Juan Antonio Peña ‘el bueno’ llora. El autoproclamado ‘alcalde del pueblo’ se hace el mártir porque según su quijotesco relato de la realidad, la concejala de Vox, Esmeralda Cabrera, le espetó en el último pleno municipal “síguete riendo que te parto los dientes” o “payaso”. Cabrera lo niega. Y aquí, sin grabación pública clara y sin un acta que recoja literalmente la frase, lo prudente es decir lo obvio. ¿Debemos creer a un alcalde mentiroso patológico que lidera un partido basado históricamente en la manipulación y el enredo?
¿Cuándo empezó a aplicarse ese listón en la Alcaldía? ¿Desde cuándo el respeto institucional es una exigencia y no una práctica para el compungido Peña? Porque, si algo se repite en los plenos de Telde (según denuncias de la oposición), es precisamente lo contrario, interrupciones, murmullo constante, uso del reglamento como porra y una manera de presidir que confunde autoridad con superioridad. Además, su aparente misoginia le señala. Encontronazos y vejaciones plenarias con Carmen Hernández, Lidia Mejías, Celeste López, Pilar Mesa, Esmeralda Cabrera… una lista demasiado larga como para creer en la casualidad.
EL RESPETO INSTITUCIONAL NO SE PREDICA: SE EJERCE
Nueva Canarias Telde, por ejemplo, denunció al finalizar un Pleno la “falta de respeto” del alcalde hacia su portavoz entonces, Celeste López. López pidió que no se le interrumpiera, el alcalde respondía que no había dicho nada, que serían “las voces”, escudándose en “los ruidos de la Plaza de San Juan”.
Llámalo ironía, llámalo chascarrillo, llámalo como quieras, desde la presidencia del Pleno, insinuar que una portavoz “escucha voces” no es una broma inocente. Es una forma de desautorizar, ridiculizar y desviar el debate. Es convertir el hemiciclo municipal en una tarima donde quien manda se permite el lujo de humillar con una sonrisa. Si de verdad “no todo vale”, no vale para nadie, tampoco para quien lleva el bastón de mando. El alcalde no puede ponerse exquisito con los modales ajenos mientras tolera (o practica), el menosprecio institucional cuando le conviene.
LA “LEY MORDAZA” DEL REGLAMENTO: CUANDO EL PLENO SE CONVIERTE EN MONÓLOGO
El segundo caso que recordamos es aún más serio, porque ya no hablamos solo de gestos o frases, sino del funcionamiento democrático del Pleno. En el debate sobre el Polideportivo Paco Artiles, el concejal Héctor Suárez intervino cuestionando la fórmula de adjudicación, alertando de riesgos legales y falta de garantías. Hasta ahí, oposición haciendo oposición, fiscalizar, preguntar, apretar donde duele.
¿Y qué ocurre? Que, cuando el alcalde responde “cargando las tintas”, decide no concederle el turno de réplica a Suárez. Es decir, te contesto, pero tú ya no puedes contestar. Cierro yo. Punto final. Eso, en política municipal, no es un detalle menor. Es una manera de mandar un mensaje muy claro, la palabra está racionada, y la oposición habla hasta que al gobierno le incomoda. Y cuando un alcalde usa el Reglamento Orgánico Municipal como si fuera un interruptor para apagar micrófonos (o acortar tiempos quirúrgicamente) lo que está haciendo no es “poner orden”. Está fabricando un Pleno a su medida, donde él siempre tiene la última palabra y los demás actúan de figurantes.
Lo más llamativo es la incoherencia: el propio Peña, cuando era oposición, denunció el “rodillo” y la “falta de democracia” de gobiernos anteriores. Hoy aplica ese rodillo con una precisión que ya quisiera un relojero suizo. Antes era autoritarismo, ahora es “reglamento”. Antes era censura, ahora es “organización del debate”. Cambia el discurso, pero la sensación es la misma: “Aquí mando yo”.
EL DOBLE RASERO, INDIGNACIÓN SELECTIVA Y VICTIMISMO RENTABLE
Con ese historial encima de la mesa, el discurso del alcalde contra Esmeralda Cabrera suena menos a defensa de la convivencia democrática y más a indignación selectiva. Se escandaliza cuando el golpe le roza a él, pero minimiza (o normaliza) los golpes institucionales cuando los reparte desde la presidencia.
Y no, no se trata de justificar insultos ni amenazas. Si alguien dijo “te parto los dientes”, eso es intolerable. Pero precisamente por eso, el alcalde debería saber que la ejemplaridad es de ida y vuelta. No basta con denunciar lo que te ofende. Hay que revisar lo que haces cuando el foco no está sobre ti. Porque el respeto institucional no es un post en redes. Es una forma de dirigir un Pleno, escuchar sin interrumpir, permitir la réplica, no ridiculizar a portavoces, no convertir el reglamento en un arma y no confundir firmeza con soberbia.
PERMITIÓ QUE SERGIO RAMOS MONTARA MUCHOS CIRCOS PLENARIOS
Peña el ‘dolido’ también permitió la actitud “provocadora y chulesca” del entonces vicealcalde Sergio Ramos, con gestos como “regalar constituciones” en el Pleno, interpretado como una falta de respeto hacia los concejales socialistas, “como si fueran ignorantes”. El denominador común vuelve a ser el mismo, una cultura política del desprecio, del numerito, del “yo te marco el terreno”.
Y cuando el gobierno municipal se acostumbra a gobernar desde la provocación o la burla, el Pleno deja de ser un espacio para debatir soluciones. Se convierte en un ring. Y en ese ring, el alcalde no puede posar de árbitro neutral cuando también reparte codazos.
O SE PREDICA CON EL EJEMPLO, O SE CALLA
Juan Antonio Peña tiene derecho a exigir respeto. Lo que no tiene es derecho a exigirlo solo cuando le conviene. Si de verdad cree que “no todo vale”, el primer lugar donde debe aplicarlo es en su propia conducta y en su manera de presidir.
Porque un alcalde no está para ganar discusiones, está para garantizar que la institución funcione con reglas claras y con respeto para todos, especialmente para quien fiscaliza. Si la oposición denuncia que se le ridiculiza, se le corta la réplica y se le aprietan los tiempos para evitar “réplicas incómodas”, lo mínimo es que el alcalde no se refugie en discursos grandilocuentes en redes sociales. Lo mínimo es que cambie el tono, cambie las formas y cambie el modelo de Pleno. Si no lo hace, su mensaje queda reducido al populismo más rancio del que hace gala desde que llegó a la alcaldía.
Juan Antonio, a llorar a la marea: «Donde las dan, las toman».
Florentino López Castro, formado en periodismo por la Universidad Internacional Isabel I de Castilla y es director de ONDA GUANCHE
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2 comentarios en «JUAN ANTONIO PEÑA ‘EL BUENO’ LLORA: «DONDE LAS DAN, LAS TOMAN»»
ESTO VERIA ESTA CASTIGADO POR LA LEY LAS PUBLICACIÓN
esta Barbie se cree el ojo del ombligo ya le tomaremos en cuenta en próxima reunión, esta chica siempre lo mismo, quiere sobresalir y tiene mal perder