viernes, 22 octubre, 2021

desde 1990

«Demasiados minutos de silencio…»

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No me gustaría parecer ni simple, ni hipócrita ni populista en este tema. Para eso ya tenemos a nuestra clase dirigente, la de los minutos de silencio, la de los lamentos y discursitos inocuos sobre la desigualdad y la violencia de género. Llevo más de veinte años oyendo las mismas frases, los mismos llamados y siguen muriendo más mujeres asesinadas que personas en atentados terroristas.

La diferencia estriba en que mientras para lo primero la justicia se lo piensa mucho y los gobiernos recortan más y más, para lo segundo hay leyes, policías, acciones disuasorias tan espectaculares que hasta el más talibán se lo pensaría antes que matar por Alá en España. Sin embargo el “matar porque era mía” sale más barato penalmente, las medidas cautelares de alejamiento son controladas por el espíritu Santo y la alarma social no es tan alimentada desde los medios porque, sencillamente, aún hay un substrato tan cavernícola en esta sociedad que espanta el sentido común.Mucho criticar el uso del velo en los países musulmanes y nada de quitarnos de verdad la venda aquí sobre la urgente necesidad de articular medidas excepcionales para acabar con esta sangría.

Tras cada asesinato, pronto casi diario, se nos muestra un fracaso social, educativo, político e institucional, que es palmario. No estamos ante hechos aislados, sino una lacra, la de la desidia de una clase dirigente incapaz de articular medida alguna para asesinatos que no entienden de diferencias ideológicas y que claman ya, por su volumen, extensión y dramatismo, un consenso que supere ya las palabras y de verdad tome las calles.

Casandra ha sido condenada a un año y medio de cárcel por escribir un chiste de un asesinato que ocurrió hace cuarenta años, pero sin embargo el próximo “criminal” que entre en una comisaría por tentativa de golpear, violar, acosar o matar a su cónyuge es más que probable que no tenga una pena que lo disuada para siempre jamás.

Es verdad que la solución no es fácil, pero ya los simples lamentos empiezan a ser muy difíciles de digerir y comienzan a resultar patéticas muestras de un Estado, una Constitución y un modelo de sociedad fracasados, porque el derecho a la vida de la mitad de la población no está garantizado. ¿Que pasaría si estuviéramos teniendo un asesinato político casi diario?¿De que estaríamos hablando si el ISIS hubiera asesinado ya a tantas personas como mujeres han muerto en lo que va de año y años anteriores?.¿De verdad que los minutos de silencio serían la respuesta o las campañas de sensibilización la prevención?

No hablo de un Estado policial, ni de cargarnos la presunción de inocencia u otras garantías del Estado de Derecho, pero si de que quienes ganan su sueldo público, se ganen de verdad el sustento por una mayor eficacia y eficiencia en dar una respuesta a esta masacre.

José Carlos Martín Puig, sociólogo

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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