«EL ASFALTO QUE LLEGA TARDE: ENTRE ANUNCIOS, BACHES Y FACTURAS»

Comparte esto:

En Telde llevamos dos años circulando más por la resignación que por el asfalto. Dos años en los que los baches han sido más constantes que las soluciones, y en los que muchos vecinos han acabado con el coche destrozado y el ánimo igual: suspensiones reventadas, llantas dobladas y talleres llenos de vehículos esperando —todavía— a que el seguro del Ayuntamiento responda. Mientras tanto, la vida cotidiana sigue, esquivando socavones como si fueran parte del paisaje urbano.

Ahora, el alcalde Juan Antonio Peña anuncia en su Instagram que “en unos días comienza el Plan de Asfaltado de Telde, que llegará a todos los barrios”. La frase suena bien. Es más: suena a alivio. Pero también suena a déjà vu. Porque anuncios ha habido muchos, y asfalto… bastante menos. Y porque lo que se espera no es un titular, sino una obligación cumplida con el dinero de todos.

Según el anuncio, dos empresas avanzarán por el municipio: una arrancará en Caserones (Anzofé, Alfambra, Plaza y Norte) y la otra se centrará en Jinámar. El alcalde lo califica de “éxito”. Los ciudadanos, en cambio, responden con una mezcla de ironía y cansancio: ya era hora. No se trata de una concesión extraordinaria ni de una obra heroica; se trata de mantenimiento básico. De seguridad vial. De respeto a quien paga impuestos y necesita llegar a casa sin dejar medio coche por el camino.

El contraste duele. Mucho dinero en fiestas —que nadie discute como parte de la vida social— y muy poco en asistir a los ciudadanos cuando la mala gestión de la comunicación y el mantenimiento de las carreteras termina costándoles dinero de su bolsillo. Porque cuando el bache rompe, el taller cobra hoy; la indemnización municipal, si llega, lo hace mañana… o pasado mañana. Y en ese intervalo, el vecino paga.

Por eso la pregunta es inevitable: ¿de qué asfalto habla el alcalde? ¿De un plan integral y duradero o de simples parcheos para tapar la boca a los ciudadanos? Porque parchear no es planificar. Poner capas finas sobre problemas estructurales no arregla nada; solo aplaza el enfado. Y en Telde el enfado ya ha tenido tiempo de madurar.

“Comenzamos el año con una buena y deseada noticia. Finalizamos enero con las máquinas ya asfaltando”, dice el mensaje. Ojalá sea verdad. Ojalá no sea otro capítulo de anuncios repetidos. Ojalá las máquinas no pasen como pasan las promesas: rápido y sin dejar huella. Porque el asfalto que llega tarde no se convierte en éxito por aparecer en Instagram, sino por mantenerse firme cuando pasan los coches… y los años.

La ciudadanía no pide milagros. Pide carreteras seguras, planificación seria y menos propaganda. Pide que el asfalto no sea noticia, sino normalidad. Y que, por una vez, el Ayuntamiento llegue antes que el taller.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

Deja un comentario