ves por qué te he dicho que has llegado en el momento oportuno a este lugar –le dijo Odoricco a Ustazades…

– Y… ¿qué puedo hacer yo si sólo soy un campesino? –preguntó Ustazades asombrado por lo que había visto…

– Desenmascarar al Virrey y a su capataz –dijo el duendecillo…

– ¡Cómo! –exclamó Ustazades…

– Con los poderes que te serán dados… –dijo el duendecillo.

– ¿Quién me dará esos poderes? –preguntó el campesino.

– Werenburgan te los dará. –comentó el duendecillo. Vayamos a su encuentro, nos espera en su hermosa ciénaga.

– ¿Quién es Werenburgan…? –preguntó el campesino llevándose su mano al cuchillo que portaba en su cinto. ¿No será una bruja o algo por el estilo…?

– Es una bruja… pero de las buenas… –le dijo el duendecillo. Ella nos ayudará en todo lo que le pidamos y más.

– Una bruja buena… mmm… suena a raro –comentó el campesino mientras seguía al duendecillo que, dando pequeños saltos, se adentraba en el bosque en busca de la ciénaga…

– Werenburgan tiene una historia que contarte que te hará cambiar de opinión sobre ella y del lugar donde vives… –dijo el duendecillo. Verás cómo tus pensamientos cambian radicalmente cuando la conozcas. Es muy buena.

       Un rico olor a carne guisada se olía según se acercaban a la ciénaga donde la bruja Werenburgan tenía su guarida.

       Ustazades no daba crédito a lo que sus ojos veían según iban llegando a la ciénaga que, para su sorpresa, no era como él imaginaba.

       La ciénaga estaba en medio de una pequeña isla separada del resto del bosque por un riachuelo de tranquilas aguas que la bordeaba. Infinidad de peces de colores nadaban sin importarles la presencia de otros animales que acudían a beber de sus aguas.

       El sendero llegaba hasta un pequeño puente de piedra que unía la isla con el bosque. A ambos lados del sendero crecían flores de variados colores y olores: rosas, claveles, margaritas, azucenas, gardenias, Jacinto y jazmines…

       Los pajarillos trinaban en sus nidos esperando que la bruja Werenburgan les llevara su aliento, era el tributo que le pagaban por su generosidad.

       Los animales que allí habitaban no tenían corral alguno, corrían a sus anchas sabiendo que no tenían nada que temer, eran libres y tranquilos. Gamos, ciervos, cerdos, cabras, conejos y gallinas compartían todo cuanto había a su alrededor, no les faltaba de nada, todo lo que necesitaban lo tenían en abundancia.

       De una pequeña cueva salía incansable una cristalina agua de una pureza sin igual, dentro estaba su nacimiento. Era tan pura que por más que bebiera uno no se llenaba.

       Ustazades imaginaba que la bruja viviría en una mezquina cueva llena de murciélagos, dragones y negras arañas, pero no fue eso lo que vió, todo lo contrario, encontró una casita de piedra con un limpio tejado de paja del que sobresalía una chimenea que humeaba un rico olor a carne guisada. Tenía a su alrededor macetas con flores silvestres que la hacían aún más bella.

– Esto no puede ser real –dijo el campesino en voz baja…

– Lo es… lo es –comentó el duendecillo. Ya te dije que esta bruja no era como las otras, es diferente…

– ¡Y tanto! –exclamó Ustazades. Esto no me lo esperaba…

– Pasad… pasad… cruzar el puente y acercaos a mi humilde morada que es ya la vuestra –dijo Werenburgan con una sutil y dulce voz.

-¡Esto no puede ser real…! –exclamó Ustazades contemplando lo maravilloso que era el lugar. Esto es un sueño, estoy soñando… no es posible que sea real.

– Pues… tú dirás qué es… –dijo Werenburgan con una sonrisa en los labios mirando al incrédulo campesino que no salía de su asombro.

