MARC ANTHONY ACTUARÁ EN EL PARQUE DE SANTA CATALINA EL 27 DE FEBRERO DE 2026 POR LA ‘MÓDICA CIFRA’ DE 1,4 MILLONES DE EUROS

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En Las Palmas de Gran Canaria hemos descubierto la cuadratura del círculo: pagar dos veces el impuesto de vehículos… para poder bailar una sola vez “Vivir mi vida”.

Mientras algunos contribuyentes esperan desde hace más de ocho meses que el Ayuntamiento les devuelva lo que se les cobró por error —doble cargo, doble disgusto y cero intereses a favor del ciudadano— el Consistorio anuncia, con alfombra roja y luces LED, que Marc Anthony actuará en el Parque de Santa Catalina el 27 de febrero de 2026 por la módica cifra de 1,4 millones de euros.

Sí, han leído bien. Un millón cuatrocientos mil. El concierto más caro en la historia del Carnaval capitalino. Un hito. Un récord. Un “récord Guinness” de la alegría presupuestaria.

16.000 euros el minuto… y el ciudadano en pausa

Los analistas han hecho la cuenta: unos 16.000 euros por minuto de actuación. Es decir, cada sesenta segundos de “Valió la pena” cuestan lo mismo que varios meses de devolución pendiente a vecinos que solo piden que les reintegren lo que es suyo.

Uno imagina la escena en Hacienda municipal:

¿Ya hemos devuelto los cobros duplicados?

No, pero tranquilo, que ya tenemos el estribillo pagado.

Porque claro, a lo mejor no es un error administrativo. A lo mejor es un nuevo sistema de financiación creativa: “Crowdfunding involuntario para artistas internacionales”. Usted paga dos veces el impuesto, y con suerte escucha medio minuto de salsa premium.

La defensa oficial: Maluma funcionó

La alcaldesa, Carolina Darias, defiende la operación recordando el éxito de Maluma en el Carnaval 2025. Y es cierto: aquello llenó, dio visibilidad internacional y convirtió Santa Catalina en una postal viral.

El problema es que una cosa es repetir el éxito… y otra convertir el Carnaval en una subasta internacional de cachés millonarios, mientras los vecinos hacen eslalon entre socavones, contenedores rebosados y trámites que duermen el sueño eterno en algún cajón municipal.

Porque el mensaje que se percibe no es “apuesta cultural”, sino “prioridades creativas”.

  • Para devolver dinero: paciencia.
  • Para contratar una estrella: urgencia máxima.

Por si fuera poco, en actuaciones recientes del artista no han faltado críticas: retrasos, sonido discutible y ese momento mágico en que el público canta media canción mientras el artista administra su energía vocal.

Imaginemos el cálculo:

Si el público canta el 40% del concierto, ¿se descuenta proporcionalmente del caché?
¿O el karaoke multitudinario entra dentro del paquete premium?

Porque pagar 16.000 euros por minuto para acabar coreando tú mismo la mitad del repertorio tiene su ironía. Es como si el Ayuntamiento te cobrara dos veces el impuesto… y encima tuvieras que hacer tú el trámite de devolución.

Ruido, recursos y realismo mágico

Además, el concierto en Santa Catalina no está exento de obstáculos jurídicos relacionados con la normativa de ruidos. Aquí entramos ya en el realismo mágico canario: vecinos preocupados por los decibelios mientras la ciudad debate si el verdadero ruido es el del escenario… o el del debate social.

El Ayuntamiento insiste en que traer a una “estrella absoluta” marcará un antes y un después en la historia del Carnaval. Y probablemente sea verdad. Será un antes y un después… en la tabla de gastos.

Carnaval, sí. Pero con memoria.

Que nadie se confunda: el Carnaval es identidad, economía, turismo, alegría colectiva. Y apostar por grandes artistas puede ser legítimo si la ciudad funciona como un reloj.

  • El problema no es la salsa.
  • El problema es el desajuste.

Porque mientras unos esperan ocho meses por un dinero que es suyo, escuchar que hay 1,4 millones disponibles para una noche de brillo genera una pregunta inevitable —y con sonrisa torcida—:

¿Será que el Ayuntamiento necesita que todos “vivamos la vida”… para que se nos olvide la doble factura?

En el Carnaval todo es disfraz.

Pero en la gestión pública, convendría que la transparencia no fuera un accesorio opcional.

Que suene la música, sí.

Pero que antes suene la caja registradora… en sentido inverso.

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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