TELDE Y EL ASFALTO MILAGROSO: AHORA RESULTA QUE LO PONE EL PP

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Mientras unos vecinos siguen esquivando baches prehistóricos, otros disfrutan de calles nuevas y de vídeos donde algún concejal parece dispuesto a echar el alquitrán con sus propias manos.

En Telde el asfaltado de calles ha entrado ya en una nueva dimensión. No hablamos solo de obras públicas, ni de mejoras urbanas, ni siquiera de un plan ordenado para adecentar vías destrozadas por el tiempo, el abandono y el castigo diario del tráfico. No. En Telde hemos alcanzado un nivel superior: el asfaltado con aroma a campaña, con olor a precampaña y con un descaro propagandístico que ya ni se esconde.

Porque los vecinos están mosqueados, y con razón. Ven cómo una calle aparece de pronto negra, reluciente y lisita, casi como una pasarela de aeropuerto, mientras la suya sigue convertida en una reserva natural del bache. Hay zonas donde circular ya no es conducir: es practicar un deporte de riesgo. Uno sale con el coche de casa y no sabe si va al trabajo o al Dakar. La suspensión cruje, los neumáticos imploran piedad y el conductor acaba desarrollando más reflejos que un piloto de rally.

Pero lo peor no es solo el estado de las calles que siguen esperando. Lo peor es la sensación de agravio. Porque el vecino mira la vía de al lado, recién asfaltada, y se pregunta por qué la suya continúa en versión paleolítica. Y como nadie le explica con claridad cuáles son los criterios, qué calles entran, cuáles no y por qué, la conclusión empieza a abrirse paso sola: aquí el asfalto no siempre parece responder a una planificación lógica, sino a esa vieja tradición política de actuar donde mejor luce la foto.

Y por si faltaba algo para completar la escena, aparece el PP lanzando un vídeo que poco menos da a entender que quienes están asfaltando Telde son ellos. Sí, el PP. No el Gobierno municipal. No el Ayuntamiento. No una administración que actúa con dinero público, con contratos públicos y con recursos pagados por todos los ciudadanos. No. El mensaje que se desliza es que aquí quien pone el asfalto es el partido, como si un buen día hubieran bajado de la sede con una pala, un rodillo y una cuba de alquitrán.

La imagen tiene su gracia. Sale el que apunta a ser candidato en las próximas elecciones, abandonando de vez en cuando su despacho privado, enfundándose el chaleco reflectante y plantándose ante la cámara con ese aire de quien supervisa el progreso de la civilización en Telde. Da la impresión de que, si uno pestañea, lo ve agarrando la pala, extendiendo mezcla asfáltica y rematando el bordillo a mano. Ya solo falta una toma en cámara lenta, con música épica, para que parezca que el hombre no gestiona un área municipal, sino que personalmente arregla las calles entre reunión y reunión.

La escena es tan exagerada que roza la comedia. Porque una cosa es informar de una actuación pública y otra bastante distinta es venderla como si fuera una generosa donación del partido de turno. Ahora resulta que no asfalta el Gobierno municipal, sino el PP. Curioso modelo de administración. El ciudadano paga impuestos al Ayuntamiento, pero según el vídeo parece que el favor se lo hace una sigla. Estamos ante el asfaltado caritativo: “te arreglamos la calle y casi deberías darnos las gracias en la próxima urna”.

Y cuando se le pregunta al alcalde quién asfalta en Telde, si el PP o el Gobierno municipal, la respuesta tampoco defrauda: le parece bien que cada concejal venda su parcela. Maravilloso. Una frase que retrata toda una forma de entender la política. Ya no hay gestión colegiada, ni proyecto de ciudad, ni responsabilidad compartida. Lo que hay son parcelas. Como si el Ayuntamiento fuese un mercadillo donde cada uno monta su puesto, cuelga su cartel y promociona su trocito de poder para ir calentando motores de cara a 2027.

Esa confesión, porque en el fondo lo es, explica muchas cosas. Explica por qué algunas actuaciones públicas se presentan como trofeos de partido. Explica por qué algunos concejales parecen más preocupados por salir en el vídeo que por explicar el plan completo. Y explica por qué el ciudadano termina con la sensación de que el asfalto no solo tapa baches: también intenta allanar el camino electoral de más de uno.

Porque no nos engañemos. Ya se empieza a notar el olor de la precampaña. Falta tiempo para 2027, sí, pero en política hay quien empieza a correr la carrera mucho antes de que suene el disparo. Y en Telde da la sensación de que algunas calles no se asfaltan solo para mejorar la movilidad, sino también para mejorar la fotogenia del candidato. El problema no es el rodillo. El problema es el uso del rodillo como atrezzo.

Mientras tanto, en las calles olvidadas continúa la vida real. Los vecinos siguen sorteando socavones. Los coches continúan sufriendo. Los barrios esperan. Y muchos ciudadanos contemplan este espectáculo entre la indignación y la risa amarga. Porque hay que tener valor para convertir una obligación de gobierno en una pieza de propaganda partidista. Y hay que tener todavía más cara para hacerlo cuando media ciudad sigue preguntándose por qué en unas calles llegó el siglo XXI y en otras todavía manda el pleistoceno.

Al final, lo que molesta no es solo el bache. Lo que de verdad enfada es la tomadura de pelo. Que se quiera vender como hazaña política lo que debería ser una rutina de buena gestión. Que se utilice dinero público para construir relato de partido. Y que encima se haga con esa naturalidad de quien cree que los ciudadanos no atan cabos. Pero los atan. Y cada vez mejor.

En Telde no solo hay calles llenas de agujeros. También hay una política llena de parches, de vídeos y de parcelas. Y así, entre el chaleco, la pose y el spot, algunos parecen haber confundido el Ayuntamiento con una productora electoral.

Porque una cosa es asfaltar calles y otra muy distinta intentar asfaltar el camino hacia 2027 con propaganda. Y en Telde, visto lo visto, hay quien no sabe ya si gobierna una ciudad… o rueda un anuncio.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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