EL CINEASTA TELDENSE ADO SANTANA ANUNCIA EN PRIMICIA EN ONDAGUANCHE «UNA BODA DE CINE»

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El director de cine teldense Ado Santana, avanzó en el programa de radio de ONDAGUANCHE «La Hora de La Verdad» que atraviesa uno de los momentos más destacados de su trayectoria gracias al recorrido internacional de Lilith, su último largometraje. La película acaba de recibir el premio a Mejor Película en un festival de Eslovaquia, un nuevo reconocimiento que se suma a otros conseguidos en India y México y que confirma la proyección exterior de un cineasta forjado desde la independencia, el esfuerzo propio y el trabajo colectivo.

Santana explica que Lilith empezó a rodarse hace ya alrededor de cuatro años y medio. Tras distintas pruebas y búsquedas creativas, hace aproximadamente un año el equipo realizó un nuevo montaje que terminó marcando el rumbo definitivo del proyecto. Fue a partir de ahí cuando decidieron iniciar su recorrido por festivales.

La primera parada fue en el sur de India, donde la película obtuvo tres premios: Mejor Director, Mejor Película y Mejor Cartel, este último para Carmelo Figueiras, también de Telde. Más tarde, el filme viajó hasta México, al FICA, donde recibió el galardón a Mejor Película Feminista Internacional y también una mención especial del jurado. Ahora, el premio logrado en Eslovaquia consolida esa trayectoria, a la que se suma además una reciente selección en un festival de Bali, donde Lilith competirá también por el premio a Mejor Película.

En paralelo a este recorrido internacional, el equipo trabaja ya en el estreno de la cinta, previsto en principio para octubre. Santana reconoce que, como ocurre desde hace décadas, uno de los grandes problemas del cine sigue siendo la distribución, aunque confía en que existan vías para que la película encuentre su sitio. En su caso, asegura que no puede quejarse, ya que buena parte de sus trabajos anteriores sí han logrado distribución.

Pese a que su nombre es el que encabeza los reconocimientos, el cineasta teldense insiste en desmontar la idea romántica del director como figura aislada. Defiende que el cine no es comparable a disciplinas más solitarias como la pintura o la escritura y subraya que una película solo existe gracias al esfuerzo compartido de muchas personas. En el caso de Lilith, recuerda que el último corte del largometraje fue asumido por Daniel León Lacave, cineasta también de las islas, y por Laia Suazo, su futura esposa.

BODA DE CINE EN BREVE

Ese apunte personal dio pie, incluso, a una pequeña revelación con tono de primicia: Santana se casará en apenas unas semanas. Lo cuenta con humor, confesando que vive estos días entre preparativos y “microinfartos” cotidianos, aunque lo lleva bien. Más allá de la anécdota, vuelve enseguida a una idea que repite como una convicción: el cine es, por encima de todo, un trabajo en equipo.

Su recorrido comenzó en 2002, cuando grabó Quintel, su primer cortometraje. La primera película llegó en 2007 con Nosirá. Después vendrían otros títulos como Camino a la locura, Amarillo, 30 monedas o Alzá. Al repasar esa filmografía, Santana insiste en que su carrera no puede entenderse sin la gente que ha trabajado a su lado. Cita con especial afecto a Carlos Reyes Limós, un profesional venezolano con el que aprendió desde muy joven. De él conserva una lección que no ha olvidado: un director, dice, no deja de ser “un administrador del talento”.

Bajo esa filosofía entiende su trabajo: él aporta una visión, pero alrededor hay otras muchas miradas y oficios imprescindibles para que una película funcione. El director de fotografía, el guion, el sonido, el foquista o el montaje forman parte de una maquinaria en la que todos deben hacer bien su labor. Ni siquiera el mejor director, defiende, sería capaz de sacar adelante una película sin un equipo sólido a su alrededor.

