«2026: CUANDO LA ECONOMÍA CRECE, PERO LA VIDA NO MEJORA»

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Entramos en 2026 con un mensaje recurrente desde ámbitos institucionales y económicos: la economía va bien. Los datos macro hablan de crecimiento, inflación contenida y un mercado laboral que, al menos sobre el papel, se mantiene estable. Sin embargo, basta con hablar con cualquier persona trabajadora para percibir una sensación distinta.

La paradoja es evidente: las cifras mejoran, pero la vida cotidiana no lo hace al mismo ritmo.

Los datos dicen una cosa, la realidad otra

No se trata de negar los datos oficiales. Según organismos como el Instituto Nacional de Estadística, el Banco de España o la Comisión Europea, la economía española mantiene una senda de crecimiento y la inflación se ha moderado respecto a los años más duros del ciclo reciente. También es cierto que el empleo ha resistido mejor de lo esperado.

Todo eso es verdad.
Pero también lo es que esa mejora macroeconómica no se traduce de forma clara en una mejora real de las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Vivir sigue siendo caro

En el día a día no se percibe recuperación, sino resistencia. La cesta de la compra continúa siendo elevada y los bienes y servicios básicos —alimentación, suministros, transporte o comunicaciones— siguen absorbiendo una parte muy importante del salario. Aunque los precios ya no suban tan rápido, siguen en niveles difíciles de asumir para muchas familias.

Cuando cubrir lo esencial consume casi todo el ingreso, el crecimiento económico se vuelve un concepto abstracto, alejado de la realidad.

Servicios públicos bajo presión

A esta situación se suma la tensión en servicios públicos fundamentales. Sanidad y educación siguen siendo pilares básicos, pero la saturación, las listas de espera y la falta de recursos obligan a muchas familias a recurrir a alternativas privadas, con el consiguiente impacto económico y emocional.

No es solo una cuestión de gasto, sino de seguridad y calidad de vida.

Canarias: una brecha más profunda

En Canarias, esta distancia entre macro y micro se agrava. Salarios históricamente más bajos conviven con un coste de la vida que no es proporcionalmente inferior al del resto del Estado. El resultado es una presión constante sobre las economías familiares, incluso entre quienes tienen empleo estable.

Aquí, trabajar ya no garantiza vivir con holgura; en muchos casos, apenas garantiza no caer.

Cuando trabajar no basta

El problema va más allá de los números. La imposibilidad de ahorrar, de planificar a medio plazo o de afrontar imprevistos sin angustia erosiona silenciosamente la calidad de vida. Se normaliza el cansancio y se asume que “no se puede aspirar a más”.

Desde una perspectiva sindical, esta resignación es especialmente preocupante. Porque los datos económicos deberían servir para mejorar la vida de las personas. Si el crecimiento no llega a los hogares, el modelo no está funcionando para la mayoría.

La economía debe llegar a la gente

Desde SITCA defendemos que una sociedad no progresa solo cuando mejora sus indicadores, sino cuando mejora la vida real de quienes la sostienen con su trabajo. Por eso, no basta con celebrar buenas cifras si estas no se reflejan en salarios dignos, servicios públicos fuertes y condiciones de vida estables.

Desde SITCA abogamos por un reparto justo del crecimientoexigimos que la mejora macro se traduzca en bienestar real y defendemos políticas laborales y salariales que devuelvan dignidad, estabilidad y horizonte vital a la clase trabajadora canaria.

Porque si la economía crece y la vida no mejora, no estamos ante un éxito colectivo, sino ante una oportunidad perdida. Y señalarlo con claridad también es una responsabilidad sindical.

Antonio Rodríguez
Secretario General de SITCA
Sindicato Independiente de Trabajadores de Canarias
 
Florentino López Castro

Florentino López Castro

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