En Jinámar hay cosas que no se olvidan. O al menos no deberían. Porque este barrio no consiguió sus servicios por casualidad. Aquí nada cayó del cielo. Aquí se luchó. Se peleó. Se insistió. Se reclamó lo que era justo. Y entre esas conquistas estuvo, ni más ni menos, que tener una farmacia digna para un pueblo que crecía y que necesitaba algo tan básico como acceso a medicamentos.
Por eso lo de este fin de semana no es solo una anécdota.
Es una contradicción con historia.
Seis farmacias… y solo una decidió abrir
Jinámar cuenta con varias farmacias. Seis, para ser exactos.
Pero llegó la Semana Santa, llegó el puente… y de esas seis, cinco decidieron desaparecer del mapa.
No estaban de guardia, cierto.
No estaban obligadas, también cierto.
Pero mientras unas hacían maletas, otra —la farmacia de El Cascajo— decidió hacer algo mucho más sencillo: abrir y atender a sus vecinos.
El resultado fue el previsible:
•Media hora de espera
•Colas en la puerta
•Vecinos cargando con la paciencia que otros dejaron en casa
Escenas que recordaban a la COVID-19 pandemic…
pero sin pandemia. Solo con persianas bajadas.
La farmacia del pueblo… ¿también de puente?
Pero hay algo que duele más que el cierre en sí.
Y es el silencio de la farmacia que durante décadas fue símbolo de lucha vecinal, la de toda la vida, la que está frente a la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Jinámar.
Esa farmacia no nació como un negocio más.
Nació porque el pueblo la necesitaba.
Se le ha homenajeado.
Se han celebrado sus 50 años.
Se ha reconocido su historia.
Y, sin embargo, cuando llega un puente… también cierra.
De símbolo a persiana bajada
Y ahí es donde la crítica deja de ser general y se vuelve concreta.
Porque una cosa es cerrar siendo una farmacia más.
Y otra muy distinta es hacerlo cuando representas una conquista del barrio.
Cuando tienes historia, también tienes responsabilidad.
Porque el mensaje que queda no es técnico ni legal.
Es mucho más simple:
“Para celebrar sí estamos… pero para atender, ya si eso después del puente.”
Legalidad vs compromiso
Todo esto es legal.
Todo está permitido.
Pero no todo lo que es legal es coherente.
Jinámar no pidió seis farmacias para ver cinco cerradas a la vez.
Jinámar luchó por no depender de la suerte.
Y este fin de semana, la realidad fue clara:
El barrio volvió a depender de una sola farmacia.
Una lección incómoda
Lo ocurrido deja una enseñanza sencilla:
•Una farmacia sostuvo el servicio
•Cinco decidieron no hacerlo
Y entre esas cinco, una especialmente debería mirarse al espejo de su propia historia.
Porque los pueblos no olvidan fácilmente quién estuvo…
pero tampoco olvidan quién no estuvo.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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