– No entiendo cómo puedes vivir en este hermoso lugar sin que nadie lo sepa –le dijo el campesino a la buena bruja…

– Vivo aquí oculta a los ojos de Udalricco y de su malvado capataz, ese que tú crees que es una buena persona –comentó Werenburgan. Si ellos supieran que estoy viva no dudarían en venir a matarme.

– ¿Por qué…? –preguntó el campesino a Werenburgan. ¿Qué mal les has hecho para que quieran matarte?

– Yo soy la Madre de Udalricco –dijo Werenburgan. Yo le di la vida y él me arrebató todo cuanto tenía por querer ser más que nadie. Se dejó llevar por la codicia, la avaricia y la lujuria inculcada por Kintdolierz, un malvado brujo que un día llegó a nuestras vidas para hacer lo único que sabía, llenar de odio a las buenas personas como lo era Udalricco y su difunto Padre.

– ¡Difunto Padre! –exclamó el campesino asombrado por lo que escuchaba.

– Sí, su difunto Padre, el Señor de esas tierras que tú trabajas de sol a sol, era mi esposo… –dijo Werenburgan. Kintdolierz hechizó a Udalricco de tal forma que consiguió que éste matara a su Padre y a mí me despojara de todo cuanto tenía y me abandonara en medio del bosque a merced de las alimañas que lo habitaban.

– Dura historia la que me cuentas –dijo Ustazades visiblemente emocionado por lo que escuchaba. Y… ¿cómo puedo yo ayudar si sólo soy un pobre campesino?

– Con la ayuda que tendrás si consigues el dorado cofre que flota en el pozo del encantado bosque que se halla dentro del Palacio –dijo el duendecillo.

– Eso es casi un suicidio llegar hasta ese lugar –dijo el campesino. No conozco el camino ni sé cómo llegar… Eso sin contar con Kintdolierz que seguro estará al acecho si sospechara de mis intenciones.

– Eso no sucederá –dijo el duendecillo. Tendrás todo nuestro apoyo y nada ni nadie podrá hacerte mal alguno.

– Difícil lo veo si vosotros no podéis salir de aquí –le dijo el humilde campesino al duendecillo.

– Nosotros no, pero mis fieles animales sí –dijo Werenburgan señalando a los que estaban por fuera de la isla…

– ¿Qué animales son? –preguntó el campesino… ¿Los de los grandes cuernos en la cabeza?

– No, esos no –dijo el duendecillo. Los que están detrás del puente esperando tu marcha…

– No veo otros animales –replicó el campesino… Como no sean los conejos que corretean por el monte buscando las madrigueras… ¡Ya me dirás…!

– Cuando cruces el puente los verás –dijo el duendecillo. Ve, te están esperando…

– Y… ¿Qué hallaré dentro del dorado cofre? –preguntó Ustazades con cierta intriga…

– Lo sabrás cuando lo abras –dijo Werenburgan. Ni imaginas lo que contiene.

– Eso sí, debes seguir al pie de la letra todo cuanto veas y leas en su interior… –le dijo el duendecillo al campesino que, cruzando el puente, se alejaba del lugar.

       Bien cierto fue lo que dijo el duendecillo al campesino… Tras cruzar el puente había una manada de lobos esperando a Ustazades para acompañarlo en su camino hasta llegar al poblado donde vivía.

       Serían sus guardianes y velarían por él en todo momento para que nadie le hiciera daño alguno.

       Estarían vigilando al campesino y serían los encargados de llevar las noticias al duendecillo una vez consiguiera llegar al dorado cofre que contenía lo necesario para romper el malévolo hechizo que obraba sobre Udalricco.

       Bien entrada la madrugada llegó el campesino a su choza no sin antes mirar el lugar donde horas antes había estado. En su mente recordaba todo cuanto había visto y vivido, lo que escuchó, y lo que debía hacer al amanecer.

