«DÍA MUNDIAL DE LA RADIO: CUANDO LA MAGIA SE CONVIRTIÓ EN NEGOCIO»

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Hoy se celebra el Día Mundial de la Radio. Y uno no puede evitar sentir una mezcla de nostalgia y cabreo elegante. Porque la radio —esa que nos hacía esperar a una hora concreta, ese día señalado, ese programa que reunía a la familia alrededor del transistor— ya no es lo que era. Antes la radio era compañía. Ahora, en demasiados casos, es una tarifa por minutos.

La radio fue magia. Hoy, en muchos estudios, es contabilidad.

Hubo un tiempo en que el micrófono era un arma cargada de verdad. Ahora, demasiadas veces, es un altavoz con factura adjunta. Empresarios de un lado y del otro —porque aquí no hay ideología cuando hay nómina de por medio— adaptan el relato según quién pague la publicidad institucional, quién compre espacios o quién tenga la llave del presupuesto público.

Y los que están detrás del micrófono… muchos ya no cuentan lo que pasa. Cuentan lo que les dejan contar.
Un WhatsApp a tiempo: “Aprieta”.
Otro mensaje: “Afloja”.
Y así, la línea editorial se convierte en línea de grupo.

La “decana” que no ejerce como tal

En Canarias tenemos emisoras que presumen de ser “la decana”. Pero una cosa es tener años en el registro y otra muy distinta ejercer como referente. La veteranía no se mide por el número del CIF ni por el eslogan heredado; se mide por la coherencia, la independencia y el servicio público.

Cuando una radio se convierte en catálogo de viajes para jubilados, en lectura mecánica de prensa y en ausencia total de editorial propio, deja de ser medio y pasa a ser escaparate.
No es ilegal vender viajes.
Pero tampoco es periodismo.

El baile de los diales

Y luego está el misterio de los diales.
En el norte te dicen uno.
En el centro, otro.
En el sur, uno distinto.

Aquí conviene recordar que las licencias de FM en Canarias las otorga el Gobierno de Canarias, y cada frecuencia está vinculada a una localidad concreta, con una potencia determinada y un ámbito de cobertura específico. No es un buffet libre.

Si una emisora emite más allá de su demarcación autorizada o utiliza frecuencias no asignadas, entramos en un terreno regulado por la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones, que es quien supervisa el espectro radioeléctrico en España.

¿Es legal emitir en todas las islas sin autorización específica?
La respuesta corta es: no debería serlo si no existe concesión para cada frecuencia y cada demarcación.
Otra cosa es que se mire hacia otro lado.

Y en Canarias sabemos que a veces el silencio también es institucional.

De la espera a la inmediatez

Pero no todo es negativo. La radio no ha muerto. Ha mutado.

Antes esperábamos el programa.
Ahora lo escuchamos cuando queremos.

La radio digital, los podcast, las emisiones en streaming han devuelto algo que parecía perdido: la libertad del oyente. Ya no dependes del horario. No tienes que estar a las ocho en punto. La puedes escuchar a las diez de la noche o a las seis de la mañana. Las veces que quieras.

Las redes sociales han convertido lo que antes era “directo” en “directísimo”. El oyente ya no es oyente pasivo. Comenta, replica, desmonta, comparte. Y eso incomoda. Pero también democratiza.

La radio que queda

La radio no es una frecuencia.
Es una actitud.

No es un dial.
Es una voz con credibilidad.

No es un negocio (aunque tenga que sostenerse económicamente).
Es un compromiso con quien está al otro lado.

Hoy, en el Día Mundial de la Radio, quizás no se trata de llorar lo que fue, sino de preguntarnos qué queremos que sea.

Porque la magia no la mató la tecnología.
La mata el miedo.

Y mientras haya alguien dispuesto a encender un micrófono sin pedir permiso, sin mirar el WhatsApp del poder y sin ajustar el volumen según la factura… la radio seguirá viva.

Aunque ya no suene igual.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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