«GASOLINA: CUANDO EL PRECIO SUBE COMO UN COHETE… Y BAJA CUANDO QUIERE»

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Cada vez que el mundo se sacude por una crisis petrolera —una guerra en Oriente Medio, tensiones en el Golfo o cualquier amenaza sobre el suministro energético— ocurre algo que ya forma parte de la experiencia cotidiana de millones de ciudadanos y es qué, “el precio del combustible se dispara en cuestión de días”.

No hay margen de espera, ni dudas, ni prudencia. En apenas una semana el surtidor refleja la nueva realidad. Suben la gasolina y el gasóleo, y con ellos sube todo lo demás: el transporte, los alimentos, la logística, la producción industrial y, en definitiva, “el maldito coste de la vida” que, por desgracia, no nos afecta a todos por igual.

Hasta ahí, podríamos aceptar la lógica del mercado. “Si el petróleo sube, el combustible sube”. Y como decíamos de pequeño… ¡Y un huevo para tres!

El problema llega después, porque cuando la crisis se enfría, cuando el precio del petróleo vuelve a bajar o cuando el conflicto internacional deja de amenazar el suministro, el comportamiento del mercado cambia misteriosamente de velocidad.

Entonces ya no hay prisas., entonces aparecen las explicaciones técnicas, entonces la bajada tarda meses y meses en llegar; tres, cuatro o incluso seis meses para recuperar niveles que antes se perdieron en apenas unos días. Y en no pocas ocasiones, ni siquiera se recuperan del todo y claro ante este espectáculo repetido crisis tras crisis, el sufrido ciudadano de a pie, empieza inevitablemente a sospechar que algo no “coneja” (como decimos en Canarias).

Los economistas, que los hay hasta listos, de los que no se equivocan como escopetas viejas de feria, llaman a esto el “efecto cohete y pluma”: los precios suben como un cohete cuando el petróleo se encarece, pero bajan con la lentitud de una pluma cuando el crudo se abarata, aunque hay que apuntar que, este “cohete”, no es ni mucho menos, como ese otro,  que tanto gusta presumir a Pedro Sánchez, cuando habla de la velocidad de  economía española;  este para nuestra desgracia, es real como la vida misma.

La explicación oficial suele apoyarse en varios argumentos técnicos. Que yo, como no estudie bajo el plan de estudio de la LOGSE socialista, donde crean alumnos progres sí, pero burros hasta decir basta, sino que lo hice bajo aquel severo plan de estudios de 57, que tantas generaciones de profesionales tuvieron como base de sus etidios superiores, pues simplemente no me le creo.

Las compañías aseguran que los precios se fijan según el coste de reposición; es decir, el precio al que tendrán que comprar el combustible en el futuro inmediato. Si el petróleo está subiendo, dicen, deben ajustar rápidamente los precios para no vender hoy algo que mañana costará más caro.

 Pero amigo mío, la única verdad es que, sobre el papel, la lógica parece resultar impecable. Pero entonces en un viejo lobo de mar, con mucho salitre acumulado en sus ojos y además maúro de Telde como yo, le surge una pregunta inevitable:
 ¡Carajo!… ¿Si ese criterio es tan riguroso para subir los precios, por qué coño deja de serlo cuando toca bajarlos?

La respuesta no debería ser es especialmente misteriosa, aunque todos sabemos que, el mercado de los combustibles en muchos países está altamente concentrado en pocas compañías energéticas, que controlan gran parte de la distribución y del suministro y que con un mercado así, la competencia real se reduce y el incentivo para trasladar rápidamente las bajadas de costes al consumidor se vuelve mucho más débil.

 Si mis queridos amigos…Subir precios cuando el petróleo sube es casi automático, pero… ¡Amigo! Bajarlos cuando el petróleo baja… ya es otra historia, porque como dicen los comunistas de libro… ¡Alto camarada! Que ésta es de Mamá.

A eso se añaden otros elementos como: impuestos, costes logísticos, refinado o distribución, que efectivamente influyen en el precio final. Pero ninguno de ellos explica por sí solo por qué la velocidad de subida y de bajada nunca parece la misma.

Yo, aunque sea un infeliz y pobre maro de Telde, discuto que el precio del combustible depende de muchos factores y que no todo puede atribuirse a la especulación. Pero tampoco se puede ignorar un hecho evidente: cada crisis energética acaba dejando la misma sensación entre los ciudadanos; los precios suben rápido las bajadas llegan tarde y en ese intervalo alguien gana mucho dinero, mientras nuestro gobernante que, deberían abrir más los ojos, siguen en “Belen con los pastores. Claro que bien pen sado, ¿Qué más se le puede esperar de nuestra actual inepta clase política?

Tres preguntas con tres respuestas rápidas para ellos, los que se sientan en el Consejo de ministros del Gobierno y para todos los que ocupan butaca en el Parlamento (de todos los partidos) …. ¿Es ilegal? Probablemente no; ¿Es inmoral? Esa es otra discusión ¿Es socialmente aceptable? Cada vez menos.

Porque cuando un producto tan esencial para la economía moderna como el combustible se comporta sistemáticamente de esta manera, la confianza en el mercado empieza a erosionarse y eso como diría nuestro Julio Iglesia…”Y lo sabes”

Quizá por eso el ciudadano común termina recurriendo a algo mucho más antiguo que cualquier manual de economía: el refranero popular: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Una frase sencilla, directa, pero brutalmente vigente.

Porque cuando los precios suben en días, pero bajan en meses; cuando cada crisis acaba consolidando nuevos niveles más altos, y cuando siempre parece haber alguien que sale beneficiado del caos… Apesta a trapos quemados por todas partes

Mi pregunta que queda en el aire es tan clara como incómoda:

¿Estamos ante un simple funcionamiento imperfecto del mercado… o ante un sistema que, en tiempos de crisis, permite ganar demasiado a costa del bolsillo de todos?  

Volviendo como de costumbre a refugiarme para acabar mis artículos de opinión en las sabias exclamaciones del hombre socarrón del campo canario, te diré que… Visto lo visto hasta ahora cristiano, no me acaba de gustar la forma que tiene de cazar la perrita y si quieres,  a ese límpiale los mocos y cáselo con su hija, que la mía será de “Terde”, pero vale más que todo el dinero que  ganas estafando a la gente con la gasolina, cada vez que se meten mano los jodios  moros, pá allá  lejos  y no me vegas ahora a darme explicaciones “en peninsular” que sabes bien qué… ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!

Julio César González Padrón. Marino Mercante y Escritor

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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