CANARIAS: LA MEMORIA OLVIDADA DE UN PUEBLO

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Hay silencios que pesan más que las palabras. Y en Canarias existe uno especialmente doloroso: el olvido de nuestra propia historia. No se trata de una exageración ni de un recurso retórico. Es una realidad palpable en nuestras calles, en nuestras aulas y, lo que resulta más preocupante, en nuestras generaciones más jóvenes. Hoy, una gran parte de los canarios —especialmente menores de 30 o 40 años— desconoce casi por completo o en el mejor de los casos, solo poseen una vaga idea de estos hechos que han forjado la identidad de estas islas.

Este vacío no es casual. Es el resultado de décadas de abandono institucional, de una educación que ha relegado lo propio a un segundo plano y de una preocupante falta de compromiso por parte de quienes tienen la responsabilidad de preservar y difundir nuestra memoria colectiva.

Desde hace más de 25 años, de manera totalmente altruista, un marino mercante isleño de Telde como yo, ha recorrido las islas todas, con un objetivo tan sencillo como necesario; el contar nuestra historia. Sin subvenciones, sin apoyo institucional, sin más recompensa que la conciencia tranquila de quien lucha por lo que considera justo, y por puro patriotismo, he llevado a centros culturales, asociaciones y espacios públicos, relatos que deberían formar parte del conocimiento básico de cualquier canario.

Historias como la tragedia del Valbanera, símbolo del drama de la emigración forzada por el hambre; la llegada de los primeros pobladores desde el norte de África, mucho antes de la conquista; o el proceso de colonización castellana que transformó para siempre la realidad del Archipiélago. Episodios que no son anecdóticos, sino fundamentales para comprender quiénes somos, han sido mi caballo de batalla.

A ello se suma la defensa de un patrimonio inmaterial igualmente amenazado: «el léxico canario». Un modo de hablar que no es una simple variante del español, sino el reflejo de siglos de mestizaje cultural, de influencias atlánticas y de identidad propia. Hoy, ese patrimonio se diluye en la uniformidad lingüística sin que exista una política firme para su protección, con el beneplácito de las autoridades culturales del Gobierno de Canarias.

Pero si hay un capítulo especialmente sangrante por su olvido, ese es el de «los Cambulloneros». Hombres que, en una España empobrecida y aislada tras guerras devastadoras, encontraron en el «cambullón» una forma de supervivencia. Intercambiando productos con barcos extranjeros en los puertos canarios, sostuvieron a miles de familias en tiempos de escasez. No fueron delincuentes ni oportunistas, sino supervivientes. Y, sin embargo, su historia ha sido vergonzosamente borrada de la memoria colectiva canaria.

Resulta difícil aceptar que más del 80% de la población desconozca este fenómeno. Más difícil aun cuando se constata la indiferencia de las instituciones públicas encargadas de la cultura. La falta de respuesta ante propuestas desinteresadas para llevar estas historias a los colegios no es solo una descortesía administrativa; es una negligencia cultural. que yo mismo he sufrido en mis propias carnes.

Porque aquí no se está pidiendo protagonismo, ni financiación, ni reconocimiento personal. Se está reclamando algo mucho más básico: que la historia de Canarias ocupe el lugar que le corresponde en la formación de sus ciudadanos.

Este viernes 27 de marzo, a las 19:30 horas, en Gáldar y en su Casino, impartiré una conferencia/charla con una pequeña proyección de fotos y documentos de la época, sobre el fabuloso y desconocido mundo del: «Cambullón y los Cambulloneros» en el Puerto de La Luz.

 Un acto que, más allá de su valor divulgativo, representa también un gesto de resistencia frente al olvido. Un intento más de despertar conciencias, de recuperar la memoria y de recordar que un pueblo que ignora su historia está condenado a perder su identidad.

Con este este artículo no pretendo hacer una crítica partidista o política. Trato sencillamente de llevar a cabo un llamado a la responsabilidad a las autoridades culturales del Gobierno de Canarias, para que dejen de mirar hacia otro lado. A los responsables educativos, para que integren de manera real y efectiva la historia del Archipiélago Canario en los planes de estudio. Y a la sociedad canaria en su conjunto, para que valore y exija el conocimiento de sus raíces.

Porque Canarias no puede permitirse seguir siendo una tierra que desconoce su pasado. Y porque la historia no se defiende sola; necesita de quienes estén dispuestos a contarla, aunque sea en soledad.

Aún estamos a tiempo de corregir este abandono. Pero desgraciadamente el tiempo, como la memoria, también se pierden si no se cuida.

Te espero el viernes 27 a las 19.30 horas en Gáldar, primera capital de Gran Canaria, también conocida como: “Real Ciudad de los Caballeros” y aprovecho para pedirte que, si consideras de interés este artículo/invitación, lo reenvíes, entre más gente mejor

Gran Canarias y nuestra rica historia bien se lo merecen

¡Qué cosas!

Julio César González Padrón. Marino Mercante y Escritor

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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