En El Pulso, el programa que cada jueves se emite en la plataforma digital Onda Guanche, Juan Santana Hernández volvió a desplegar una edición marcada por la reflexión crítica, la honestidad y el compromiso con esa idea de periodismo que no se arrodilla ante el poder ni se conforma con la versión oficial. Bajo su ya reconocible sello de entrada —“aquí no hay filtros, no hay permisos, no hay miedo”—, el espacio trazó un recorrido que, aunque a simple vista podía parecer heterogéneo, acabó conectando de forma natural tres planos de una misma realidad: la verdad interior de las personas, la distancia entre discurso y gestión en la política de Telde, y el ejemplo de una forma de gobernar más cercana y resolutiva en Mogán.
Desde el arranque, Santana situó a la audiencia en el centro del debate. Recordó la entrevista de la semana anterior con el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, para subrayar una idea que sobrevoló todo el programa: una cosa es el relato político, otra la propaganda, y otra muy distinta la verdad que pisa a diario el ciudadano cuando sale de casa, recorre sus calles, sufre sus problemas y espera respuestas de quienes gobiernan. Ese contraste entre lo que se cuenta y lo que realmente vive el vecino fue el eje de una introducción intensa, con un mensaje claro: Telde no necesita más poses ni más personajes, sino responsables públicos capaces de reconocer errores, corregirlos y gestionar.
Ese planteamiento sirvió de puente perfecto para la primera gran entrevista del programa, protagonizada por Luis Eli, escritor y artista visual, autor del libro “Cuando me permití ser yo: de la herida a la luz”. Lejos de ser una simple conversación cultural, la charla se convirtió en una inmersión en el terreno de las emociones, la memoria y la reconstrucción personal. Santana presentó la obra como un viaje por el dolor, las cicatrices y la posibilidad de convertir las heridas en aprendizaje, subrayando la profundidad de un libro nacido desde la experiencia y no desde la teoría.
Luis Eli explicó que su historia personal está marcada por procesos interiores, momentos de búsqueda y una relación profunda con el arte y la creatividad. Según relató, el libro nace precisamente de ese ejercicio de honestidad con uno mismo, de mirar la propia historia sin esconder heridas ni huir de ellas. El autor profundizó en el significado del título y explicó que “permitirse ser uno mismo” supone romper con las expectativas ajenas —las de la familia, la sociedad o el entorno— para aceptar lo vivido y empezar a caminar desde la autenticidad.
Durante la conversación, el escritor definió la “herida” como ese conjunto de experiencias traumáticas, muchas veces gestadas desde la infancia, que acompañan a las personas durante buena parte de su vida. Pero también defendió que el objetivo no es borrar el pasado, sino transformarlo: convertir el dolor en aprendizaje y dejar de cargar eternamente con la misma herida abierta. Fue uno de los momentos más humanos del programa, especialmente cuando confesó que escribir su historia había sido difícil, porque obligaba a enfrentarse a recuerdos y emociones que muchas veces uno preferiría dejar atrás. Sin embargo, reconoció que el proceso también fue liberador y le permitió dar un nuevo significado a muchas etapas de su vida.
La entrevista dejó además otra dimensión especialmente interesante: la del cambio vital. Luis Eli contó que durante años trabajó en el ámbito de la cocina profesional, una vocación que convivía con otra pasión más íntima y a la vez más postergada: el arte. Con sinceridad, explicó que durante mucho tiempo eligió el camino práctico, el que parecía garantizar un futuro, porque le hicieron creer que del arte no se podía vivir. Sin embargo, con el paso de los años, y especialmente a raíz de su proceso interior, entendió que su verdadero lenguaje estaba en la escritura, la pintura, la fotografía y el arte digital, herramientas con las que hoy expresa aquello que durante mucho tiempo había permanecido guardado.
Uno de los aspectos más valiosos de la conversación fue comprobar que el libro ya está teniendo impacto en lectores que se han sentido reflejados en él. El autor compartió el testimonio de una persona que le escribió para agradecerle que, a través del libro y de sus ejercicios, había encontrado valentía para empezar a afrontar heridas de la infancia que seguían condicionando su vida adulta. Ese tipo de respuesta confirmó una de las ideas centrales de la entrevista: que el dolor compartido con honestidad puede convertirse en una herramienta de ayuda para otros.
La conversación concluyó con un mensaje directo a quienes hoy atraviesan una herida emocional: pensar que ese dolor es el final de la historia puede ser un error, porque en muchas ocasiones es precisamente el punto de partida de una transformación. Santana cerró este bloque recomendando el acceso al libro a través de la web del autor y dejó claro que se trata de una obra que invita a mirar hacia dentro y a reconstruirse desde la verdad.
Pero El Pulso no se quedó en el plano personal. Antes de viajar radiofónicamente hasta Mogán, el programa se detuvo de nuevo en Telde, donde Juan Santana recuperó el pulso político del municipio a raíz de la entrevista realizada días atrás al alcalde Juan Antonio Peña. En este tramo, el programa recogió reflexiones surgidas entre ciudadanos, analistas y periodistas sobre la evolución del actual regidor desde aquellos años en los que ejercía una oposición contundente, combativa y muy crítica, hasta su etapa actual al frente del Ayuntamiento.
