jueves, 23 septiembre, 2021

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CRISTÓBAL RODRÍGUEZ O LA DECADENCIA DE LOS SERVICIOS SOCIALES DE TELDE

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Hace meses que Cristóbal Rodríguez, un vecino de 77 años, denunciaba en ONDA GUANCHE su complicada situación viviendo en un garaje reformado de la zona de Pedro Paso (diseminado que se sitúa a algunos kilómetros del barrio de El Calero). No solo sus circunstancias personales (concretamente sus problemas de respiración, que le obligan a estar conectado a un aparato las 24 horas del día) impedían que pudiese tener una vida cómoda en el que debería ser su nuevo hogar desde que el Ayuntamiento cerrase el albergue provisional para personas sin hogar, en el que residió durante la cuarentena, sino que además también debía lidiar con las humedades del inmueble y, sobre todo, con la falta de conexión que existe entre este pago y el casco del municipio al carecer de servicio de guaguas.

Aún así, el afectado realmente solicitaba auxilio en relación al pago del alquiler, pues la ayuda de tres meses que le concedió la administración local expiraba en agosto y no se veía capacitado para desembolsar la totalidad del pago mensual. Su situación no ha cambiado, pero asegura que a pesar de haber llamado múltiples veces al departamento de Servicios Sociales para solicitar una alternativa alojativa, no le han contestado. «Ahora se agrava el problema, porque mi casero necesita que me vaya cuanto antes para adecentar la vivienda, que necesita ser rehabilitada con urgencia», explica Rodríguez desesperado.

La realidad es que la falta de conexión de Pedro Paso con el alcantarillado municipal (un proyecto que la administración ya está tramitando y que pondrá en marcha en poco tiempo, según han anunciado) resulta en que el garaje donde reside el vecino posee un pozo negro bajo el suelo, que provoca humedades y proliferación de insectos como cucarachas. «El propietario necesita vaciar el pozo antes de que se desborde y fumigar la casa con urgencia, por lo que yo no puedo estar aquí», confiesa.

Rodríguez cuenta con una paga mensual por pensión no contributiva de unos 400 euros. «No puedo permitirme pagar el alquiler, los gastos de luz y agua y la comida», añade. La realidad es que cuando cerraron el albergue de Jinámar, Rodríguez se mudó a esta vivienda con la compañía de otro usuario del centro de personas sin hogar. «La administración acordó con nosotros que pagaría los tres primeros meses de alquiler, pero después entre los dos tendríamos que pagar el resto», contextualiza el anciano, que concluye en que su compañero acabó muriendo poco después de iniciar su convivencia. «Yo no puedo hacerme cargo de la totalidad del alquiler», insiste. Asimismo, desde el Partido Socialista aseveran estar al tanto de la situación de este vecino.

«Está claro que las condiciones en las que está viviendo este vecino no son las adecuadas, pero eso tendría que haberlo previsto la administración desde el principio», expresa incrédula Soledad Hernández, concejala y portavoz de la formación. Por este motivo, la socialista ha presentado formalmente una queja en el registro de entrada del Ayuntamiento. «No puede ser que esté pasando esto y que nadie haga nada, deben hacerse cargo de inmediato», añade. Por otra parte, desde la administración local han manifestado a este periódico que no pueden informar sobre las ayudas o sobre la situación personal que atraviesan sus usuarios, por lo que no han efectuado declaraciones sobre el estado en el que se encuentra Rodríguez ni los trámites que pueden estar llevando a cabo.

«Me siento abandonado», confiesa el vecino, que añade que el pozo negro ha ocasionado desperfectos importantes en la vivienda. El suelo ha quedado levantado por la parte de la tapa del foso, mientras que la humedad impide que funcionen con regularidad la mayoría de enchufes del inmueble. «Mi casero me ha dado un alargador para poder conectar mi respirador, ya que solo funciona el enchufe del baño y el que hay en la habitación», explica. Esto también afecta al funcionamiento de la televisión, la nevera, el microondas e incluso la lavadora. Otro de los problemas es la aparición de cucarachas y los malos olores.

«El otro día la chica del servicio de asistencia a domicilio vio una en el fregadero», relata Rodríguez, que insiste en que no culpa a sus caseros porque es consciente de que él no debería estar ahí si no puede pagar, pero solicita que la administración pública le ofrezca una alternativa porque él no tiene cómo vivir. «Además por mis problemas de salud no puedo moverme mucho sin asfixiarme, tengo que ir con el respirador a todos lados», subraya sin saber qué hacer.

La Provincia-Dlp / ONDA GUANCHE

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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