       Contemplando desde la ventana de su choza aquel misterioso lugar donde horas antes había estado, poco a poco el sueño le venció y quedó profundamente dormido, o eso creía él.

       Mientras Ustazades dormía, uno de los lobos entró en su choza y con su aliento lo despertó…

       Para asombro del campesino, ya había amanecido y debía cumplir con lo prometido.

       Armado de valor marchó por un extraño sendero que sólo los lobos conocían. Marchaba algo inquieto aun sabiendo que los lobos lo protegerían del malvado Kintdolierz si lo descubriera.

       El sendero llegaba hasta uno de los pasadizos que lo llevaría hasta el encantado bosque que se encuentra dentro del Palacio y, desde allí, hasta el pozo que Werenburgan le había dicho.

       A su paso podía ver la hermosura de aquel bosque que nadie conocía. Era de grandes cipreses formando un laberinto que, de no conocerlo, meses pasaría sin saber cómo salir.

       Los lobos iban indicándole el camino que debía seguir hasta llegar al pozo.

       Doce cipreses formaban un gran círculo que ocultaban, en su interior, el pozo que contenía el dorado cofre.

       Por una circular escalera de piedra que descendía varios metros se llegaba hasta el brocal del pozo y, utilizando el cigüeño que éste tenía, podría subir el recipiente con el cofre dorado en su interior.

       No fue necesaria mucha fuerza para sacar aquel misterioso cofre del pozo. Bastaron unas pocas brazadas para verlo emerger de las frías aguas.

       Era de reducidas dimensiones, de poco peso el dorado cofre que Werenburgan le había dicho.

       Ustazades puso entre las mandíbulas de uno de los lobos el cofre y esperó a que éste abandonara el lugar y lo llevara hasta la buena bruja para…

       Saliendo del laberinto escuchó los golpes secos que daban las pisadas de un extraño ser que se acercaba rápidamente agitando con fuerza los cipreses. Era un extraño animal de dos grandes patas con cuerpo y cabeza de serpiente que lanzaba fuego por su boca. Sus ojos eran rojos como el mismo fuego.

       Muerto de miedo y temiendo que sería devorado por aquel extraño animal, corrió cuanto pudo hasta el pasadizo por el cual había entrado al bosque y, protegido por los lobos, salió rápidamente hasta llegar a su vieja choza donde nadie le podría hacer daño alguno.

       Cerrando bruscamente la puerta se ocultó en su camastro tapándose con sus viejas mantas de lana quedando profundamente dormido…

       Cuando despertó observó que su choza había cambiado totalmente de aspecto. Ya no era como antaño. Estaba toda reformada: todo lo viejo era sorprendentemente nuevo.

       Sus ropas, sus muebles, la vieja y destartalada puerta, todo había cambiado de aspecto…

       Sobre su mesa había un saco lleno de monedas de oro y plata… y un manuscrito que decía: 

¡Misión cumplida!

                                                                  FIN.

Javier Martí, escritor valenciano afincado en Telde y colaborador de ONDAGUANCHE

PROTEJAMOS EL PATRIMONIO NATURAL CANARIO

Comparte esto:

En Canarias, los Parques Nacionales son gestionados por el Gobierno de Canarias y tenemos cuatro Parques Nacionales que mencionamos a continuación:

  1. Parque Nacional de la Caldera de Taburiente (La Palma)
  2. Parque Nacional de Garajonay (La Gomera)
  3. Parque Nacional del Teide (Tenerife)
  4. Parque Nacional de Timanfaya (Lanzarote)

La gestión de los Parques Nacionales en Canarias depende de varias instituciones:

– Gobierno de Canarias: Es el principal responsable de la gestión directa desde 2010 a través de la Consejería de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Planificación Territorial.

Los Cabildos pueden solicitar las competencias de gestión como sucede por ejemplo, con el Cabildo de Tenerife que gestiona el Parque Nacional del Teide.

– Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico: Colabora en la gestión a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales.