Esa humildad también aparece cuando habla de financiación, uno de los grandes retos del cine independiente. Santana reconoce que, en su caso, la participación institucional en sus proyectos ha sido prácticamente nula. Sus películas salen adelante, sobre todo, gracias al trabajo constante y a la reinversión de lo que genera su productora. Rechaza la idea de “coste cero” en términos absolutos y recuerda que, aunque parte del equipo pueda colaborar de forma altruista, siempre hay gastos inevitables: comida, gasolina, atrezo, desplazamientos o logística. Todo eso, subraya, cuesta dinero.

La base económica de su actividad está en su productora audiovisual, desde la que realiza vídeos corporativos, fotografía, retransmisiones en directo y trabajos para infoproductores, entre otros encargos. Todo lo relacionado con lo audiovisual tiene cabida en una estructura que, aunque desde fuera pueda parecer pequeña, reúne a numerosos profesionales. En el caso concreto de Lilith, además, distintas productoras y colaboradores se unieron para reforzar el proyecto, especialmente en su parte técnica. Santana menciona la aportación de Víctor Cabrera, de la asociación cultural Alcorac 1968, de Luis Díaz y de Beta Creativa, entre otros apoyos.

La película se levantó, recuerda, casi a base de sumar recursos: cámaras propias, equipos prestados, nuevas adquisiciones, iluminación y muchas manos implicadas. Fue un proceso duro, pero también una demostración de que, con organización y voluntad, es posible sacar adelante proyectos complejos desde la periferia de la gran industria.

Cuando se le plantea si trabaja con objetivos muy definidos o si improvisa más bien sobre la marcha, Santana admite que pertenece al segundo grupo. No sigue un plan milimétrico, sino que va terminando proyectos, dejando reposar los esfuerzos y atendiendo a las ideas que surgen. Bromea incluso con aquella frase de Sergio Leone, que aseguraba que cada película le restaba cinco años de vida. Él, dice entre risas, espera superar igualmente los 70.

En estos momentos su hoja de ruta pasa por culminar el circuito de festivales de Lilith, afrontar su estreno y, una vez que la película llegue a plataformas, poder desprenderse un poco del proyecto. A partir de ahí, llegarán nuevas ideas, habitualmente en colaboración con Ricardo López Toledo, su guionista habitual y amigo desde la infancia. No hay una meta cerrada, pero sí una certeza: quiere seguir dedicándose al cine, aunque con más tranquilidad y con estructuras de financiación que no recaigan exclusivamente sobre él. Considera que sostener producciones de este nivel con recursos propios tiene un coste económico, físico y mental demasiado elevado.

De hecho, ya trabajan en una nueva línea dentro de la productora, asumiendo también la producción de un largometraje ajeno y ampliando campos dentro del sector audiovisual. Esa diversificación aparece como una forma de crecimiento natural dentro de una carrera que no ha dejado de evolucionar.

LA IMPORTANCIA DE TELDE COMO PARTE DE SU IDENTIDAD ARTÍSTICA

Santana también reivindica la importancia de Telde como lugar de origen y como parte de su identidad artística. Entiende que el nombre de la ciudad viaja con cada uno de sus proyectos por el archipiélago, por la península y por el extranjero. Sin embargo, al mirar hacia la realidad local, lamenta la pérdida de espacios de exhibición. Recuerda que llegó a estrenar sus dos primeras películas en los multicines de Telde y que, además, trabajó allí como acomodador. Aquellas salas, afirma, tenían calidad técnica, comodidad y un valor simbólico importante para quienes crecieron yendo al cine en la ciudad.

La desaparición de esos espacios le produce tristeza. Más aún si se tiene en cuenta que Telde llegó a contar con siete salas de cine. La decadencia de estos lugares, como ocurrió también con el cine Morales en Carrizal, forma parte de una transformación más amplia del consumo cultural. Aun así, conserva cierta esperanza en que alguno de esos espacios pueda rehabilitarse en el futuro, aunque sea como sala pequeña para cinefórum o actividades culturales.

