«CANARIAS, TERRITORIO DE PAZ Y ACOGIDA»

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Este 12 de marzo se cumplen 40 años desde que Canarias le dijo que no a la OTAN. Casi un 54 % de la población canaria que acudió a votar en el histórico referéndum lo hizo con la papeleta del no en la mano. Junto con Euskadi, Catalunya y Navarra, fue una de las tres naciones del Estado español que se negó a integrarse en eso que llamaron la Organización del Tratado del Atlántico Norte y que se impuso como peaje para poder acceder a la Unión Europea de aquel entonces.

Haría falta mucho más que un artículo para ahondar en las causas que dieron aquel resultado, pero voy a anotar por aquí unas cuantas, empezando por el recuerdo traumático de nuestros abuelos y abuelas del golpe de Estado a la República, la Guerra Civil y posterior dictadura franquista junto con sus represiones, que dejó un Archipiélago analfabeto, desnutrido y dependiente de la solidaridad de nuestros vecinos africanos y americanos.

Tampoco se entiende sin la secuencia de las dos grandes guerras mundiales, fruto de lo cual miles de exiliados y refugiados europeos utilizaron el Archipiélago como espacio de tránsito hacia América, o directamente se establecieron en nuestro país.

Un episodio mucho más cercano, en la costa de nuestro continente africano, también tuvo mucho que ver. La historia de Canarias, el comercio marítimo, los puertos francos y las faenas pesqueras no se pueden entender sin los lazos invisibles que nos atan con el Sáhara Occidental. Que el Estado español abandonase a su suerte a la provincia número 53 y a una población saharaui que, recuerden, tenía DNI, se sintió como una traición a ambas orillas del mar.

Podríamos seguir añadiéndole ingredientes, como la expulsión de la legión española de la isla de Fuerteventura, el rechazo a la instalación de una base aeronaval en Arinaga, nuestra condición tricontinental o que por aquel entonces el soberanismo progresista canario estuviese en su mayor apogeo, con la UPC y Sagaseta a la cabeza, especialmente en Las Palmas de Gran Canaria. El resultado es el mismo: Canarias le dijo que no a la militarización.

Sin embargo, cuatro décadas después de aquel voto histórico, la realidad es muy distinta. Como si de una broma macabra del destino se tratase, Canarias es a día de hoy una de las naciones del Estado español más militarizadas. Solo en Gran Canaria tenemos la base naval del Arsenal de Las Palmas, la base aérea militar de Gando, cuarteles en La Isleta, posiciones en El Confital y Las Coloradas, el mando aéreo en pleno Mesa y López, la comandancia naval en la plaza de La Feria o la comandancia de la guardia civil en el barrio de San José.

Según un informe del Centro Delàs de Estudios por la Paz, el Archipiélago canario cuenta con más de 744.700 hectáreas dedicadas a maniobras militares, así como más de 50 kilómetros cuadrados declarados como “zonas de interés de Defensa”, lo que se traduce en que tenemos un militar por cada 145 habitantes. En la memoria de muchos queda la noticia que reflejaba la contraposición con el número de matronas en las islas: una por cada 100.000 habitantes.

¿Alguien considera que sumar cada vez más efectivos, situar posiciones militares en núcleos urbanos o que el aeropuerto de Gando se utilice como plataforma logística y operativa para intervenciones militares en África Occidental y el Sahel garantiza nuestra seguridad o más bien nos convierte en un objetivo a abatir?

Decenas de organizaciones sociales, ecologistas y pacifistas llevan reclamando, desde hace décadas, que Canarias tenga reconocido su estatuto de neutralidad, como territorio desmilitarizado y de paz, de manera que se prohíban en nuestro territorio bases militares ofensivas, la presencia de tropas extranjeras o que se usen nuestros puertos y aeropuertos para acciones bélicas de las que Canarias ni fue, ni es, ni será parte involucrada.

A ello se acompañan numerosas muestras indiscutibles de que la sociedad canaria siempre estuvo al lado del antibelicismo, como la siembra del olivo en el antiguo Estadio Insular, símbolo de la resistencia palestina, o las multitudinarias manifestaciones en contra de la guerra de Irak. Y a ello se suman hoy las sucesivas movilizaciones en contra de la invasión de Gaza, el rechazo al imperialismo gringo en Venezuela y Cuba o, por último, la negativa a que Europa se vea involucrada en una guerra en Irán o El Líbano que nada tiene que ver con la defensa de los derechos humanos sino con el expolio de sus recursos naturales.

Por eso también se revolvió el pueblo canario cuando el Gobierno español del PSOE, con sus socios subalternos de la izquierda estatal, viró su política exterior con el Sáhara Occidental y abandonó a su suerte al pueblo saharaui para contener la avalancha migratoria que procedía de Marruecos. Un país que a cada día que pasa mantiene mayores lazos militares, económicos, sociales e institucionales con Estados Unidos e Israel.

Ante la connivencia de la derecha estatal y canaria, y ante la tibieza de la izquierda estatal, la respuesta la tiene que dar el soberanismo progresista canario. Canarias siempre fue puerto de refugio para quienes huían de la guerra. Hoy, más que nunca, corre el riesgo de convertirse en plataforma para exportarlas.

Es por ello que resulta imperativo que Drago Canarias obtenga representación en la gran mayoría de instituciones municipales e insulares de Gran Canaria, con el objetivo último de acatar el mandato histórico pacifista del pueblo canario: Canarias siempre será territorio de paz y acogida.

Luis de la Barrera, portavoz de Drago Gran Canaria

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

1 comentario en ««CANARIAS, TERRITORIO DE PAZ Y ACOGIDA»»

  1. Chacho luisillo, lo tuyo es comer gambas sin pelar, Ponte a trabajar y deja la política para gente que sepa algo pero lo tuyo es afán de protagonismo para subirte al carro, jajajaja😂😂😂😂 💰💰💰💰💰💰💰

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