Queda patente, a la vista de los acontecimientos diarios en diferentes territorios insulares que Los Parques Nacionales en Canarias así como otros espacios protegidos, no cuentan con los medios materiales y humanos específicos para su vigilancia y conservación.

Éstos debieran incluir agentes medioambientales suficientes como encargados de la vigilancia, control y protección de los recursos naturales.

También es necesaria la infraestructura acorde a las dimensiones que hay que cubrir, desde los Centros de visitantes, señalización, senderos acondicionados, vehículos de vigilancia, equipos de comunicación y otros recursos técnicos.

Existen sanciones económicas tipificadas por producir daños en los Parques Nacionales así como los Espacios Naturales protegidos en Canarias pero no se aplican con dureza a los infractores sean turistas o población local. Las cuantías establecidas de las sanciones varían dependiendo de la gravedad del daño causado, pudiendo oscilar desde multas leves de unos cientos de euros hasta multas severas que pueden superar los varios miles de euros.

La realidad cotidiana nos dice que rara vez se aplican y cuando son turistas, no se les exige el pago antes de volver a su país de origen, por lo que normalmente quedan impagadas y se van impunes sin sanción. Se debe valorar seriamente un cambio de dinámicas y efectos sancionadores.

Desde Liberación Canaria proponemos Soluciones para la protección, cuidados, vigilancia y conservación de nuestros Parques Nacionales Canarios y Espacios protegidos. Nuestro patrimonio natural es una de nuestra principales fuentes de riqueza.

A continuación exponemos algunas propuestas de soluciones que podrían no estar siendo ejecutadas y es necesario contemplarlas para ponerlas en marcha :

  1. Incremento del Personal:

Se hace necesario aumentar el número de guardaparques y agentes medioambientales para asegurar una vigilancia más efectiva.

  1. Aplicación de Tecnología de Detección Temprana:

Dada la amplitud territorial es necesario recurrir a las tecnologías existentes qute puedan ayudar y facilitar la labor de vigilancia y detección precoz por lo que se hace necesario Implementar el uso de drones, cámaras trampa y sistemas de detección temprana para monitorear áreas remotas y detectar actividades ilícitas.

  1. Educación y Concienciación:

Es necesario desarrollar programas educativos y campañas de concienciación más intensivas tanto para turista como para la población local sobre la importancia de la conservación de los Parques Nacionales y Espacios Naturales Protegidos.

Es necesario que el sector turístico  se involucre conjuntamente en labores informativas en los establecimientos donde se pernocta, así como el sector de restauración puede contribuir con campañas conjuntas con las Institucionales.

  1. Colaboración con la Población Local:

Resulta evidente la importancia de involucrar a las comunidades locales en la gestión y protección de los parques y espacios naturales a través de programas de empleo local en actividades de conservación del medio.

  1. Incentivos para la Conservación:

Se puede contemplar el establecimiento de incentivos económicos junto distintivos de reconocimientos para las empresas y particulares que colaboren en la conservación de los parques espacios.

  1. Revisión y Endurecimiento de Sanciones:

Revisar y, si es necesario, endurecer las sanciones económicas para los infractores, asegurando que sean lo suficientemente disuasorias.

  1. Concienciación del Turismo:

Es inevitable fomentar las prácticas sostenibles que minimice y limiten el impacto ambiental y promuevan el respeto por el entorno natural.

  1. Monitoreo Científico Continuo:

Fortalecer la investigación y el monitoreo científico continuo de la biodiversidad y los ecosistemas para detectar cambios y amenazas a tiempo.

  1. Establecer vínculos de Cooperación Internacional:

Establecer lazos de cooperación con otros parques nacionales y organizaciones internacionales para compartir buenas prácticas y recursos.

Desde Liberación Canaria consideramos que estas medidas podrían ayudar a mejorar significativamente la protección, cuidados, vigilancia y conservación de los Parques Nacionales en Canarias así como los Espacios Naturales protegidos. Sin olvidar las Reservas de la Biosfera existentes en el Archipiélago que también entrarían en el ámbito de protección planteado.

