El pleno ordinario celebrado este viernes en el Ayuntamiento de Telde fue, una vez más, una radiografía perfecta del momento que atraviesa la ciudad: gestión a destiempo, planificación inexistente y una preocupante normalización del “ya lo arreglaremos después”.
Porque si algo quedó claro durante más de cuatro horas de sesión es que este gobierno municipal no gobierna: regulariza. No planifica: repara. No anticipa: reacciona.
El pleno de las facturas: ENDESA como concejala invisible
La sesión arrancó con un ritual ya habitual: el desfile de reconocimientos extrajudiciales de crédito. Facturas de electricidad atrasadas, acumuladas, olvidadas o simplemente ignoradas durante meses que ahora vuelven al pleno convertidas en trámite urgente.
ENDESA y ELECNOR fueron, sin estar presentes, las verdaderas protagonistas del día. Centros educativos, alumbrado público, dependencias municipales, Jinámar, locales sociales… todo pasó por caja a posteriori, como si la electricidad fuera un lujo imprevisible y no un servicio básico que se sabe que hay que pagar todos los meses.
Más de 300.000 euros en facturas atrasadas aprobadas entre abstenciones resignadas y silencios gubernamentales. Nadie explicó por qué no se pagó cuando correspondía. Nadie asumió responsabilidad política. Nadie pidió disculpas.
Aquí no pasa nada: se paga tarde y se sigue.
Abstenerse como forma de gobierno
La palabra más repetida del pleno no fue “proyecto”, ni “plan”, ni “futuro”. Fue abstención.
Un síntoma claro de un gobierno que no genera consenso ni confianza, ni siquiera para sus propios expedientes.
El Reglamento Orgánico de Gobierno y Administración se aprobó inicialmente… con abstención. Un reglamento que promete orden cuando la casa está desordenada, y participación cuando la ciudadanía lleva años sin ser escuchada. Treinta días de exposición pública que suenan más a trámite que a convicción democrática.
Fiestas de 2027: lo único que llega a tiempo
Curiosamente, lo único que llegó con previsión fue la aprobación de las fiestas locales de 2027. San Juan y San Gregorio quedaron fijados sin debate, sin tensión y con unanimidad.
Una metáfora perfecta: las fiestas se planifican a dos años vista; los servicios públicos, mes a mes y con retraso.
Urbanismo creativo: hoy es Lomo de La Herradura, mañana Hoya del Pozo
Uno de los momentos más surrealistas del pleno llegó con la rectificación de un “error de hecho” en la cesión de parcelas municipales al Instituto Canario de la Vivienda.
Donde antes se decía Lomo de La Herradura, ahora resulta que siempre fue Hoya del Pozo. Parcelas que cambian de ubicación administrativa con una facilidad pasmosa, como si el planeamiento urbano se escribiera con lápiz y goma.
Todo muy técnico, todo muy legal, todo muy correcto… pero inquietante. Porque cuando los errores afectan a suelo público y vivienda social, la improvisación deja de ser anecdótica.
Urgencias que no lo eran… hasta que lo fueron
Llegaron después los asuntos de urgencia. Más pagos pendientes. Más facturas. Más reconocimientos extrajudiciales.
Urgente no porque haya pasado algo imprevisto, sino porque se dejó pasar el tiempo. En Telde, lo urgente suele ser lo que se olvidó ayer.
Ruegos y preguntas: donde el pleno se convierte en espejo
Y entonces llegó la parte incómoda. La que no se puede esconder en expedientes ni en tecnicismos. Ruegos y preguntas.
Ahí la oposición puso palabras a lo que muchos vecinos sienten:
• Una plantilla municipal exhausta, con ofertas de empleo público caducadas, plazas perdidas y servicios esenciales al límite.
• Una Policía Local bajo mínimos, con turnos imposibles y situaciones tan graves como solo dos agentes en servicio en fechas clave.
• Un Ayuntamiento que pierde técnicos, juristas, arquitectos y trabajadores sociales mientras el gobierno mira hacia otro lado.
La acusación fue clara: dos años y medio perdidos, mesas de negociación convocadas cuando hay protestas, desprecio a los representantes sindicales y una absoluta falta de planificación en Recursos Humanos.
Playa del Hombre: un año y cuatro meses mirando al suelo
Otro de los puntos negros fue el asentamiento ilegal en Playa del Hombre y Hoya del Pozo.
Desde septiembre de 2024 el problema está diagnosticado. Desde entonces, lo único que ha crecido es la insalubridad, la tensión vecinal y la sensación de abandono.
Casetas, vehículos, residuos, conflictos, inseguridad. Mucha alarma social y cero soluciones visibles. Promesas de reuniones que nunca llegaron, anuncios que se evaporaron y un barrio cansado de esperar.
La costa de Telde: silencio, decretos tardíos y banderas bajadas. Y como telón de fondo, la contaminación del litoral. Un asunto que atraviesa plenos, meses y playas cerradas.
Cierres tardíos, decretos a contrarreloj, informes que no se comparten, versiones cruzadas y una pregunta que sigue sin respuesta:
¿por qué se actuó tarde y por qué se ocultó información durante semanas?
Las banderas azules recogidas, las pérdidas económicas para comercios y la incertidumbre ciudadana contrastan con un gobierno que sigue sin explicar con claridad qué pasa en la costa de Telde.
Final solemne, realidad tozuda
El pleno cerró con declaraciones institucionales impecables: contra la violencia de género, a favor del cáncer infantil, minutos de silencio y consensos morales incuestionables.
Actos necesarios. Dignos. Humanos. Pero que dejan una paradoja difícil de ignorar: solemnidad en los manifiestos, improvisación en la gestión.
El pleno de enero confirmó lo que ya es evidente en la calle:
Telde vive instalada en el modo parche.
Se paga lo que no se pagó.
Se corrige lo que se hizo mal.
Se promete lo que no se ejecuta.
Y se guarda silencio ante lo que incomoda.
Mientras tanto, la ciudad sigue esperando algo más que expedientes: liderazgo, planificación y verdad.
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