A veces no hace falta una comisión de investigación, ni informes técnicos, ni detectives privados. Basta con hacer algo mucho más sencillo: escuchar con atención una entrevista completa. Y si esa entrevista es al alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, en el programa El Pulso, el ejercicio resulta todavía más revelador.
Porque después de oírle con calma, sin prisas y sin anestesia, queda flotando en el ambiente una sensación bastante clara: a los ciudadanos les han intentado colar un magnífico gato perfectamente envuelto como si fuera un exquisito conejo de monte.
Y claro, uno se pregunta inevitablemente lo que ya muchos comentan en cafeterías, tertulias y corrillos municipales:
¿Cuál es el verdadero Juan Antonio Peña?
¿El Peña de la oposición, aquel que denunciaba absolutamente todo, el fiscalizador universal, el látigo de los gobiernos anteriores, el campeón de la transparencia?
¿O el Peña de ahora, el que gobierna el Ayuntamiento con una serenidad casi monástica mientras determinadas maniobras administrativas se cocinan a fuego lento en los pasillos del poder?
Porque si algo dejó claro la entrevista es que el alcalde no parecía precisamente un turista despistado en esta historia. Más bien daba la impresión de que sabía perfectamente qué se estaba preparando en determinados despachos municipales.
Algunos ya hablan con sorna del “laboratorio político de la Jefatura”, donde presuntamente, entre llamadas discretas, cafés y reuniones estratégicas, se habría diseñado una pequeña obra de ingeniería administrativa junto a los conocidos brothers.
Una obra digna de estudio en cualquier máster de creatividad burocrática.
Primero se tiene el candidato.
Luego se observa que el candidato no cumple los requisitos de titulación universitaria exigidos para determinados puestos.
¿Problema?
Ninguno.
Porque en Telde, cuando la realidad administrativa no encaja… se adapta la realidad administrativa.
Y así aparece sobre la mesa una idea luminosa: crear una plaza nueva en la Relación de Puestos de Trabajo. Una figura de Coordinador de la Policía Local que, casualmente, encaja como un guante en la mano adecuada.
Un milagro administrativo que haría las delicias de cualquier sastre institucional.
Donde antes había requisitos, ahora hay interpretaciones flexibles.
Donde antes había límites, ahora hay imaginación normativa.
En otras palabras: alta costura política con patronaje municipal.
Pero lo verdaderamente llamativo de la entrevista no fue lo que explicó el alcalde. Fue la distancia con la que intentó narrarlo, como si todo aquello hubiera sucedido en otro Ayuntamiento, en otro planeta o, como mínimo, en otra galaxia administrativa.
Una especie de “yo pasaba por aquí”.
Un clásico de manual.
Sin embargo, la sensación que queda en muchos ciudadanos es otra bien distinta: que esta operación no nació por generación espontánea. Que alguien la pensó, alguien la diseñó y alguien la bendijo.
Porque los cargos públicos no aparecen como los champiñones después de la lluvia.
Alguien los planta.
La lista de los milagros pendientes
Pero la entrevista dejó otra joya digna de análisis.
El alcalde enumeró lo que denominó su “lista de entregables” hasta 2027. Una especie de carta a los Reyes Magos municipales que, según explicó, debería materializarse en el año escaso que queda de mandato.
Nada menos que:
- La apertura del Paco Artiles.
- La apertura del Mercado Municipal.
- La urbanización de Arnao con sus correspondientes aparcamientos.
- La rehabilitación de equipamientos deportivos.
- La mejora de más de 30 parques con nuevos contratos de Parques y Jardines.
- Nuevos contratos de alumbrado, tráfico y señalización.
- Y, por supuesto, el plan de asfaltado y el mantenimiento semafórico.
Todo esto, naturalmente, en lo que queda de mandato.
Es decir, en aproximadamente un año escaso.
Un calendario que, visto así, no parece una agenda de gestión municipal sino una maratón olímpica de obras públicas con cronómetro incluido.
Porque si todo eso se logra en doce meses, habrá que plantearse seriamente tres opciones:
- O Telde ha descubierto la máquina del tiempo administrativa.
- O los expedientes municipales empezarán a tramitarse a la velocidad de la fibra óptica.
- O estamos ante la mayor demostración de optimismo político jamás registrada en la historia reciente del municipio.
Mientras tanto, la realidad cotidiana de la ciudad sigue ahí: calles con baches, proyectos eternamente prometidos, instalaciones cerradas y vecinos que llevan años escuchando que “ahora sí”.
Pero tranquilos.
Porque según la hoja de ruta presentada, todo está previsto para resolverse en el sprint final.
Y como diría cualquier vecino con retranca, viendo el panorama:
Si todo eso se cumple en un año, habrá que proponer a Telde como sede de los Juegos Olímpicos de la Gestión Pública.
Mientras tanto, muchos ciudadanos siguen esperando algo mucho más sencillo que milagros administrativos:
simplemente que se gobierne con la misma exigencia con la que se criticaba cuando se estaba en la oposición.
Porque gobernar una ciudad no consiste en improvisar soluciones creativas para contentar a determinados círculos.
Gobernar, aunque a veces se olvide, consiste en cumplir las mismas reglas que uno exigía a los demás.
Y después de escuchar la entrevista, cada vez son más los vecinos que llegan a una conclusión bastante clara:
En Telde no estamos ante un cambio de criterio.
Estamos ante la transformación del fiscal más severo… en el espectador más comprensivo de su propio gobierno.
Y eso, como diría cualquier vecino con sorna en la plaza de San Gregorio…
no es magia… pero casi.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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