Ricardo González Roca Fonteneau

Secretario Nacional de Organización y Comunicación de Liberación Canaria

«GOBIERNO DE LA INDIGNIDAD Y LA VERGÜENZA…»

Comparte esto:

Afirma el Presidente de Canarias, Fernando Clavijo, que está «perplejo» por el rechazo a la reforma de la Ley de Extranjería. Además señala al Gobierno de España como «responsable» del rechazo a la reforma. Debe ser que el señor Clavijo vive en otra realidad virtual. Tanta «amistad» con el Partido Popular debe tener estas cosas…

Ni la más mínima mención al voto en contra de sus socios. Lo que deja bien a las claras su «preocupación» por la solución al problema que sufre Canarias. Le interesa más la poltrona, puesto que no cesa a quienes han demostrado su deshonor y han cometido un acto de vileza hacia la tierra que juraron o prometieron defender…

A pesar de sus reuniones y sus palabras de los últimos días, donde «reclamaba» una solución para con los menores migrantes, parece que el señor Clavijo, es Presidente de Canarias, que no de los canarios, dado que ahora defiende las propuestas del Partido Popular. Eso, a sabiendas de que sólo sirven para dilatar más en el tiempo la acogida de menores migrantes entre diferentes Comunidades…

Uno de los dislates que pide el PP es la derivación de menores con la edad confirmada por la Fiscalía. Algo que saben (como también lo sabe el señor Clavijo), que puede tardar meses, dado que el Ministerio está colapsado para el desempeño de estas pruebas…

Otro disparate es convocar (a estas alturas) una Conferencia de Presidentes (eso sí, en septiembre, que las vacaciones son las vacaciones). Otra muestra de lo poco que les preocupa el bienestar de menores que han arriesgado su vida (muchos han muerto por el camino), para encontrar un futuro mejor, encontrando sólo dificultades y desprecio

La inhumanidad y la hipocresía de la Derecha española y de su marca blanca canaria (Coalición Canaria), puestas otra vez más de manifiesto. No les importa lo más mínimo que Canarias se convierta en una nueva Lesbos o Lampedusa. Sólo les preocupa mantener el pacto de Gobierno (el sillón es el sillón)…

Entre tanto, hay ya cerca de seis mil menores de edad en centros de menores en Canarias. Una cifra imposible de asumir por las Instituciones de la Nacionalidad Canaria.

Como ha comentado Román Rodríguez, Presidente de Nueva Canarias, «es poco razonable que quien impide la solución se siente a la derecha del presidente y no ocurra nada «. Por ello, ha pedido una reunión urgente del Pacto Canario por la Migración (Un pacto firmado por todos los grupos del Parlamento de la Nacionalidad Canaria, excepto Vox) para que el Partido Popular dé explicaciones de su voto en contra de la reforma de la Ley de Extranjería

Que una parte del Gobierno de la Nacionalidad Canaria vote en contra de algo tan necesario para la convivencia y los Derechos Humanos y la otra parte intente «blanquear» ese voto, demuestra que la ciudadanía no se merece un Gobierno de la indignidad y la vergüenza

Ángel Rivero García

«OTRA CANARIAS ES POSIBLE»

Comparte esto:

Ya sabíamos que otra Canarias es posible, pero se han empeñado en que comulguemos con ruedas de molino de gofio. Nos han hecho creer que para lograr el tránsito a las renovables hemos de pagar un castigo, inundando nuestros paisajes de monstruos eólicos y paneles fotovoltaicos, además de destrozar nuestras medianías con torres y líneas de alta tensión.

Pero no, no puede ser un paraíso si para ello tenemos que destrozar nuestros barrancos y parajes naturales, con centrales hidroeólicas artificiales e improductivas, pero que permitirán a los grandes lobbies energéticos vender toda la producción generada, que es su objetivo final. Esas centrales son la disculpa perfecta para permitir que unos pocos se forren a costa de destrozar nuestras islas.

