En municipios como Telde, el debate no se formula en términos macroeconómicos. Se traduce en algo más tangible: facturación, costes energéticos, competencia digital, supervivencia empresarial.
El Régimen Económico y Fiscal de Canarias vuelve al centro del debate público. No por una consigna partidista ni por un enfrentamiento parlamentario, sino por algo más incómodo: su evaluación formal ante la Comisión Europea.
La encuesta impulsada en el marco del Plan de Evaluación 2015-2023 no es un simple trámite administrativo. Es, en esencia, una auditoría política. Porque la pregunta que subyace es clara: ¿ha cumplido el REF los objetivos que prometía?
Reconocido en el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y protegido por la Constitución Española, el REF se justifica en una realidad indiscutible: Canarias es región ultraperiférica. La lejanía, la fragmentación territorial y los sobrecostes estructurales condicionan su desarrollo. La compensación fiscal, por tanto, no es un privilegio; es un mecanismo de equilibrio.
Pero todo mecanismo público debe medirse por sus resultados.
Incentivos reforzados, dudas persistentes
Entre 2015 y 2023 se reforzaron instrumentos clave como la Reserva para Inversiones (RIC), la Deducción por Inversiones en Canarias (DIC) y distintas exenciones fiscales. El discurso institucional fue rotundo: más incentivos, más inversión, más empleo.
Sin embargo, Bruselas no evalúa discursos. Evalúa impacto.
¿Ha crecido la economía canaria por encima de la media nacional de forma sostenida?
¿Ha mejorado la calidad del empleo o seguimos anclados en la temporalidad?
¿Se ha diversificado el modelo productivo o continúa la dependencia estructural del turismo?
Son cuestiones que trascienden la técnica tributaria y se adentran en la responsabilidad política.
La realidad a pie de calle
En municipios como Telde, el debate no se formula en términos macroeconómicos. Se traduce en algo más tangible: facturación, costes energéticos, competencia digital, supervivencia empresarial.
La RIC exige beneficios para reinvertir. Pero no todas las empresas generan excedentes suficientes.
La DIC incentiva la inversión, pero quien no tiene capacidad financiera difícilmente puede aprovecharla.
Aquí surge la duda central:
¿ha sido el REF una herramienta democratizada o un instrumento aprovechado principalmente por quienes ya tenían músculo inversor?
Muchos empresarios sostienen que Canarias entró en la Unión Europea por el protocolo equivocado. Que con el paso de los años la promesa de convergencia no se ha traducido en una mejora estructural real. Al contrario, seguimos ocupando posiciones rezagadas en productividad, salarios y empleo estable.
Si el REF era la palanca correctora de nuestra desventaja estructural, la evaluación obliga a preguntarse por qué los indicadores no reflejan una transformación profunda.
Entre la compensación y la dependencia
Otra percepción crece en determinados sectores sociales y empresariales: que el modelo ha derivado hacia un sistema sostenido por subvenciones, ayudas y beneficios fiscales que alcanzan a una minoría pero no transforman el conjunto de la economía.
La fiscalidad especial canaria continúa envuelta en una complejidad técnica que la aleja de la ciudadanía. Falta pedagogía pública. Falta rendición de cuentas detallada. Falta claridad sobre quién se beneficia, cuánto se invierte y cuál es el retorno social real.
Algunos sectores hablan incluso de una lógica de dependencia estructural, donde las grandes decisiones se toman lejos y la transparencia resulta insuficiente. Más allá de la carga simbólica de esas afirmaciones, lo que emerge es una exigencia democrática: información clara y evaluación rigurosa.
A ello se suma una paradoja política que no pasa desapercibida: mientras desde Bruselas y Madrid se critican determinados modelos económicos proteccionistas en otros países, en Canarias se mantiene desde hace décadas un régimen excepcional permanente. La coherencia del discurso también forma parte del debate.
Una oportunidad para revisar
La Comisión Europea exige proporcionalidad y eficacia en las ayudas regionales. No basta con invocar la singularidad; hay que demostrar impacto real.
Por eso esta evaluación no debería entenderse como una amenaza, sino como una oportunidad.
Defender el REF es defender la singularidad canaria. Pero blindarlo no significa convertirlo en intocable. Si algo no está funcionando como debería, la respuesta no puede ser el inmovilismo.
Quizá ha llegado el momento de darle una vuelta profunda al sistema. Orientarlo con mayor claridad hacia la pequeña y mediana empresa. Garantizar que los incentivos lleguen a la economía real. Exigir mayor transparencia en la fiscalidad especial. Vincular cada ventaja fiscal a resultados medibles en empleo estable y diversificación productiva.
Porque al final, la cuestión no es técnica.
Es política.
¿Ha servido el REF para mejorar la vida de la mayoría o se ha quedado en una herramienta sofisticada para unos pocos?
Si no hay datos claros, si no hay rendición de cuentas accesible y si la ciudadanía no percibe una mejora tangible, el problema deja de ser fiscal.
Se convierte en un debate democrático.
El REF está bajo examen. Y esta vez no basta con repetir que es intocable.
Hay que demostrar que funciona.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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