TELDE: ALCALDE ‘LOW COST’ Y GOBIERNO DE SALDO

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No hace falta entrar en una análisis excesivamente profundo para deducir que en los dos años y pico que lleva el gobierno municipal de Telde no se han producido avances que los ciudadanos puedan aplaudir con la satisfacción. En el día a día del actual equipo rector de los destinos del municipio se hace muy complicado encontrar un hito que los administrados alaben como destacable. Al contrario, un desastre global de gestión, devolución de subvenciones por incumplimiento de proyectos, incapacidad para solucionar problemas anclados. Casi todo aquello que Peña criticaba como concejal en la oposición sigue igual, algunas cosas han empeorado, y la ciudad está en un innegable retroceso, impropio de la considerada cuarta gran ciudad de Canarias.

Todas las expectativas que muchos teldenses pusieron en aquel concejal zagal, amamantado en Ciuca, que fue creciendo y sorprendió con una innovadora campaña electoral que entusiasmó fundamentalmente al electorado joven, ha caído en el pozo de las decepciones. Su zarpazo en 2023, fundamentalmente a Nueva Canarias, hacía albergar unas perspectivas de cambio bajo la batuta de un joven con ideas innovadoras, con la esperanza de que Telde asumiera el gran cambio en muchos asuntos atascados.

Sin embargo, pronto se advirtió que todo era un espejismo. Juan Antonio Peña se postulaba como un iluminado del marketing de artificio, un ‘vendehúmos’ cuya primera acción de gran calado fue abonar una factura antigua de 99.500 euros a su líder, Guillermo Reyes. Todo esto, dicho sea de paso, con los socios de gobierno mirando hacia otro lado y rubricando tan poco pulcra actuación; el desembolso no provocó náuseas en ninguno. Increíble.

En el aún abierto conflicto de las jaulas marinas ya se sabe el papel que ha jugado este alcalde con un peso político que no impresiona a nadie, y más preocupado en jugar al transfuguismo su incorporación a Primero Canarias que en centrarse en la actividad para la que fue elegido. Es más, en el último Pleno municipal dio la espalda a sus vecinos, a los que le eligieron y debe defender, para congratularse con sus socios de gobierno y reírle la gracia a Clavijo y Quintero mientras la costa de Telde, donde moran sus administrados, apesta a pescado muerto.

Y si flojo es el líder ‘low cost’ del equipo, nada digamos de ese gobierno de saldo que le acompaña. Salvo escasas y puntuales actuaciones, aquí tampoco hay poco destacable más allá de la sustitución de unos desvencijados contenedores de residuos. Los colegios se caen a cachos, las calles no tienen más baches porque no se puede, no hay semáforos, la Policía Local apenas se ve por los barrios, no existe servicio de grúa, Limpieza ha eliminado servicios esenciales para el lustre de las calles, el olvido de los barrios es una asignatura de manual, el maltrato a la zona comercial, el aparcamiento modular de Arnao muerto de risa, el olvido del Polideportivo Paco Artiles, el retraso de la apertura del Mercado Municipal, el vencimiento de la concesión a los restaurantes del paseo de Melenara…  

La deriva de Telde está en primera línea de ineptitudes. Es un rosario de mala gestión que se intenta tapar con fiestas, voladores, ferias y demás artimañas para el entretenimiento de la población y dispersión de las exigencias y obligaciones. Desde luego, con la gente que gobierna este barco, el rumbo no puede ser el de llegar a buen puerto.

Antonio Sánchez, periodista

 

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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