En la era de la hiperconectividad, parece que, si nuestro alcalde no publica un reel inaugurando una baldosa, el trabajo no existe. Sin embargo, hay una línea muy fina —y peligrosa— entre la comunicación institucional y el populismo de redes sociales.
Cuando cruzamos esa línea, nos encontramos con una realidad preocupante, un Ayuntamiento, el de Telde, que funciona como una agencia de eventos y no como una administración pública.
La estrategia es vieja, aunque el formato sea nuevo, «Pan y Circo», pero ahora con filtros de Instagram. Se potencia la agenda festiva, el selfi cercano y el evento multitudinario para generar una sensación de dinamismo. Es la política del impacto visual inmediato. Pero… ¿qué queda cuando se apagan las luces de la fiesta y se guarda el teléfono?
Lo que queda es la nula gestión de un alcalde que llegó para cambiar, pero que el cambiado es él.
En un Ayuntamiento tan complejo como este, los expedientes no se resuelven con etiquetas (#hashtags) y los problemas estructurales de una ciudad con más de cien mil habitantes —limpieza, seguridad, infraestructura, trámites administrativos— no se arreglan con una sonrisa a cámara.
La brecha de las promesas incumplidas. En este apartado, nuestro alcalde, se lleva la palma. Llegó con “la verdad por delante” y se ha quedado en la mentira por bandera.
Dentro de la amplia lista del voy a hacer y no ha hecho nos encontramos unos cuantos pufos:
El Mercado Municipal. Ese lugar donde antes se compraba y ahora solo se acumula polvo y una obra de nunca acabar. Una promesa de reapertura que se ha convertido en un chiste de mal gusto cada vez que vemos al alcalde de «fiesta en fiesta», en otro lugar.
Aparcamientos e instalaciones públicas. Se ve que es difícil hacerse un selfie interesante en un parquin cerrado, en el Paco Artiles, cerrado, o en una instalación deportiva que requiere mantenimiento y nunca llega, así que mejor dejarlos cerrados o que se caigan solas. Total, los vecinos ya se han acostumbrado a jugar al tetris con el coche y a practicar deporte en el municipio de al lado.
Es una gestión curiosa, se nos invita a participar en la «fiesta» de las redes sociales, pero es imposible entrar en los edificios que pagamos con nuestros impuestos. Llegó como el alcalde de las aperturas y lo primero que consiguió es el cierre del solar delante del edificio municipal del Cubillo, todo un logro, como todo lo que hace, histórico, diría nuestro alcalde.
El mayor activo de un político es su palabra, pero en este caso, la palabra parece haberse empeñado en un programa electoral que hoy duerme en el cajón de los objetos perdidos. Mientras el alcalde dedica horas a planificar su próximo contenido viral, los proyectos estratégicos languidecen.
La realidad no se puede editar. Se pueden retocar las fotos para que el pueblo parezca idílico, pero no se puede retocar la frustración del vecino que ve cómo sus necesidades básicas siguen desatendidas tras años de espera.
Un Ayuntamiento no es una cuenta de influencer; es el motor que debe facilitar la vida de sus ciudadanos. El populismo digital es un maquillaje eficaz, pero de corta duración. Al final de la legislatura, los ciudadanos no votarán por el mejor álbum de fotos, sino por el cumplimiento de las promesas y la eficacia de la gestión.
Gobernar es decidir, presupuestar y ejecutar. Todo lo demás es, simplemente, ruido visual para ocultar el vacío.
Domingo Calderin (El Guirre)