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Nada más lejos de lo imaginado… se trataba de un hombre sin escrúpulos, frío y calculador. Tenía ceñida a su cintura la funda de una pistola y un rifle colgado en la pared, junto a la puerta de la ermita. Unos potentes prismáticos colgaban de su cuello… guantes negros de piel fina cubrían sus manos… su cabeza estaba cubierta por una gorra con orejones y visera y sus atuendos no eran los de un eremita… más bien los de un militar o algo parecido…
Algo nervioso se le veía, pues no paraba de entrar y salir como si estuviera vigilando a alguien en su interior…
Su corto cabello, su abundante y descuidada barba lo delataban… no era un ermitaño, era un…
Tomando sus prismáticos observaba todo a su alrededor… era como si esperara que alguien le viniera a ver…
Fray Jago sintió que algo no iba bien… que lo que estaba viendo no era normal y tomando ciertas precauciones para no ser descubierto se alejó hasta estar en lugar seguro donde pudiera ver sin ser visto.
Fray Jago no entendía como la noche anterior unas luces le pedían que socorriera a quien presuntamente estaba retenido en ese lugar y sólo encontró a aquel despreciable hombre… a no ser que dentro de la ermita estuviera Filippo retenido en contra de su voluntad.
Con cierta cautela abrió su mochila y encontró lo necesario para poder resistir el frío de la noche que en pocas horas se dejaría notar: ropa térmica… unos prismáticos de visión nocturna… cuerdas…un pico y una pala… suficiente comida para tres días… una linterna… un silbato… un espejo… bolsa de aseo… una navaja y un machete… un embudo… dos cantimploras… una botella de aguardiente… y un impermeable de color blanco, como la nieve, que le llamó poderosamente la atención por las instrucciones que tenía…
El impermeable, según decían las instrucciones, quien se lo ponía era invisible a la vista de los demás…
Jago confió en lo que leía… algo le decía que aquel impermeable sería una buena solución para poder entrar en la ermita sin ser visto y así poder ver si el falso ermitaño estaba sólo o tenía compañía…
Tomando las oportunas precauciones esperó a que cayera la noche y cubriéndose con el impermeable blanco bajó a la ermita…
El presunto ermitaño no se percató de la llegada de Jago… no lo veía ni sentía su presencia… ¡realmente era invisible!
Jago entró en la ermita y tras pasar por delante del fraudulento ermitaño quedó horrorizado al ver que, en el suelo y maniatado, estaba fray Filippo con signos de haber sido violentado y maltratado…
Filippo estaba sentado en el suelo, cerca de una ventana, lejos de la estufa… sus manos y pies estaban atados con cuerdas que le imposibilitaban moverse…
Sabiendo que no sería descubierto me acerqué a Filippo y sobre el piso que estaba un poco sucio le escribí: …punto raya raya punto… espacio… punto raya… raya punto punto raya…
Filippo entendió lo escrito y alzando los ojos cerró sus parpados y sonrió.
El impermeable era milagroso… ocultaba mi presencia y eso era un buen presagio para mí porque podría moverme por toda la ermita sin ser descubierto.
Viendo que el presunto ermitaño estaba sentado junto a la puerta, de espaldas a Filippo, aproveché para darle un poco de agua de mi cantimplora y acariciarlo… gesto que Filippo agradeció con una sonrisa en sus labios.
Cada vez estaba más convencido de que aquel impermeable era obra de la Divina Providencia que lo había puesto para salvar a Filippo, pero había un inconveniente… sólo había uno y difícilmente podría liberar a Filippo y sacarlo de allí sin ser descubierto.
Dios nos dará la solución pensó Jago… Hasta ese momento no le había fallado y todo iba saliendo bien, mejor de lo esperado, aunque le quedaba la triste misión de darle la fatídica noticia de la muerte de Kyle y eso le apenaba…
Tendría que pensar en cómo sacarlo y cuanto antes, pero no encontraba el momento oportuno hasta que escucho cómo un montañero llamaba la atención del impostor ermitaño…
Era un montañero solitario… parecía que se había perdido y buscaba cobijo para pasar la noche… Nada más lejos de la realidad, el montañero sabía dónde iba y a quien quería encontrar…
Al escuchar su timbre de voz supe enseguida de quien se trataba: no era otro que Esmond, el médico que visitaba el Convento.
Lo extraño del caso era saber qué hacía en ese apartado lugar, lejos de su consulta y teniendo un trato muy amigable con el impostor.
-¿Ha dicho algo el fraile Filippo? -preguntó Esmond a Zsold, que así se llamaba el falso ermitaño.
-Aún no ha dicho palabra alguna -contestó Zsold. Está muy callado y eso que le he dado una buena paliza… pero nada, no dice nada…
-Pues tiene que decirte la fórmula y el nombre de esa misteriosa flor que necesito para mi libro -dijo Esmond mirando de reojo a Filippo que asombrado lo miraba…
-¿Y si no habla? -preguntó Zsold…
-Pues… tú mismo… tú sabrás lo que tienes que hacer -replicó Esmond haciendo un gesto como de empujar al vacío.
