«LA ESCALADA BÉLICA NO TRAERÁ NADA BUENO»

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Recién cumplirse cuatro años desde que se iniciaron las acciones bélicas de Rusia contra Ucrania, con las agresiones de Israel en Gaza y de EE. UU. en Venezuela, Cuba e Irán, los conflictos armados se están incrementado peligrosamente. Pues estas agresiones no solo están causando penalidades y tragedias a las poblaciones de los territorios afectados, también están provocando el colapso de la supuesta legitimidad del orden internacional «basado en reglas».

En gran medida debido a que el «doble rasero» a la hora de valorar en estos conflictos las responsabilidades de los actores implicados por parte de Occidente ha puesto de manifiesto la hipocresía sistémica de ese orden. Porque cuando se condena diplomáticamente a Rusia pero se protege a Israel, el «Derecho Internacional» se degrada a mera herramienta geopolítica.

El caso es que la aplicación selectiva de la norma jurídica según la identidad del infractor o la relevancia del aliado es una de las fallas sobre la que se construyó el orden internacional de la posguerra. Ejemplos de esa doblez de las potencias occidentales no faltan. Ya durante la Guerra Fría, EE. UU. y sus aliados vulneraron el principio de no intervención y el derecho a la autodeterminación de los Estados apoyando activamente dictaduras militares en Chile, Argentina y el régimen del Sah en Irán.

Con todo, la Invasión de Irak en 2003 ha sido, probablemente, la intervención hostil más grave antes de la invasión rusa de Ucrania. Entonces, se castigó severamente a Irak por invadir Kuwait en 1990 correctamente, según el derecho internacional. Pero cuando las potencias occidentales, basándose en pruebas falsas de armas de destrucción masiva, invadieron Irak «preventivamente» no hubo sanciones, ni juicios en la Corte Penal Internacional, ni aislamiento económico para los agresores. Por lo que hoy Rusia utiliza este antecedente para justificar su invasión del territorio ucraniano, llamándolo «el precedente de Kosovo e Irak».

Así mismo, en algo tan grave como es el cumplimiento del Tratado de no Proliferación Nuclear, que prohíbe que nuevos países obtengan armas nucleares, se están imponiendo sanciones extremas a Irán, que es firmante y alega fines civiles, y a Corea del Norte. Sin embargo, se ignora el arsenal nuclear de Israel, que no es firmante, y se mantienen acuerdos de cooperación nuclear con India y Pakistán a pesar de que desarrollaron sus armas fuera del tratado.

Y aunque, la ONU ha emitido múltiples resoluciones contra la ocupación de territorios palestinos y la construcción de asentamientos por considerados ilegales, desde 1970 EE. UU. ha vetado más de 40 veces al Consejo de Seguridad por críticas a Israel o exigencias de poner fin de la ocupación. Con estas acciones, se permite que el principal aliado estratégico estadounidense en la zona siga ignorando sistemáticamente el derecho internacional humanitario, continue anexionándose territorios y masacrando a la población palestina, hasta el genocidio.

De este modo, el derecho internacional no ha dejado de ser, desafortunadamente, un «árbitro» a conveniencia. Los organismos multilaterales han resultado, así mismo, impotentes, como la ONU que permanece maniatada por el uso sistemático del veto por parte de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Y el libre comercio global, que se pretendía un pilar de las relaciones pacíficas entre las naciones, por el uso extensivo de sanciones por parte de EE. UU. Actualmente, se ha «militarizado» y es otra forma de agresión.

Las temerarias acciones de estas potencias buscan normalizar la agresión, envían el mensaje de que, si se tiene suficiente poder militar o nuclear, se pueden ignorar los tratados internacionales sin mayores consecuencias. Con ello, están arrastrando a las elites de poder de los países medianos a rearmarse y a considerar que la única garantía de seguridad ya no es el Derecho Internacional, sino la fuerza bélica propia o la obtención de armas nucleares. La Union Europea ya está en ello. Todo lo cual, no hace sino que ampliar la escala de los riesgos y ahondar la gravedad de los peligros.

Así las cosas, ante esta amenaza probable de hecatombe bélica global, motivada por las ansias de acaparamiento de recursos y por el afán de dominio beligerante, hoy como nunca y por dificultoso que resulte asumirlo, la paz no es un camino, es el único camino.

Xavier Aparici, filósofo y emprendedor social

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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