Sobre la exhibición de sus películas, asegura que su obra sí ha pasado por salas convencionales y que la intención con Lilith es repetir esa experiencia. Aunque evita dar detalles hasta que todo esté completamente cerrado, adelanta que el estreno está bastante encaminado y que Gran Canaria será, con casi total seguridad, una de las primeras plazas donde podrá verse en pantalla grande. Además, ya existen conversaciones con otras dos islas.

Después llegará, previsiblemente, el salto a plataformas. Santana recuerda que trabajos anteriores como 30 monedas han tenido presencia en servicios como Amazon, lo que le sigue generando ingresos mensuales. También ha mantenido acuerdos con Filmin. Sobre la posibilidad de aterrizar en plataformas aún mayores, como Netflix, prefiere ser prudente. Todo dependerá, explica, del ruido y del alcance que termine logrando Lilith. Cree, en cualquier caso, que la película tiene elementos que pueden conectar con públicos amplios, especialmente por la fuerza de su protagonista y por la lectura que muchos espectadores están haciendo de ella en torno al feminismo.

En el ámbito profesional, reconoce que nunca le ha llegado una gran propuesta nacional para ponerse al frente de una película de gran presupuesto o una serie con nombres de primer nivel. Sí dirigió en Estados Unidos un documental sobre el timplista canario Germán López, una experiencia con financiación y rodaje exterior, pero en un formato todavía contenido. En todo caso, se muestra abierto a que ese tipo de oportunidad aparezca alguna vez.

PANORAMA DEL CINE INDEPENDIENTE EN CANARIAS

Ado Santana también hace una lectura positiva del panorama del cine independiente en Canarias. Considera que existe una cantera sólida de creadores, aunque no siempre visible para el gran público. Algunos desarrollan un cine más intimista o más exigente para el espectador, lo que dificulta su circulación fuera de ciertos circuitos. Aun así, menciona con admiración a nombres como Enrique Serpa, Domingo de Luis, David Pantaleón o Juan Alfredo Amil, entre otros autores que, a su juicio, han hecho y siguen haciendo trabajos muy valiosos.

En un plano más íntimo, al pensar en qué le gustaría provocar en el espectador, Santana se apoya en una idea atribuida a Billy Wilder. Su aspiración principal no pasa necesariamente por transmitir un mensaje cerrado, sino por lograr que quien se siente a ver una película suya pueda olvidarse durante un rato de sus preocupaciones diarias, de las facturas o de los problemas cotidianos. Si además la obra remueve conciencias o abre debates, mejor todavía, pero para él lo primero es capturar la atención del espectador y ofrecerle un tiempo de auténtica inmersión.

No parece obsesionarle, en cambio, que el público interprete sus películas de una manera distinta a la que él imaginó. Considera que, una vez estrenada, la obra deja de pertenecerle por completo. Mientras la está haciendo, la película es suya; cuando alguien la ve, pasa a ser también de esa persona. Por eso acepta con naturalidad las lecturas múltiples y los finales abiertos, especialmente en obras anteriores como Amarillo o 30 monedas. Lilith, reconoce, tiene una narrativa algo más accesible y más compartida en su comprensión general, pero sigue defendiendo esa libertad del espectador para apropiarse de lo que ve.

Entre los sueños aún pendientes hay uno que menciona sin ocultar la dificultad: le encantaría adaptar al cine La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Sabe que sería una empresa complicada, tanto por los derechos como por la complejidad propia del material, pero lo formula como una aspiración mayor, casi como una cumbre personal.

Mientras tanto, el presente se llama Lilith, y también Telde. Desde ahí, entre rodajes, festivales, producción, bodas y futuros proyectos, Ado Santana sigue construyendo una carrera que ha sabido combinar la independencia con la perseverancia, el arraigo local con la proyección exterior y la autoría con una defensa firme del valor del equipo.

 

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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