-Le meto dos tiros y lo dejo caer -dijo Zsold.
-No seas bruto, hombre -exclamó Esmond. Si le pegas dos tiros y lo encuentran eres hombre muerto, porque la policía intervendrá y tarde o temprano darán contigo y será peor para ti.
-Si caigo yo… caes tú -dijo Zsold con voz amenazante…
-Nadie podrá saber que tenemos relación alguna -dijo Esmond. Mi reputación es intachable y tengo coartada. Ahora mismo estoy en un congreso en Roma y mis amigos me cubren la ausencia…
Ahora lo entiendo… decía Jago. Esmond quiere saber las fórmulas y las plantas que Filippo ha venido a buscar y por eso ha montado todo este embrollo…
Esmond tenía envidia de Filippo por su gran éxito en sus fórmulas y escritos publicados en los que utilizaba ciertas flores y plantas medicinales que guardaba con gran sigilo…
Era evidente que Esmond quería todas las fórmulas y secretos para editarlos y ganarse un reconocimiento que no se merecía y ¡cómo no! el sustancioso premio económico que daban y que al Convento le hacía más falta que a él.
Estaba claro… estos dos lo tenían bien planeado… si salía como pensaban tendrían mucho dinero para repartir y el único perjudicado sería Filippo que, al no ser buen montañero, nadie podría suponer que lo que parecería un accidente de montaña, en realidad sería una muerte planeada, pues cuando se encontrara el cuerpo de Filippo en el fondo del barranco todos pensarían que se había caído…
Pero no contaban con que Jago estaba allí escuchando sus macabros planes y que Filippo le había avisado por medio de una carta…
Esmond insistía en que necesitaba encontrar la misteriosa flor que Filippo había venido a buscar y que el auténtico ermitaño conocía la fórmula para elaborar la medicina que decían era milagrosa…
-Necesito esa flor y la fórmula cuanto antes -insistía Esmond… no tengo tiempo que perder, y si antes de la primavera no tengo el libro editado perderé la opción al premio de dos millones de euros y seré el hazme reír del colectivo médico… y eso no lo voy a consentir, y menos por culpa de un miserable fraile que no quiere hablar…
El falso ermitaño miraba a Filippo de reojo frotándose las manos cuando de pronto dijo:
-Cantará… ya lo creo… cantará y rapidito…
-Muy claro lo tienes tú -dijo Esmond
-A este lo pongo boca abajo en el acantilado y verás si canta -dijo Zsold…
-No seas bruto -replicó Esmond. Mira que, si se te cae, para nada habrá servido montar todo este enredo…
-No pesa tato como para que se me caiga -dijo Zsold. Lo sujetaré bien con una cuerda por los pies y cuando pase un buen rato a la intemperie verás cómo habla…
-Déjate… déjate de tonterías -comentó Esmond. Tú ya tienes un muerto a tus espaldas y eso no te lo quita nadie… mataste al ermitaño para ocupar su puesto y tengo testigos que están dispuestos a declarar en tu contra y… no querrás que eso ocurra…
¿Testigos? ¿Ermitaño asesinado? Uy… uy… uy… esto se pone feo -comentó fray Jago sin que lo escucharan… Ahora entiendo quién era aquel hombre del Depósito… era el verdadero ermitaño y no el Pater Filippo como creía el Inspector de Policía. Pero… ¿cómo puedo avisar a Zolthan si aquí no hay cobertura y no pasa nadie por este lugar en esta época del año? Se preguntaba Jago…
-No ha contado con la sobrina de Filippo -dijo Zsold. Ella sabe que su tío está por estos lugares… que vino en busca del eremita para que le diera el nombre de la flor para la fórmula…
-De la pobre sobrina ya me encargué yo -dijo Esmond riéndose… Tuvo un accidente pocas horas antes de encontrarse con fray Jago y jamás llegó a su cita… ¡¡¡ja ja ja!!!
-¿Está muerta? -preguntó Zsold con cara de sorpresa…
-Sí, lo está -afirmó Esmond Yo mismo me encargué del accidente… esa no podrá decir ya nada… ¡¡je je je!!
Fray Filippo derramó unas lágrimas al oír a Esmond cómo confesaba el cruel asesinato de Kyle, su sobrina…
-No te saldrás con la tuya, Esmond -dijo Filippo. Lo pagarás muy caro…
-Dudo que así sea -dijo Esmond… Cuando tenga la fórmula y la flor que vengo buscando no será usted quien pueda delatarme… una fortuita caída y ¡zás! el fraile al infierno de cabeza o al cielo, si es que está en paz con Dios…
-Alguien vendrá a rescatarme -dijo Filippo mirando al cielo… alguien vendrá… lo sé, lo presiento…
-Permítame que lo ponga en duda -dijo Esmond riéndose… El fraile que vino del Convento ya regresó de nuevo a Bolonia… lo vi subir al tren y ahora mismo está usted más sólo que la una… ¡¡ja ja ja!!
