JUAN ANTONIO PEÑA, ANTE EL ESPEJO DE SU PROPIA HEMEROTECA EN ‘EL PULSO’ DE ONDAGUANCHE

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El programa de Juan Santana en Onda Guanche reabre el debate sobre la distancia entre el concejal combativo que prometía cambiar Telde y el alcalde que, casi tres años después, sigue sin resolver muchos de los problemas que denunció desde la oposición. Y en medio de esa reflexión, emerge una lectura simbólica: el libro que Juan Antonio Peña debería tener en la mesa de noche.

La entrevista realizada al alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, en el programa El Pulso, el jueves de la pasada semana dirigido y presentado por Juan Santana Hernández en la plataforma digital Onda Guanche, ha dejado tras de sí una reflexión política que no ha pasado desapercibida entre vecinos, analistas y compañeros del ámbito periodístico. Más allá de las respuestas del regidor, el programa volvió a poner sobre la mesa una cuestión que cada vez resuena con más fuerza en la calle: qué ha cambiado realmente entre aquel Juan Antonio Peña enérgico, incisivo y muy crítico desde la oposición, y el alcalde que hoy gobierna la ciudad.

Durante el espacio, Juan Santana recordó que la labor del periodismo no consiste en aplaudir relatos oficiales, sino en preguntar y confrontar el discurso político con la realidad que viven los ciudadanos cada día. Y esa fue precisamente la línea que marcó el análisis: una cosa es la versión institucional, otra la propaganda, y otra muy distinta la verdad que encuentran los vecinos cuando salen a la calle, circulan por sus barrios y esperan soluciones que no terminan de llegar.

En ese contexto, la entrevista con el alcalde sirvió para revisar algunas de las grandes cuestiones que durante años formaron parte del argumentario político de Juan Antonio Peña cuando ocupaba la oposición. Problemas como el mercado municipal, el estado del polideportivo Paco Artiles, los aparcamientos de Arnao, San Juan y San Gregorio, el deterioro del asfaltado en numerosos barrios, la situación de Melenara o los conflictos con empresarios de la ciudad fueron algunos de los asuntos que estuvieron presentes en el análisis del programa.

La reflexión central no fue tanto si el alcalde tiene explicación para cada uno de esos temas, sino si después de casi tres años de mandato los ciudadanos pueden apreciar una transformación real en aquellos asuntos que él mismo denunciaba con contundencia cuando no gobernaba. Porque si algo quedó flotando en el ambiente de El Pulso fue la sensación de que, en demasiados casos, los problemas siguen prácticamente donde estaban, mientras el discurso institucional insiste en vender avances que muchos vecinos no terminan de percibir en su vida cotidiana.

El programa también se hizo eco de la lectura que algunos compañeros de profesión han hecho de la entrevista. Entre ellas, la del periodista Antonio Sánchez, quien resumía el fondo del debate con una frase tan sencilla como demoledora: “una cosa es pregonar y otra dar trigo”. Una expresión que en política resume a la perfección la distancia que a veces existe entre la palabra y la gestión, entre el compromiso proclamado y los resultados visibles.

En el análisis emitido por El Pulso, se deslizó además una crítica de fondo al estilo político que parece imponerse en muchas administraciones: el de la comunicación permanente, la imagen, el titular, el vídeo para redes y la construcción del relato, frente a una gestión menos vistosa pero mucho más necesaria. Porque los ciudadanos no viven en los eslóganes ni en la propaganda, sino en calles con baches, en instalaciones pendientes, en proyectos sin terminar y en promesas que se eternizan.

Y fue precisamente en ese punto donde el programa enlazó con una idea tan simbólica como certera. En una jornada radiofónica en la que también se habló del libro de Luis EliCuando me permití ser yo: de la herida a la luz, quedó sobre la mesa una reflexión con evidente carga política: ese puede ser perfectamente el libro que Juan Antonio Peña debería tener en la mesa de noche. No como simple adorno literario, sino como recordatorio de algo esencial en política y en la vida: detenerse, mirar hacia adentro, reconocer lo que falla y recordar quién era uno cuando empezó.

