viernes, 3 diciembre, 2021

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«El cuento que me contó Perico»

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Érase una vez un campesino de las medianías del norte de  Gran Canaria que solo usaba un Pantalón  para trabajar en el campo. Cada sábado, su esposa, igual que hacía con el resto de la ropa de la familia, lavaba los pantalones en la acequia que discurría junto a su casa.

Para quitarles la abundante mugre, la buena mujer restregaba y golpeaba el pantalón contra el lavadero de piedra, hasta dejarlo impoluto.

Así una semana, y otra, y otra… Hasta que el viejo pantalón, de tanto uso y de tantos lavados, comenzó a ralearse, hasta que se rompió por las rodillas. Pero la mujer- hacendosa ella- le puso unos remiendos de una tela parecida que tenía en la casa. El remiendo aguantó estoicamente los restregones de la mujer y sus golpes contra el lavadero. Pero, mira tú, al poco tiempo los pantalones, aún más ajados, se rompieron por el culo, y he aquí a la hacendada esposa del labriego poniéndole otros remiendos en las culeras.

Con el paso del tiempo, el viejo pantalón estaba tan raleado que ya no aguantaba más remiendos, por lo que al viejo campesino no le quedó más remedio  que compra unos  nuevos.

Pues sabes una cosa -siguió contándome Perico-,  a nuestro sistema político le pasa como al viejo pantalón del campesino. Está tan raleado que ni las nuevas ideas políticas de algunos ´partidos emergentes´ son capaces de mantenerlo vivo y saludable. Esas nuevas ideas son como los remiendos del ajado pantalón: Solo sirven, si acaso,  para darle un soplo más de vida a este sistema agonizante, caduco y corrupto.

Para que el sistema comience a funcionar de nuevo es necesario deshacerse del pantalón raido  y comprar uno nuevo.

Para ello es necesario que el pueblo diga basta. Basta a una ley electoral trasnochada. Basta a que el voto de los ciudadanos se contamine con artefactos estadísticos, perdiendo así el sentido de la voluntad del votante. Basta a que los resultados de los escrutinios sirvan de transacciones mercantiles, o en acciones con las que negociar las poltronas en el Parlamento, gobiernos autónomos o ayuntamientos. Basta a la tomadura de pelo de unos líderes políticos mediocres y de dudosa capacidad para negociar, respetar y entender al adversario político, principios básicos de un sistema democrático. Basta ya de tantos aforamientos, de sueldos vitalicios, de puertas giratorias  y de todas las prebendas caciquiles que este sistema le  otorgan a ´sus señorías´ -manda güevos con lo de sus señorías-. Basta ya de tanta corrupción entre los políticos, y de la impunidad que les da la dilatación de sus procesos judiciales, con nombramientos y destituciones a conveniencia de jueces y fiscales. En definitiva, basta ya de tomarle el pelo al ´populacho´, ofreciéndole la vana ilusión de que es él -el ´populacho´- el que tiene el control del devenir político de este país.  Y una mierda, con perdón.

José Juan Sosa Rodríguez

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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