-Nadie va a venir a rescatarlo y si lo hicieran tengo suficiente munición como para cargarme a cinco si se ponen a tiro -dijo Zsold desenfundando su pistola y señalando el lugar donde tenía el rifle…
-Dios está conmigo… él me ayudará… -exclamó Filippo…
-No espere milagros donde no los hay -dijo Esmond. En unos días este lugar se llenará de nieve y nadie podrá socorrerle y cuando lo hagan ya estará más que muerto…
-Este se cree que va a salir vivo de aquí -dijo Zsold en tono sarcástico…
-Tranquilo, tarde o temprano nos dirá lo que queremos saber y se reunirá con su amado Dios -dijo Esmond riendo… cuando el hambre le pase factura cantará… ¡Ya lo creo que cantará!
-No esté tan seguro -dijo Filippo. Antes prefiero morir de hambre que revelar mi secreto… Jamás la tendrá.
-Usted mismo… -dijo Zsold mostrándole su pistola…
-No se le ocurra disparar -dijo Esmond interponiéndose entre ambos…
-Tranquilo… no soy tan estúpido -dijo Zsold…
-Un disparo podría provocar un alud y quedaríamos aislados los tres hasta la primavera y no hay suficiente comida para todos y yo tengo que regresar a Bolonia en dos días -dijo Esmond muy acalorado….
-Sólo lo haré en caso de extrema necesidad -dijo Zsold. Tengo un rifle de largo alcance para estos menesteres… está colgado junto a la puerta de la ermita… aquel del mango de madera dorado…
-Ya me estoy cansado -dijo Esmond zarandeando a Filippo. No sea tan terco y dígame qué flor es y esa maldita fórmula…
-¡Jamás lo sabrá… jamás! -exclamó Filippo. Esa fórmula jamás la sabrá y se irá conmigo a la tumba…
-Si es ese su deseo -dijo Zsold levantando al fraile y acercándolo al acantilado… un simple empujón y…
-No sea burro Zsold -dijo Esmond. Si lo mata perderemos todos… Usted su dinero y yo mi prestigio y fama que ya lo huelo… Déjelo junto a la ventana, lejos del calor de la estufa y esperemos que el hambre le haga recapacitar…
Aquella noche la pasó Filippo alejado de la estufa, bajo la ventana abierta y soportando temperaturas de tres grados bajo cero… tiritando de frío y viendo como sus agresores degustaban un buen vino, comían carne asada y se calentaban junto a la estufa de leña…
En la oscuridad de la noche se podían escuchar las tripas de Filippo… tenía el estómago vacío y se retorcía de dolor…
Algo tenía que hacer fray Jago para que fray Filippo pudiera alimentarse sin que sus agresores se dieran cuenta de su presencia…
Fray Jago movió la biblia de un lado para otro de la mesa para que fray Filippo supiera que aún estaba allí… que no estaba solo…
Esperó a que Zsold y Esmond quedaran profundamente dormidos después de que terminaran con el asado y la gran jarra de vino, para tomar algo de pan y un poco de agua y darle de comer y beber a Filippo
Viendo fray Jago que Zsold y Esmond dormían profundamente se descubrió de su blanco impermeable y se mostró ante Filippo que, con lágrimas en los ojos por la emoción del momento, le expresaba su gratitud.
Fray Filippo daba gracias al cielo porque sabía que Dios lo había enviado para salvarle de una muerte segura. Pero… cómo sacarlo de allí sin ser descubiertos ese era el problema…
Ambos conocíamos el abecedario morse y utilizando los parpados de los ojos pudimos comunicarnos en el silencio de la noche.
Fray Filippo le dijo a Jago que en su mochila tenía guardados unos somníferos… que si los mezclaba con el vino quedarían profundamente dormidos… y que hasta pasadas al menos ocho horas no despertarían…
Le dijo que esperara que amaneciera… que era peligroso hacerlo en ese momento y le daba las gracias por haber venido a rescatarle…
Al amanecer del nuevo día, aprovechando que Esmond y Zsold hablaban en el exterior de la ermita, fray Jago aprovechó el momento para echar en varias botellas de vino somníferos…
Esmond entró en la habitación donde estaba Filippo y con un gesto despreciable se despidió diciéndole:
-Me marcho… debo regresar a Roma cuanto antes… espero que sea un buen chico y le dé a Zsold el nombre de la flor y la fórmula ates de que lo mate…
Cogió su mochila y un par de botellas de vino y se alejó de la ermita, montaña abajo, camino de su destino… o eso creía él…
Cuando ya no se veía a Esmond entre los claros del sendero del carnero, en la pronunciada bajada, Filippo llamó a Zsold pidiéndole un poco de vino pasa saciar su sed.
Zsold quedó asombrado al escuchar a Filippo pedirle con mucha humildad y respeto lo que tanto ansiaba tomar.
-¿Quiere un vaso de vino? -preguntó Zsold… Si quiere un vaso de este excelente vino antes me tiene que decir lo que queremos saber y será complacido… se lo prometo.
Filippo dio muestras de complacer la petición de Zsold y acercándose éste al fraile escuchó el nombre de la flor y la fórmula…
Repentinamente se apartó del fraile y riéndose le dijo:
CONTINUARÁ…
Javier Martí, escritor y colaborador de ONDAGUANCHE
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