O estamos ante un milagro marítimo digno de canonización exprés, o resulta que el de la actualidad —el mismo que ya fue capaz de reinterpretar (por decirlo fino) un informe de un catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria— ha dado ahora un paso más en su carrera: controlar las corrientes marinas a golpe de titular.
Aquí no hay física, ni vientos, ni mareas: hay redacción creativa con superpoderes.
Porque, casualidades de la vida (y de la marea), aparece otra mancha aceitosa frente a Salinetas, avanzando con decisión hacia Taliarte. La Plataforma Ciudadana por un Mar Limpio de Telde manda fotos, vídeos y hasta la intuición vecinal de toda la vida: la línea oscura sale de las jaulas más próximas a la costa.
Pero tranquilos, que el relato ya viene con salvavidas.
Según la versión “oficialísima”, la culpa no es de nadie en concreto: es del viento sur, ese ente caprichoso que, cuando conviene, empuja, gira, disimula y, si hace falta, desmiente. Un viento tan obediente que parece leer antes el editorial.
Mientras tanto, los vecinos —que no tienen cátedra pero sí ojos— apuntan de nuevo a Acuanaria, responsable de las jaulas de engorde en la bahía. Y lo hacen recordando que esto no es nuevo, que la recta final de 2025 dejó mortandad masiva de peces, cinco playas cerradas y muchas preguntas sin responder.
Pero oye, aquí todo es espuma informativa: se agita, se blanquea y se deja reposar.
La plataforma lo dice claro (sin viento de por medio): las jaulas no son compatibles con un litoral pegado a zonas de baño, ciencia y vida cotidiana. Piden retirada, investigación real y calendario, no más mareas de palabras. Denuncian falta de transparencia y años de incidencias repetidas. Lo que viene siendo un déjà vu con olor a pescado.
¿Y por qué ahora tanto nervio?
Porque se oye el rumor del séptimo informe —ese que no se deja domesticar— y pone las cosas en su sitio. Porque cuando los informes hablan claro, los relatos tiemblan. Y cuando tiemblan, suenan tambores… incluso tambores de imputaciones.
Así que nada: o creemos en milagros oceánicos, o aceptamos que la verdad lleva tiempo intentando salir a flote mientras algunos siguen moviendo corrientes con titulares.
La costa de Telde no necesita magia. Necesita luz, datos y valentía.
Lo demás es marear la perdiz… y aquí ya huele a mar revuelto.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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