¿Qué significa para usted este reconocimiento después de tantos años de compromiso social?
Cuando recibí la noticia, no me lo esperaba en absoluto. Hace poco el municipio de Telde me otorgó otro reconocimiento por mi labor activista, pero siempre he sentido que no logro nada sola: todo mi trabajo ha sido en colaboración con organizaciones que luchan por diferentes causas. Lo que he hecho siempre ha sido de manera colectiva, militando en organizaciones sociales y políticas en las que la solidaridad internacional ha sido el eje central. Estoy muy contenta por este premio, pero también, por mi exigencia personal, lo tomo como un motivo para seguir revisando y mejorando mi trabajo, asegurándome de que esté bien hecho y pueda seguir aportando de manera significativa.
Su activismo comenzó muy joven, cuando entró en la Hoac con solo 12 años. ¿Qué recuerdos tiene de ese momento y cómo influyó en la persona que es hoy?
Mi entrada en la HOAC coincidió con el inicio de mi vida laboral, y para mí fue un momento de mucha felicidad. Conocer a las personas que conocí allí —algunas de las cuales sigo compartiendo militancia— ha sido de lo mejor que me ha pasado, porque mi activismo es un activismo que realmente me hace feliz. Nunca me pongo de perfil; siempre me involucro plenamente. Desde muy temprano me comprometí con la causa del Sáhara, ya que en mi familia había personas que trabajaban en El Aaiún y, incluso antes de que España abandonara el territorio, en mi casa ya se hablaba de que los saharauis debían ser libres. Cuando España se retira, asumí con mayor fuerza mi compromiso con su libertad.
¿Hasta qué punto seguirá comprometida con la lucha por un Sáhara libre?
Siempre acompañaré al pueblo saharaui y mantendré mi compromiso con ellos, porque creo que las luchas continúan hasta alcanzar la victoria final: su independencia. Los apoyamos en el proceso con su único y legítimo representante, el Frente Polisario. Nuestro movimiento es la principal expresión de solidaridad con el Sáhara en España, y, al margen de cualquier gobierno, hay una población que defiende y respalda el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, sea la independencia o la decisión que ellos elijan. Es más, es España la única potencia administradora del territorio. Además, el 27 de febrero se cumplieron 50 años desde que el pueblo saharaui se unió y proclamó la República Árabe Saharaui Democrática.
¿Qué injusticias sociales le preocupan más actualmente?
Me preocupa mucho el precio de la vivienda en España y que muchas personas no puedan llegar a fin de mes con sus salarios, ya que ningún ciudadano debería pagar por un hogar más del 75% de su sueldo. También me inquietan los conflictos bélicos que afectan al mundo —actualmente presentes en muchísimos países— y el auge de la extrema derecha, que no solo preocupa en España sino en otros países. En definitiva, me preocupan tanto los problemas de mi país como los de fuera, porque creo que hay que ser solidario con los de aquí y también con los de otro lugar.
En los últimos años estamos viendo un auge de la extrema derecha en muchos países. ¿Qué cree que está provocando este fenómeno y que riesgos supone para la democracia?
Fundamentalmente me preocupa la cantidad de mentiras que se difunden. Si la gente conociera la verdad sobre la dictadura y cómo se han conquistado los derechos actuales, la extrema derecha no avanzaría tanto. Muchas personas creen falsedades y las repiten, como ocurre con los migrantes, a quienes se acusa injustamente de quitar trabajos. Son mentiras presentadas con apariencia de verdad, y todas ellas forman parte de una estructura organizada que cala profundamente en la sociedad.
Canarias siempre se ha considerado una sociedad de acogida. ¿Cree que ese espíritu sigue vivo hoy?
El espíritu de acogida sigue vivo, aunque es menos notable cuando las personas llegan en patera. No se trata tanto de racismo como de aporofobia: si una persona negra es rica o viene a practicar algún deporte, la acogida suele ser diferente a si es pobre y llega en patera. Los datos sobre criminalidad, absentismo laboral y otros indicadores desmienten los discursos de la extrema derecha que intentan asociar pobreza y migración con problemas sociales.
En España vuelve a escucharse el lema ‘No a la guerra’, muy presente durante el conflicto de Irak en 2003. ¿Cree que la sociedad española mantiene hoy ese mismo espíritu pacifista?
Sí. Somos muchas las personas que pensamos que detrás de ninguna guerra hay algo noble, solo mentiras. Y también somos muchos los que creemos que es posible establecer formas diferentes de relacionarnos en el mundo, basadas en la solidaridad y el respeto.
La Provincia-Dlp
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