«CARNAVAL, SALSA… Y ARITMÉTICA CREATIVA»

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En Canarias el Carnaval es pasión, ritmo, lentejuelas… y, al parecer, matemáticas flexibles. El cantante Tony Tun Tun actúa en el Carnaval de Día de Santa Cruz de Tenerife por 20.000 euros más impuestos (21.400 euros en total)  . Un contrato tramitado mediante procedimiento negociado sin publicidad y con una sola oferta presentada.

Hasta aquí, todo dentro del guion habitual de la contratación artística. Exclusividad, representante único, oferta cerrada. Música y administración.

Pero la cosa se pone interesante cuando cruzamos el charco interinsular.

Porque en Las Palmas de Gran Canaria, el mismo artista, con la misma empresa, factura 77.575 euros por dos actuaciones.

Sí, han leído bien.

Si dividimos la cifra entre dos —operación matemática sencilla, sin necesidad de interventor— cada actuación supera ampliamente los 21.400 euros que paga Santa Cruz de Tenerife.

Y aquí empieza el verdadero espectáculo.

– ¿La salsa cambia de precio según el viento?

Surgen varias posibilidades:
        •       ¿En una ciudad canta en tono mayor y en la otra en tono menor?
        •       ¿En una cobra por canción y en la otra por aplauso?
        •       ¿Incluye en un sitio maracas premium y en el otro maracas estándar?
        •       ¿Hay tarifa carnavalera con suplemento por humedad atlántica?

O quizá —solo quizá— estamos ante el misterio mejor guardado del archipiélago: el precio variable del mismo producto cultural según el código postal.

La magia del “negociado”

En Santa Cruz, el precio ofertado coincide exactamente con el valor estimado del contrato  .

Exactamente.

Ni un euro menos.
Ni una negociación visible.
Ni una rebaja simbólica para la foto.

Cuando el procedimiento es negociado sin publicidad y solo hay una oferta, la palabra “negociado” adquiere un aire casi poético.

Se negocia… pero no se nota.

Dos capitales, dos precios

Lo verdaderamente fascinante no es que un artista cobre 20.000 o 38.000 euros. El Carnaval mueve cifras mayores sin despeinarse.

Lo fascinante es que el mismo artista, representado por la misma empresa, dentro del mismo circuito festivo, pueda tener cotizaciones tan distintas.

Y entonces aparece la pregunta incómoda:

¿Quién defendió mejor el dinero público?

¿La capital tinerfeña hizo el negocio del año?
¿O la capital grancanaria pagó tarifa VIP con barra libre administrativa?

No es ilegal. Es curioso.

Que quede claro: no estamos ante una ilegalidad evidente. Los contratos están formalizados, publicados y ajustados a procedimiento.

Pero el periodismo no vive solo de ilegalidades. Vive de comparaciones.

Y cuando las cifras bailan más que las murgas, la obligación es preguntar.

Porque en Carnaval todo puede ser disfraz… menos las cuentas.

La pregunta final

Si el mismo artista tiene precios distintos según la isla, quizá la verdadera batalla carnavalera no esté en el escenario, sino en la mesa de contratación.

Y mientras suena la salsa, los ciudadanos siguen preguntándose:

¿Estamos pagando música… o estamos pagando el silencio?

Juan Santana, periodista y locutor de radio

 

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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