ASCENSO, DIMISIÓN… O DESAPARICIÓN: EL CASO CARLOS ESTER Y EL PP QUE DEJÓ DE EXISTIR EN GRAN CANARIA

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En política hay dimisiones que marcan época, que cambian ciclos, que reordenan partidos. Y luego está la de Carlos Ester, que más que una dimisión parece un capítulo perdido de Cuarto Milenio: nadie sabe exactamente qué se va… porque muchos todavía estaban intentando averiguar qué era lo que había.
 
Porque conviene empezar por una verdad incómoda, de esas que no salen en las notas de prensa:
el Partido Popular de Gran Canaria llevaba tiempo en paradero desconocido.
 
No es que estuviera débil. No es que estuviera reorganizándose. No.
Es que directamente no estaba.
 
Un partido en “modo avión”
 
Durante meses —por no decir años— el PP insular ha funcionado como esos móviles que tienen cobertura… pero no reciben llamadas.
Ni actividad política relevante.
Ni liderazgo visible.
Ni una estrategia que fuera más allá de la supervivencia administrativa.
 
Eso sí, silencio institucional impecable. Ni una molestia para nadie. Ni un sobresalto. Ni una idea.
 
Un partido tan discreto que ni sus propios votantes sabían si seguía abierto o se había traspasado el local.
 
El liderazgo de Ester: entre la brújula rota y el GPS sin señal
 
Y en medio de ese paisaje casi metafísico aparece Carlos Ester, presidente insular… o algo parecido.
 
Su etapa deja una huella política difícil de definir, pero fácil de resumir:
•Mucho movimiento… pero poca dirección
•Mucha presencia… pero escasa influencia
•Mucha estrategia… pero aparentemente contra los suyos
 
Porque si algo ha caracterizado su paso por el cargo —según se comenta en voz baja y en voz alta— ha sido una dedicación casi artesanal a complicarle la vida a la portavoz del PP en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.
 
Una especie de deporte interno que, visto desde fuera, parecía más intenso que la oposición al propio gobierno municipal.
 
– Oposición externa: moderada
– Oposición interna: matrícula de honor
 
La carrera por la alcaldía… sin salida
 
Mientras tanto, Ester también encontraba tiempo para algo fundamental en política:
– postularse como candidato a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria.
 
Un objetivo legítimo, sin duda.
El problema es que el partido que debía respaldarlo… estaba en modo ahorro de energía.
 
Porque intentar liderar una candidatura desde un partido sin pulso es como querer ganar una maratón…
– en una cinta de correr desenchufada.
 
Mareos, viajes y política de carretera
 
Y luego está el capítulo más humano de esta historia: los viajes.
 
Porque en los últimos tiempos, según comentan en el entorno político, el ya ex presidente terminaba “muy mareado” tras sus recorridos por distintos municipios de la isla.
 
No sabemos si era por las curvas de la carretera…
por el olor a la gasolina…
o por tener que explicar qué estaba haciendo exactamente el PP en Gran Canaria sin que nadie encontrara una respuesta convincente.
 
Aunque viendo el panorama, no se puede descartar que el mareo fuera simplemente político:
– ese que entra cuando uno da muchas vueltas… y no llega a ningún sitio.
 
Porque recorrer la isla está muy bien.
Pero si el partido no avanza…
– al final no es una gira política.
 
Es turismo político.
 
De ese que empieza con promesas…
pasa por fotos…
y termina con brindis en las despedidas.
 
La gestora eterna: cuando lo provisional se convierte en sistema
 
Tras su salida —o su “ascenso”, según el argumentario oficial— el PP de Gran Canaria seguirá en lo que mejor domina desde hace tiempo: la gestora.
 
Porque aquí conviene aclarar algo que rompe el relato bonito:
– la gestora no empieza ahora… lleva años instalada en el partido.
 
Primero dimitió Miguel Jorge.
Después llegó Carlos Ester… también bajo fórmula de gestora.
Y ahora, tras su salida, la gestora no se va… se queda.
 
Una especie de figura política que en teoría es provisional…
pero en la práctica ya forma parte del mobiliario.
 
Como esas obras que empiezan para tres meses… y acaban durando una legislatura.
 
