El vicepresidente del Gobierno de Canarias, Manuel Domínguez, ha decidido erigirse estos días en adalid de la verdad, denunciando engaños en la financiación autonómica, agravios a Canarias y supuestos atropellos del Gobierno de España. Un discurso firme, rotundo… si no fuera porque viene pronunciado por alguien que engañó a los ciudadanos con su propio currículum.
Porque conviene recordarlo: quien hoy da lecciones de honestidad institucional figura —o figuró— con títulos que no pudo acreditar. Un detalle menor, dirán algunos. Una anécdota administrativa, dirán otros. Pero lo cierto es que falsear o inflar la formación académica no es un error tipográfico, es una forma de tomar el pelo a la ciudadanía.
Lo verdaderamente sorprendente no es que Domínguez hable de mentiras.
Lo sorprendente es que lo haga sin sonrojarse.
Ironías del cargo
Resulta casi poético que el vicepresidente acuse a otros de engañar a Canarias, mientras su propio currículum fue durante años una obra de ficción más propia del realismo mágico que de un boletín oficial. Y aún más llamativo es que nadie del Partido Popular nacional haya considerado oportuno pedirle responsabilidades.
En cualquier democracia con estándares mínimos, falsear el currículum implica dimitir. En Canarias, al parecer, implica ascender.
Mucha queja y poca autocrítica
Domínguez se indigna ahora porque:
- Canarias pone dinero donde debía ponerlo el Estado.
- La singularidad canaria no se respeta.
- Se pierden cientos de millones en el reparto.
Todo eso puede ser cierto.
Pero hay algo que el vicepresidente olvida mencionar: la credibilidad es un requisito previo para exigir respeto.
No se puede reclamar transparencia con un historial opaco.
No se puede denunciar engaños cuando uno mismo fue protagonista del engaño.
Y no se puede pedir confianza ciudadana mientras se actúa como si aquí no hubiera pasado nada.
El silencio que retrata
El silencio del PP nacional es tan elocuente como incómodo. Nadie exige explicaciones. Nadie pide dimisiones. Nadie considera que mentir en un currículum sea incompatible con gobernar. Quizá porque en política, a veces, la memoria dura menos que un titular.
Mientras tanto, Manuel Domínguez sigue en su despacho, hablando de ética, financiación justa y agravios históricos, como si los ciudadanos no recordaran que antes de denunciar mentiras ajenas, convendría aclarar las propias.
Porque al final, el problema no es solo el dinero que falta.
El problema es la falta de vergüenza política.
Y de eso, curiosamente, el vicepresidente no dice ni una palabra.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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1 comentario en ««MANUEL DOMÍNGUEZ, EL VICEPRESIDENTE DE LOS CURRÍCULUMS FLEXIBLES»»
Reconozco y admito que puse muchas expectativas en este señor y pensaba que por fin llegaba alguien esradista a la política Canaria…….debo reconocer,admito que me ha decepcionado,perfectamente acomodado no es más como tantos otros en Canarias que convierten la Política en su forma de vida y a ser posible para siempre….y no sera señores que no están ocurriendo asuntos gravisimos en Canarias para que alguien que preside al pp no tenga que estar todo el día dándonos la vara y proponiendo,el consuelo es que por lo menos en el ayuntamiento capitalino tenemos a Jimena (mujer trabajadora incansable) apuestan algo a que se la cargarán?….. y es que deja mal al resto.