Sin remontarse más atrás en el tiempo, resulta evidente que ni la Gran Recesión iniciada en el año 2008 y su largo impacto, ni la extraordinaria pandemia de 2020, en las instituciones de gobierno y en la sociedad de Canarias provocaron una rigurosa reflexión sobre la profunda fragilidad de su modelo de desarrollo.
Que tampoco las consecuencias inflacionarias que originó la invasión rusa de Ucrania en 2022 movieron a la búsqueda de mejoras ante las propias inercias más críticas. Y que, fatalmente, no han tenido el menor impacto en las prácticas de poder de las élites del archipiélago las grandes manifestaciones de abril de 2024 que -bajo el lema de «Canarias tiene un límite«- exigieron la protección de nuestra gente y nuestro territorio ante el modelo turístico de masas, la precariedad laboral y la falta de acceso a viviendas sociales.
Y así, la última agresión bélica al derecho internacional y humanitario perpetrada por la actual jefatura de EE.UU. y su aliado, Israel, esta vez, en Irán y que ha desatado múltiples riesgos como el cierre del Estrecho de Ormuz y el colapso de parte del tráfico internacional de petróleo, ha pillado a nuestra Comunidad en una larga crisis estructural, con una normalizada incapacidad colectiva para atener las problemáticas del presente y ausente de un proyecto de futuro adecuado a los tiempos muy críticos que corren.
Por lo que el incremento creciente de costes de los carburantes fósiles y de sus productos que ha provocado el conflicto, va a someter a una tensión enorme a los graves problemas enquistados en Canarias, a la pobreza que atenaza a un tercio de su población, a los déficits de viviendas asequibles y al creciente expolio y contaminación de nuestros entornos naturales, que tienen mucho que ver con las servidumbres a nuestra fuente principal de ingresos, el sobredimensionado negocio turístico, vinculado a llegadas masivas de corta estancia de turistas extranjeros.
Porque en nuestra tierra es muy conocido el “modo canario” que tienen las fuerzas que gobiernan para crear los problemas por inacción culposa, como en el abandono temerario del sector primario alimentario, estratégico para garantizar el autoconsumo, en la desatendida precarización de las condiciones de vida de la población o en la desestructuración consentida de nuestros ecosistemas y recursos.
Y de no ponerles remedio por negligencia dolosa, como en, tras décadas de dejación de las responsabilidades, la declaración de la emergencia energética, con la que se ha parcheado el riesgo inmediato de «cero energético» pero sin solventar la obsolescencia y fragilidad del sistema. O en la emergencia habitacional, habilitando decretos, mientras los precios del alquiler siguen subiendo, para facilitar licencias de nueva construcción, cuando hay, según el Instituto Nacional de Estadística, más de 100,000 viviendas vacías en el archipiélago.
Con todo, lo más dramático del desnortamiento que atenaza a nuestra comunidad, agravado por la desafección ciudadana, el éxodo de los talentos y la vulnerabilidad ante populismos, es que, mientras persistimos en un sistema insular de especialización turística global extremadamente frágil, porque depende de flujos externos continuos de energía, mercancías y visitantes, estamos olvidando el horizonte que tenemos en frente.
Nos encontramos ante una enorme policrisis -la mayor, medioambiental, la más peligrosa, civilizatoria- ante la que, si queremos asegurar nuestra supervivencia se van a requerir esfuerzos extraordinarios para potenciar en mucho nuestros recursos endógenos y las mejores capacidades comunitarias. Por el estado actual el mundo, nos toca transitar hacia un modelo poscrecimiento, que deberá redefinir las bases materiales del bienestar y potenciar una ética cosmopolita que extienda la cultura de la paz y la concordia entre las personas y los pueblos de la Tierra. Y como en tantos lugares en el mundo, en Canarias estamos llegando tarde. Ese es, si no nos meten en una deflagración global, el horizonte y el foco en el tiempo presente.
Xavier Aparici, filosofo y experto en gobernanza y participación
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