Porque a veces da la impresión de que el poder no solo cambia los despachos, sino también los discursos. Y ahí es donde ese libro adquiere un sentido casi metafórico. Cuando me permití ser yo habla de autenticidad, de heridas, de verdad interior y de la necesidad de dejar atrás personajes para reconciliarse con lo que uno realmente es. Una lectura que, vista la evolución política del alcalde de Telde, no le vendría nada mal tener a mano cada noche antes de dormir.

Pero además, el programa dejó otro aviso político que en Telde no debería pasar desapercibido. La alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, ha impulsado la marca “Bueno para…” con la idea de extender su modelo a otros municipios de Gran Canaria de cara al próximo ciclo electoral, abriendo la puerta a fórmulas como un eventual “Bueno para Telde”

Y ahí aparece una incógnita que empieza a sobrevolar la conversación política local. Si ese proyecto termina aterrizando en Telde, habrá que ver quién le pone cara. En ese tablero, el nombre del exalcalde Paco Valido podría entrar perfectamente en las quinielas: no solo por su conocimiento de la ciudad, sino porque sigue teniendo presencia en el debate público local como exregidor, como portavoz de Tertuliando para la Resistencia en Telde y como voz activa en espacios recientes de análisis político y social. 

De momento, más que una certeza, es una hipótesis política. Pero no una hipótesis menor. Porque cuando un proyecto nuevo busca implantación municipal, suele mirar perfiles con experiencia, implantación y capacidad de agitar el tablero. Y en una ciudad donde el desgaste del actual gobierno empieza a abrir huecos, el nombre de Paco Valido ya no sonaría como una ocurrencia aislada, sino como una posibilidad a seguir de cerca, siempre dentro del terreno de la especulación política y no de la confirmación oficial. La inferencia se apoya en la expansión pública de la marca de Onalia Bueno y en la visibilidad actual de Valido en el debate teldense. 

La gran pregunta, por tanto, no es sólo si Juan Antonio Peña sigue siendo el mismo político que prometía cambiar Telde, sino si el poder ha terminado alejándolo de aquel tono combativo que lo hizo conectar con muchos ciudadanos. El paso del tiempo, lejos de disipar esa duda, parece haberla agrandado. Y cuando el mandato entra ya en su recta final, comienza a imponerse una evaluación inevitable: la del contraste entre las expectativas generadas y los resultados conseguidos.

En ese sentido, El Pulso planteó una idea que resume bien el espíritu del debate: la hemeroteca también gobierna. Y a veces lo hace con más dureza que la oposición. Porque cuando quien hoy dirige una institución fue ayer uno de sus más duros críticos, cada incumplimiento, cada demora y cada contradicción pesan el doble. No sólo por lo que no se ha hecho, sino por todo lo que se prometió hacer con contundencia.

La conclusión del programa no fue una sentencia cerrada, sino una invitación a la reflexión ciudadana. Juan Santana preguntó, el alcalde respondió y ahora son los vecinos quienes deben valorar hasta qué punto la ciudad que pisan se parece a la ciudad que les cuentan. Ahí está la clave de todo. Porque en política, como quedó claro una vez más en Onda Guanchelas palabras pueden sostener un relato durante un tiempo, pero al final son los hechos los que terminan hablando por sí solos.

Y en Telde, a medida que se acerca el final del mandato, la pregunta sigue más viva que nunca: ¿es Juan Antonio Peña el alcalde que prometió ser o se ha quedado en el camino aquel concejal que decía venir a cambiarlo todo? Quizá la respuesta no esté en una rueda de prensa, ni en un vídeo institucional, ni en una campaña de imagen. Quizá empiece, simplemente, por abrir el libro que Juan Antonio Peña debería tener en la mesa de noche y atreverse, de una vez, a mirarse de frente.