El dedazo elegante
 
Y mientras tanto, el partido se prepara para lo que parece cada vez más evidente:
 
no habrá congreso, habrá designación.
 
Es decir, lo que en lenguaje político se conoce como:
•“consenso interno”
•“proceso ordenado”
•“decisión estratégica”
 
Y lo que en la calle se traduce como:
nombrar a dedo a un nuevo presidente o presidenta.
 
Sin ruido.
Sin votaciones incómodas.
Y, sobre todo, sin riesgos.
 
Traducción real
 
El PP de Gran Canaria no está en proceso de renovación.
Está en modo administración controlada.
 
Donde:
•No se compite
•No se debate
•Y el liderazgo no se elige… se asigna
 
El ascenso que no lo es
 
Eso sí, oficialmente esto no es una salida, sino un ascenso.
Carlos Ester pasa a ser coordinador de campañas del PP en Canarias.
 
Un cargo que suena importante, pesa poco y sirve para todo:
•Para salir sin salir
•Para subir sin subir
•Y para estar… sin molestar demasiado
 
Porque, seamos claros:
en Canarias, las campañas las deciden los presidentes insulares.
 
El coordinador… coordina.
O lo intenta.
 
Conclusión: un misterio sin resolver
 
La dimisión de Carlos Ester deja muchas preguntas:
•¿Qué deja exactamente?
•¿Quién recoge ese testigo?
•¿Y desde cuándo el PP de Gran Canaria estaba en pausa indefinida?
 
Pero sobre todo deja una certeza:
 
no se puede liderar un partido que lleva tiempo sin latido
 
Y ahora, con la gestora, el PP insular entra en una nueva fase apasionante:
la de intentar demostrar que existe.
 
Y para terminar, lo más curioso de todo: cómo se ha vendido la operación.
 
Porque aquí no ha dimitido nadie.
Aquí ha habido un “ascenso”.
 
Un ascenso de esos que te alejan… pero te explican que subes.
 
Mientras tanto, los pocos y sufridos afiliados del PP de Gran Canaria miran la escena entre sorprendidos y resignados, con una pregunta en el aire:
¿quién será capaz de levantar esto?
 
Porque no hace tanto —aunque ya parezca otra época— Gran Canaria era el granero de votos del PP en Canarias.
 
Hoy, en cambio, el partido se parece mucho más a una comunidad de vecinos.
 
Con sus reuniones eternas…
sus discusiones internas…
y la sensación de que nadie sabe muy bien quién manda.
 
Vamos…
como la comunidad de vecinos de Monte Pinar.
 
Juan Santana, periodista y locutor de radio
 
 
Florentino López Castro

Florentino López Castro

5 comentarios en «ASCENSO, DIMISIÓN… O DESAPARICIÓN: EL CASO CARLOS ESTER Y EL PP QUE DEJÓ DE EXISTIR EN GRAN CANARIA»

  1. Roma no paga traidores, este fue el que dejó a Asier Antona tirado en la cuneta. Quién las da las toma Carlitos. Puestito para ti, puestito para tu mujer. Cierra la puerta al salir que te quedó muyyyyy grande y desleal.

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  2. es un ejemplo de lo que realmente hace los pepero

    juan palomo yo me lo guiso yo me lo como

    en Aguimes

    hicieron un desastre

    menos más que había una mujer con los ovarios bien puestos

    y lo puso en su puesto

    así fue el desastre de votó recibido

    también en Valsequillo

    se la jugaron al candidato

    desde las palmas y de Valsequillo

    es un vividor de la manipulación política siempre favoreciéndose el y sus amigos

    de todas maneras

    mi opinión es que los gobernantes de Madrid no saben ni la mitad de lo que pasa en el partido.

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    • señor o señora de la barrera

      debe rectificar

      al cesar lo del cesar

      un servidor no soy Antonio el que usted dice

      se lo digo para que si usted lo tiene a bien rectificar

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  3. Éste y otros más, a la calle que son muchos años viviendo a cuerpo de Reyes bajo las siglas no se les conoce otro oficio, el tal Poli ni tiene preparación académica y para colmo, es consejero de Educación semejante inculto político.

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