«COBRAR SIN ESTAR: EL MODELO CLAUDIO DE ASESORÍA POLÍTICA»

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En la política de Telde hay personajes que van y vienen, y luego está Claudio, el famoso asesor del PP que cobra en Telde pero vive en El Hierro, preferiblemente fuera de cobertura. Un detalle técnico sin importancia cuando la nómina llega puntual y con mejor señal que cualquier antena municipal.

Pero Claudio no es un improvisado. Este asesor a distancia tiene pasado, y del intenso. Fue concejal de Urbanismo, cargo del que tuvo que salir por patas, dejando atrás más preguntas que respuestas. Aquello no fue una retirada elegante: fue una salida con prisas, de las que no dan tiempo ni a mirar atrás.

Más tarde recaló en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, donde pasó a engrosar la ya conocida historia del transfuguismo político. Una maniobra que tuvo una consecuencia clara: dejar sola a Pepa Luzardo en el Ayuntamiento, mientras otros buscaban acomodo mejor cubierto… políticamente hablando. En aquella “misión de tránsfugas” no todos corrieron la misma suerte.

Y es que entonces apareció José Miguel Bravo de Laguna, líder del PP en Canarias en aquel momento, con una promesa clara: aguanta y habrá recompensa. Recompensa hubo. Senado hubo. Bravo cumplió. Y Pepa… se quedó solita, viendo cómo el tablero se reorganizaba sin ella.

A Telde, Claudio llegó después como fichaje estrella, de esos que “venían a comerse el mundo”. Y no pasaba desapercibido: un tipo muy alto, tanto que algunos decían —con ironía quirúrgica— que tenía la cabeza demasiado lejos de los pies. Y cuando la cabeza se despega del suelo, llegan los mareos. Eso fue lo que alegó para dejarlo todo: mareos. Políticos, vitales o estratégicos, nunca se concretó.

Desde entonces, Claudio ha perfeccionado su especialidad: estar sin estar. Hoy ejerce como asesor remoto, lejos, callado, invisible y, según se comenta, sin cobertura. Un modelo moderno de asesoría política: no aparece, no opina en público, no se equivoca… y cobra puntualmente.

Y menos mal que, como recuerda el saber popular, las suegras siempre están ahí para ayudar a sobrevivir. Porque entre mareos, huidas estratégicas y asesoramientos etéreos, alguien tiene que poner los pies en la tierra, aunque sea fuera del Ayuntamiento.

Así se consolida un nuevo estándar institucional: cobrar sin estar. El modelo Claudio de asesoría política, donde la ausencia no penaliza y la nómina nunca pierde la cobertura. Porque en la política local, más que trabajar, lo importante parece ser saber desaparecer a tiempo… y reaparecer solo en la cuenta bancaria.

El sueldo bruto anual de Claudio Ojeda González, como asesor del Partido Popular (PP) en el Ayuntamiento de Telde, es de 29.500 € (aproximadamente 2.000 €/mes en 14 pagas), correspondiéndole un puesto de categoría C1,

Juan Santana, periodista y locutor de radio

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

4 comentarios en ««COBRAR SIN ESTAR: EL MODELO CLAUDIO DE ASESORÍA POLÍTICA»»

  1. Lo que pasa en este puñetero país es pa mear y no echar gota…. Con lo que se gasta en estos chupópteros daría para crear otro país….
    Pero naaaa… lo que nos preocupa es que el madrid perdio ayer…
    Menudos estamos hechos los españoles….
    Cada día me veo más venezolano…… Y «Sanchezduro,» resistiendo….

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  2. Este señor es un desvergonzado y los que lo han permitido en ese decadente partido son más desvergonzados aún y luego se extrañan de que el en otros tiempos historico partido no levanten cabeza (sin segundas ) …..y es que en ese partido llevan décadas instaladas ciertas remoras inmunes a todo,pase lo que pase y la presidenta que parecía muy enérgica y capaz se ha quedado en el bla bla y tal y tal,afortunadamente en Telde hay derecha sin complejos con VOZ y forma de MUJER.

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  3. Sobre el respeto, la verdad y la trayectoria de Claudio Ojeda

    Uno lee algunos artículos de opinión y no sabe muy bien si está ante una investigación periodística o ante una de esas historias de aparecidos que se contaban antiguamente al calor de la lumbre.
    Porque según el artículo publicado por Juan Santana en Onda Guanche, Claudio Ojeda cobra, pero no está; trabaja, pero no se le ve; asesora, pero como si fuera un espíritu libre, etéreo y silencioso.

    La realidad, sin embargo, suele ser bastante menos literaria.

    Las afirmaciones vertidas en dicho artículo no se ajustan a la verdad, aunque estén redactadas con soltura y cierto gusto por la ironía. Claudio Ojeda trabaja. Y lo hace desde hace muchos años. Desde antes incluso de que algunos descubrieran que la política también se podía escribir en columnas.

    Trabaja desde la experiencia acumulada durante décadas de dedicación al servicio público, experiencia que hoy pone al servicio del Ayuntamiento de Telde en tareas de asesoría, análisis y orientación estratégica. Nada sobrenatural, todo bastante terrenal.

    Conviene recordar, por si a alguien se le ha pasado, que el papel de asesor técnico no consiste en calentar una silla ocho horas, sino en aportar criterio, conocimiento y compromiso. Insinuar que si uno no está físicamente presente no trabaja es tanto como pensar que el médico no cura si no vive en el hospital.

    Y sí, Claudio Ojeda tiene edad. Mucha edad, dirían algunos.
    Pero también tiene algo que no se improvisa: experiencia. A sus años continúa activo, comprometido y perfectamente capaz. La edad, en su caso, no es un lastre, sino una garantía. Como el vino viejo, que no necesita hacer ruido para demostrar su calidad.

    Además, mantiene una relación estrecha y constante con Telde, ciudad donde nació y donde es conocido no por titulares ruidosos, sino por su trato cercano, su implicación social y el respeto ganado a lo largo de una vida entera.

    Lo que sí resulta preocupante es la ligereza con la que se lanzan acusaciones personales sin el debido contraste. El periodismo responsable se construye sobre hechos comprobables, no sobre insinuaciones ingeniosas que pueden confundir más que informar.

    Defender la verdad no es una cuestión partidista, sino una obligación ética, aunque a veces resulte menos lucida que una frase mordaz.

    Y ya que hablamos de ética, resulta cuando menos curioso que quien se presenta como fiscalizador de la moral pública no muestre el mismo entusiasmo a la hora de explicar su propia trayectoria profesional, ni ciertos episodios del pasado que lo situaron, en su momento, más cerca de los juzgados que de las redacciones.

    El periodismo exige memoria.
    Pero también coherencia.
    Porque cuando se señala con el dedo, conviene no olvidar que siempre hay tres apuntando de vuelta

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