Ya lo hicieron con LA DISCULPA DEL TURISMO, alicatando barrancos y parajes idílicos con la sempiterna mentira de la creación de empleo. El mensaje final siempre es el mismo, el de sacrificio para Canarias y los canarios en beneficio del negocio de unos pocos.

Si el futuro viene de la mano del destrozo de nuestros paisajes NO QUIERO ESE FUTURO. Nos mantienen entretenidos con fiestas de todo tipo para que no veamos el destrozo en nuestros montes y barrancos, siempre en beneficio de las multinacionales de la energía.

No puede ser un paraíso si permitimos la instalación de torretas y líneas de alta tensión con la ÚNICA INTENCIÓN DE ABARATAR COSTES a los nuevos dueños de la energía. Nuestro presente y futuro se ha diseñado muy lejos de Canarias, y aquí sólo queda obedecer, decir “SI BWANA”. Es evidente que nos roban y destrozan nuestra tierra por nuestra pasividad.

No se cuida ni protege al territorio, mientras se gastan decenas de millones en MENTIRAS PUBLICITARIAS. “LA ECOISLA” lo llaman…

No podemos confiar en palabras, eslóganes ni personas. SOMOS VÍCTIMAS DE UNA GRAN MENTIRA, pagada con dinero público. Los hechos hablan por si solos. Se trabaja en beneficio de las grandes eléctricas y fondos de inversión.

Así de simple y de triste es nuestra realidad.

Sin embargo estos días hemos conocido QUE SI, que es posible la ECOISLA, pero no con eslóganes y publicidad, sino de cuidarla para sus habitantes y el disfrute de sus visitantes. Desde el archipiélago hermano de Azores, en la misma Macaronesia, nos llegó la información de que allí si existe “la ecoisla”. Que allí sus autoridades y habitantes cuidan con esmero del territorio.

En Azores más del 90% de la energía es de origen renovable y PÚBLICA, por lo que además de no contaminar, revierte sus beneficios en la propia comunidad.

No como en Canarias, que la energía está en manos de multinacionales privadas, con el VºBº de todos los partidos políticos (o con su silencio).

Además, el Gobierno Autónomo de Azores FINANCIA EN UN 80% A LAS FAMILIAS para la compra e instalación de placas fotovoltaicas para el autoconsumo.

En Azores, no hay torretas de alta tensión. LAS REDES DE TRANSPORTE Y DISTRIBUCIÓN ELÉCTRICA ESTÁN SOTERRADAS. No como en Gran Canaria, que además de las ya existentes, tienen previsto la instalación de más de 180 kilómetros de líneas de alta tensión, con sus respectivas torretas, en los próximos dos años; atravesando valles, barrancos y parajes protegidos.

Gracias EDUARDO MARTÍN por la detallada información y esa magnífica entrevista que has publicado en tu muro de facebook.

En Canarias tenemos a magníficos técnicos comprometidos con nuestra tierra, tanto en materia de energía como con el agua, dos vectores imprescindibles para el desarrollo de las islas. Dos vectores que han sido entregados por los distintos Gobiernos a multinacionales foráneas destructoras del territorio. Estos técnicos han realizado valiosos informes sobre cómo habría que realizar el tránsito a las renovables atendiendo a nuestras peculiaridades, pero no han sido escuchados, por lo que dichos informes han acabado olvidados en los cajones de las Administraciones Canarias, informes costeados con dinero público.

Los canarios debemos EXIGIR QUE SE TRATE CON RESPETO A NUESTRA TIERRA.

Debemos pedir QUE PAREN LAS MENTIRAS, LOS ENGAÑOS y LOS DESTROZOS AL TERRITORIO.

Es evidente que si, QUÉ OTRA CANARIAS ES POSIBLE!!

Paco Vega