La pregunta, formulada de manera sencilla pero demoledora, quedó flotando sobre las ondas: ¿qué ha cambiado entre aquel concejal que denunciaba con energía los problemas de la ciudad y el alcalde que hoy gobierna sin haber resuelto muchos de ellos? El programa recordó que asuntos como el mercado municipal, el polideportivo Paco Artiles, los aparcamientos de Arnaos, San Juan y San Gregorio, el asfaltado en distintos barrios, la situación de Melenara o los conflictos con empresarios siguen sin una solución clara tras casi tres años de mandato.
En ese contexto, se recuperó una reflexión del periodista Antonio Sánchez que resumía con crudeza la diferencia entre prometer y gestionar: “una cosa es pregonar y otra dar trigo”. A partir de ahí, el análisis apuntó a una sensación cada vez más extendida entre parte de la ciudadanía: que la política municipal corre el riesgo de convertirse en un ejercicio constante de comunicación, de titulares y de promesas futuras, mientras los problemas cotidianos siguen esperando respuestas concretas.
Fue en ese momento cuando el programa hiló de nuevo con la conversación anterior y lanzó una de las imágenes más potentes de la jornada: quizá el libro de Luis Eli, ese que habla de encontrarse con uno mismo y mirarse hacia dentro, podría ser también una lectura recomendable para el alcalde de Telde. Porque, al fin y al cabo, en política tampoco viene mal detenerse, mirarse al espejo y recordar quién era uno cuando empezó.
La última gran parada del programa llevó a la audiencia hasta Mogán, donde Juan Santana entrevistó a su alcaldesa, Onalia Bueno, en una conversación orientada a conocer varias iniciativas impulsadas por el Ayuntamiento y, sobre todo, la filosofía de gestión que hay detrás de ellas. El tono cambió sin perder profundidad: del reproche a la falta de resultados en Telde se pasó al análisis de un modelo de administración local que busca adelantarse a los problemas, mantener cercanía con el vecino y proyectar una imagen de municipio activo.
Uno de los asuntos destacados fue la puesta en marcha de un portal de empleo municipal, una herramienta que, según explicó Bueno, nace de la demanda del tejido empresarial local, que prefiere encontrar candidatos en la cercanía de la administración municipal antes que a través de cauces más impersonales. La alcaldesa detalló que el sistema permitirá a los desempleados consultar ofertas e inscribirse de manera sencilla e interactiva, con prioridad para los vecinos del municipio, aunque abierto también a personas de fuera. La medida, enmarcada en una colaboración sostenida entre sector público y privado, fue presentada como una respuesta útil a necesidades reales del mercado laboral local.
La entrevista también abordó otras iniciativas relacionadas con la convivencia, la identidad local y la programación social y festiva del municipio. Bueno defendió una forma de gobierno que, a su juicio, no puede reducirse únicamente a la gestión turística, sino que debe preservar la identidad propia de Mogán, sus tradiciones y el arraigo de las nuevas generaciones. En ese sentido, reivindicó la importancia de incorporar espacios para los mayores, mantener vivo el carnaval tradicional y vincular eventos populares con causas solidarias, convencida de que la acción pública debe buscar siempre una utilidad social más amplia.
Uno de los momentos más personales de la entrevista llegó cuando Santana le preguntó de dónde nace esa manera tan cercana de gobernar. Onalia Bueno respondió evocando la figura de su padre, también político, y recordando cómo desde niña vivió en primera persona esa política de teléfono fijo, libreta y calle, en la que los problemas del vecino eran escuchados y atendidos con inmediatez. A partir de esa experiencia, la alcaldesa defendió que la política local exige presencia constante, disponibilidad total y una empatía que no cabe en los horarios de oficina. Gobernar, vino a decir, es estar los 365 días del año, escuchar, intentar resolver y, cuando no se puede, decir la verdad.
No faltó tampoco la inevitable comparación con Telde. Juan Santana verbalizó incluso esa mezcla de admiración y envidia con la que muchos observan desde otros municipios la gestión de Mogán, y preguntó directamente si ese modelo podría trasladarse a lugares donde se echa en falta una política más pegada a la calle. Bueno respondió que desde su proyecto político están trabajando para extender esa forma de hacer las cosas a otros municipios y dejó abierta la puerta a futuras implantaciones. La sola mención a la posibilidad de un “Bueno para Telde” añadió un componente político de fondo que no pasó desapercibido.
La entrevista concluyó con una referencia institucional al Día de las Víctimas del Terrorismo y con un mensaje de agradecimiento por el espacio de reflexión compartido en los micrófonos de El Pulso.
Ya en el cierre del programa, Juan Santana resumió con claridad el sentido de toda la emisión. Habían hablado, dijo, de heridas, de verdad, de autenticidad y también de política, porque la vida y la gestión pública se parecen más de lo que algunos quieren admitir. La figura de Luis Eli sirvió para reivindicar el valor de mirarse hacia dentro; la reflexión sobre Telde volvió a poner sobre la mesa la brecha entre el discurso y la realidad; y la presencia de Onalia Bueno permitió mostrar que cuando hay cercanía, trabajo y compromiso con los vecinos, se nota.
El mensaje final fue tan sencillo como contundente: gestionar no es posar. Gestionar es estar, escuchar, resolver y dar la cara. Y ahí, una vez más, El Pulso reafirmó su razón de ser: preguntar, reflexionar y poner voz a lo que muchos piensan en la calle. En un tiempo lleno de titulares, filtros y propaganda, el programa volvió a reivindicar algo tan elemental como incómodo: la verdad sin disfraz.
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