CANARIAS BATE RÉCORDS TURÍSTICOS… PERO SU GENTE SIGUE ESPERANDO SU PARTE

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Durante los años más duros de la pandemia, el turismo en Canarias sufrió un golpe sin precedentes. Aeropuertos prácticamente vacíos, hoteles cerrados, miles de trabajadores en ERTE y una economía que, de la noche a la mañana, quedó paralizada. Aquella etapa dejó al descubierto hasta qué punto el Archipiélago depende de una sola actividad económica. Fueron meses de incertidumbre, de miedo y de reflexión sobre el modelo económico que sostiene a las islas.

Sin embargo, tras aquella profunda caída llegó una recuperación que pocos se atrevían a pronosticar con tanta rapidez. Entre 2023 y 2025 el turismo extranjero volvió con fuerza, hasta el punto de rozar cifras históricas. Los aeropuertos volvieron a llenarse, los hoteles alcanzaron altos niveles de ocupación y el gasto medio por visitante aumentó de forma notable. En términos puramente estadísticos, el sector no solo se recuperó; sino que, en muchos aspectos superó incluso los niveles anteriores a la pandemia.

A ello se sumó un incremento generalizado de los precios en el sector turístico. Las estancias hoteleras, la restauración, el alquiler vacacional y otros servicios vinculados al turismo experimentaron subidas significativas. Los ingresos globales del sector aumentaron y el turismo volvió a presentarse como el gran motor económico de Canarias.

En un principio, muchos analistas preveían que tras esa intensa recuperación podría producirse un pequeño retroceso natural, algo habitual después de periodos de fuerte crecimiento. Pero la realidad internacional ha vuelto a alterar las previsiones. La reciente crisis derivada de la guerra en Oriente Medio está afectando directamente a algunos destinos turísticos tradicionales del Mediterráneo y del norte de África, que compiten con Canarias por el mismo tipo de visitante europeo.

Como ha ocurrido en otras ocasiones en la historia reciente, cuando la inestabilidad aparece en destinos competidores, Canarias se convierte automáticamente en un refugio turístico percibido como seguro. Todo indica que esta situación puede provocar un nuevo incremento de visitantes durante este año, probablemente acompañado de otro aumento en los ingresos del sector.

Desde un punto de vista empresarial, las perspectivas son excelentes. Desde el punto de vista macroeconómico, las cifras serán seguramente celebradas como un nuevo éxito del turismo canario. Pero existe una pregunta incómoda que cada vez más ciudadanos se hacen … ¿Quién se beneficia realmente de este éxito?

Porque la experiencia reciente invita al escepticismo. A pesar de los récords turísticos alcanzados en los últimos años, la sensación general entre gran parte de la población trabajadora de las islas, es que esa prosperidad no termina de llegar a sus hogares. Los salarios en muchos sectores vinculados al turismo siguen siendo relativamente bajos en comparación con el enorme volumen de riqueza que genera la actividad.

Mientras tanto, el coste de la vida en Canarias ha aumentado de manera significativa. El precio de la vivienda, especialmente en las zonas más turísticas, se ha disparado. Los alquileres se han vuelto cada vez más inaccesibles para muchos trabajadores locales, en parte por la presión del alquiler vacacional y por la propia dinámica de un mercado muy tensionado.

A ello se suma el encarecimiento general de productos y servicios en áreas turísticas, donde los precios se ajustan más al poder adquisitivo del visitante extranjero que al del residente local. El resultado es una paradoja difícil de ignorar: regiones que generan millones gracias al turismo, pero donde muchos trabajadores tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes.

Esta realidad alimenta una percepción creciente de desequilibrio. Para una parte importante de la sociedad canaria, el gran negocio turístico parece beneficiar principalmente a las grandes cadenas hoteleras, a los grandes operadores internacionales y a determinados grupos empresariales, mientras que el impacto positivo sobre el bienestar de la población local resulta mucho más limitado de lo que cabría esperar.

No se trata de demonizar al turismo. Sería absurdo hacerlo. El turismo es, sin duda, la columna vertebral de la economía canaria y ha permitido durante décadas sostener miles de empleos y desarrollar infraestructuras que de otro modo habrían sido impensables. Negar su importancia sería ignorar la realidad.

Pero reconocer su importancia no significa renunciar al debate sobre su distribución de beneficios. De hecho, precisamente porque el turismo es tan importante para Canarias, resulta imprescindible preguntarse si el modelo actual es el más justo y el más sostenible a largo plazo.

¿Puede un territorio que recibe millones de visitantes cada año seguir teniendo salarios bajos en gran parte de su economía?
¿Es razonable que la prosperidad turística conviva con crecientes dificultades de acceso a la vivienda para la población local?
¿Hasta qué punto el modelo turístico está contribuyendo realmente al bienestar colectivo de quienes viven permanentemente en las islas?

Son preguntas legítimas que no deberían interpretarse como un ataque al sector, sino como una invitación a reflexionar sobre cómo mejorar el reparto de los beneficios que genera.

Porque el verdadero éxito del turismo no debería medirse únicamente en número de visitantes, en récords de ocupación hotelera o en facturación global del sector. El éxito real debería reflejarse también en la calidad de vida de la población local, en salarios dignos, en acceso a vivienda asequible y en oportunidades reales para las nuevas generaciones.

Canarias tiene hoy la oportunidad de plantear este debate con serenidad, sin caer en extremos ni simplificaciones. La previsión de una nueva ola de crecimiento turístico puede ser una excelente noticia para la economía. Pero también debería ser una oportunidad para preguntarse cómo lograr que esa bonanza económica llegue de forma más equitativa a toda la sociedad.

Porque si algo demuestra la historia reciente es que los récords turísticos, por sí solos, no garantizan justicia económica.

Y quizá ha llegado el momento de que esa sea la verdadera meta del futuro turístico de Canarias, el no solo atraer cada vez más visitantes, sino asegurar que la riqueza que generan se quede, de verdad, en la tierra que los recibe.

Porque no nos engañemos “cristiano”, Canarias no puede seguir conformándose con ser únicamente un destino turístico de éxito.
Debe aspirar también a ser un lugar donde quienes sostienen ese éxito con su trabajo, puedan vivir con dignidad, estabilidad y oportunidades reales.

De lo contrario, corremos el riesgo de seguir batiendo récords de visitantes mientras una parte creciente de la sociedad canaria continúa preguntándose, año tras año…, ¿Dónde está realmente la prosperidad de la que tanto se habla? O para decirlo con una expresión típicamente canaria¿Dónde fue cristiano, que se le apagó el farol? Porque para la leche que ha dado la “cabra calzona”, mejor que se la “jinque toita” el cabrito.

Porque hasta un alumno de esos “progres pero burros” producto de la LOGSE, entendería   que, un destino turístico puede presumir de cifras, de ocupaciones récord y de ingresos millonarios, pero una sociedad como la nuestra solo podrá presumir de éxito, cuando la prosperidad que genera alcanza también a su gente y esa es, quizá, la gran asignatura pendiente del modelo turístico canario.

Porque volviendo a nuestras sabias expresiones canarias…” No se me haga ahora  el inglés, pues en Canarias  todos sabemos que,  para una cabra partida, es preferible  un macho “colcovado”

Julio César González Padrón. Marino Mercante y Escritor

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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