La reunión de esta semana de la Plataforma Ciudadana “Tertuliando desde la Resistencia en Telde”, arrancó con un primer asunto que, aunque situado fuera del municipio, despertó un notable interés entre los asistentes: la situación política en Valsequillo.
Sobre la mesa se puso el nombre de Gregorio Peñate y su reciente salida de ASBA una decisión que, según comentaron varios tertulianos, ha generado más preguntas que respuestas entre los vecinos del municipio. Lejos de interpretarse como una marcha voluntaria, algunos participantes deslizaron que “más temprano que tarde se conocerán las verdaderas razones”, dejando entrever que detrás de esa salida podría haber elementos que aún no han salido a la luz pública.
Mientras tanto, y según se expuso en la tertulia, el actual grupo de gobierno continúa con su hoja de ruta, tratando de reconducir la gestión municipal y de imprimir un nuevo ritmo político a una localidad que, en palabras de algunos asistentes, “venía de una etapa marcada por el abandono y la desconexión con la ciudadanía”.
Ese arranque político sirvió como antesala de un debate que rápidamente se trasladó a una realidad más cercana: Telde, Gran Canaria y lo que la última borrasca ha dejado al descubierto.
Porque si algo ha marcado esta semana no han sido solo las decisiones políticas, sino las consecuencias de una tormenta que ha hecho visible lo que durante años ha permanecido oculto.
En la reunión, los integrantes de la Plataforma coincidieron en que la borrasca no solo ha dejado agua en presas y barrancos, sino que ha sacado a la superficie una realidad social incómoda: viviendas precarias, levantadas por familias humildes en zonas invisibles para la administración… hasta que el agua decidió señalar dónde están.
Porque cuando llueve con fuerza, no solo bajan cañizos y barro. También emergen las miserias que no aparecen en los discursos institucionales.
La imagen es tan dura como real: casas improvisadas en medio de barrancos, historias de supervivencia que quedan al descubierto mientras el agua abre camino. Una Canarias que existe, pero que rara vez forma parte de las prioridades políticas.
Y es ahí donde la tertulia elevó el tono.
Porque mientras esa realidad salía a la luz, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Telde seguían con su agenda intacta: convocatorias, subvenciones y reparto de dinero público a asociaciones.
El debate giró en torno a la convocatoria impulsada desde el Cabildo, que moviliza dos millones de euros para el fomento del movimiento asociativo y la convivencia ciudadana, con ayudas que oscilan entre los 6.500 y los 12.000 euros.
Fue en ese punto donde surgió la crítica más contundente.
Varios integrantes señalaron que este tipo de anuncios, presentados bajo conceptos incuestionables como “convivencia” o “calidad de vida”, llegan en un contexto donde —según afirmaron— “ya empieza a notarse demasiado el olor a precampaña”.
En ese análisis, el nombre de Teodoro Sosa apareció de forma reiterada, al considerar que estas políticas permiten proyectar cercanía en un momento políticamente sensible.
Y junto a él, también se situó al alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, como beneficiario indirecto de un escenario donde el dinero institucional fluye por circuitos visibles, mientras el ciudadano sin estructura —sin asociación, sin siglas, sin altavoz— sigue enfrentando solo su realidad.
Una realidad que, como ha demostrado la borrasca, no siempre está en los informes… pero sí en los barrancos.
La tertulia insistió en que no se trata de cuestionar el papel de las asociaciones, muchas de ellas necesarias, sino de poner en duda una escala de prioridades que, una vez más, deja atrás al vecino anónimo.
En ese contexto, se recordó que el Consorcio de Viviendas de Gran Canaria ha desarrollado líneas de ayuda dirigidas directamente a personas en situación de vulnerabilidad, destinadas a mejorar condiciones básicas de habitabilidad.
Y ahí surgió el contraste.
Antes —señalaron— el dinero público llegaba directamente al ciudadano que necesitaba arreglar su vivienda o garantizar unas condiciones dignas. Hoy, la sensación es distinta: el foco se ha desplazado hacia el entramado asociativo mientras el vecino sin respaldo queda condenado a “buscarse la vida”.
Una frase que resumió el sentir general de la reunión:
“Ahora se subvenciona la escenografía social, mientras la realidad aparece cuando llueve.”
A lo largo del encuentro también quedó flotando una pregunta incómoda: ¿a quién se intenta contentar realmente con estas políticas?
Los integrantes de la Plataforma evitaron hablar de intenciones, pero sí señalaron que el momento y la forma alimentan una lectura clara: cuando se acercan las elecciones, no siempre se actúa donde más duele la necesidad, sino donde más visible resulta el gesto.
Y mientras tanto, la borrasca ha hecho algo que ningún plan institucional ha conseguido: levantar la alfombra, porque hay realidades que no salen en los discursos… hasta que el agua las deja al descubierto.
Y ahí, concluyó “Tertuliando desde la Resistencia en Telde”, es donde se mide de verdad una gestión pública: no en lo que se anuncia, sino en a quién se ayuda primero.
Porque mientras algunos ya han empezado a mover la regadera…hay quienes siguen sin techo firme cuando empieza a llover.
Canarias Informativa
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