martes, 30 noviembre, 2021

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«Fábula del coche abandonado y el Telde mágico»

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No hace mucho tiempo, fue un precioso 4×4 de color rojo pasión que respiraba libertad cuando se desprendía de su brillante capota negra. Jovial y exuberante recorría las calles dejando su impronta de gran coche, seguro y confortable. Pero sus días de gloria pronto vieron su fin cuando circuló los últimos metros para recorrer la calle Girasol de La Garita en Telde, hasta llegar al aparcamiento de tierra que está a unos metros de la entrada principal de la playa. El rugido armonioso de su motor se detuvo para siempre, y con él, el tiempo. Su luz se volvió oscuridad, su habitáculo siempre demandado, se cubrió de fría soledad.

Ya no frotaban con los mejores paños su fornida estructura de metal para mimarlo y abrillantarlo, ahora el abrupto salitre incrustado en sus entrañas sin limpiar se había convertido en cotidiana realidad. Los neumáticos fueron perdiendo aire a medida que el sol desgastaba la impoluta pintura. La decadencia propia del abandono se apoderaba de él. Después de muchos meses en el más absoluto de los olvidos, nuestro protagonista, un bonito Opel Frontera, presentaba un aspecto lamentable. Comprendió que lo habían abandonado para siempre y resignado, confió en una extinción digna en algún desguace más allá de soportar meadas de perros en las llantas, pillaje, o gamberrismo, que mancillaban, aun más, su maltrecho honor.

LO QUE ES NO CONOCER A LA GENTE

Así pues, conocedor de que había sido abandonado en una de las playas más importantes de Telde, pensó que su calvario cesaría pronto, que las autoridades municipales no permitirían su degradación absoluta en tamaño escenario. Incluso en sus largas tardes junto al mar, había tenido la oportunidad de escuchar algunas conversaciones de vecinos y visitantes que hablaban de los grandes logros de los que presumían los políticos del lugar. Nada más y nada menos que el vicepresidente canario y consejero de Hacienda, Presupuestos y Asuntos Europeos, Román Rodríguez, había ofrecido “la máxima colaboración al municipio de Telde para recuperar el bienestar social y el crecimiento económico, además de comprometer la participación del Gobierno en la remodelación del polideportivo Paco Artiles”. Estaba en buenas manos pensaba…

Nuestro coche abandonado tenía aun intacta su potente antena de radio, la misma que le pasaba la información de que Román Rodríguez se reunía con la alcaldesa, Carmen Hernández, para precisar que “la cooperación entre ambas administraciones se articula en los ejes social y económico, de modo que se podía restablecer la normalidad en los servicios públicos esenciales y reforzar los derechos sociales, por un lado, y en la reactivación económica y la creación de empleo, por otro”. Era lo que necesitaba escuchar nuestro abandonado de metal.

Estaba contento porque estos políticos decían que “los ayuntamientos son las corporaciones que se encuentran en la primera línea de batalla para dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos y que son el brazo ejecutor no solo de las políticas municipales, sino también de otras del propio Gobierno de Canarias, por su conocimiento directo de la realidad, que una de las misiones fundamentales de las instituciones es la de ofrecer soluciones habitacionales a las familias más vulnerables y que, en esa materia, el Ayuntamiento de Telde siempre se ha destacado por su compromiso”. Si eran capaces de solucionar cosas tan complejas como esas, lo suyo que era mucho más sencillo estaría al llegar. ¡Una grúa, al desguace y listos!  

Cansado y agotado de oxidarse, estaba convencido de que lo salvaría de su penar el vicepresidente y la alcaldesa que visitaron las obras de la nueva fase del Plan Integral de rehabilitación que se está ejecutando en el Valle de Jinámar, ejemplo “de la gran capacidad transformadora que caracteriza al Ayuntamiento,  y que está cambiando la fisionomía y los espacios e infraestructuras comunes de las urbanizaciones”. Le habían pedido incluso al Gobierno de Canarias suelo para la construcción del nuevo centro de salud en el Valle de Jinámar… Sin duda eran dioses de carne y hueso, imaginaba nuestro amasijo de hierros con ruedas.

El 4×4 abandonado pero fuerte, confiaba en que la alcaldesa que presumía de instalaciones municipales como la de El Cubillo, “que simbolizan la recuperación de nuestra ciudad, después del intenso trabajo realizado para sanear las cuentas municipales y mejorar los servicios públicos”, hiciera algo por él y por los vecinos de la playa, porque era consciente que suponía un estorbo e impacto medioambiental en la zona que estaba.

¿Cómo no iban a sacarlo de un simple solar políticos que eran capaces de anunciar la renovación del Mercado Municipal, aparcamiento de San Gregorio, urbanización del ensanche de Arauz, rehabilitación del polideportivo Paco Artiles, viviendas de Los Marinos, ampliación de la carretera de Melenara, o el parque urbano de este mismo núcleo costero? 

Además, estaba claro para nuestro coche, que la costa era una apuesta firme de los políticos ya que habían anunciado levantar el parque urbano litoral de Melenara, “un espacio multifuncional que, desde criterios de sostenibilidad ambiental y energética, enriquecerá las dotaciones públicas de este importante núcleo costero, dando respuesta a una reivindicación histórica de la ciudadanía, que permitirá, además, incrementar la competitividad económica y, en particular, impulsar la restauración”. Si eso hacían en Melenara: ¿Cuántas maravillas tendrían reservadas para La Garita?

LA DURA REALIDAD

Sin embargo, el viejo y abandonado caballo rojo de metal desconocía que es habitual ver situaciones de su índole por la zona, pero lo raro es que se prolongue tanto en el tiempo en un punto estratégico para la ciudad como es una de sus playas más importantes. Tampoco sabía que continúa a un ritmo ascendente la proliferación de vehículos abandonados en todo el municipio de Telde sin que la Policía Local haga nada al respecto y el grupo de gobierno mucho menos. No es solo en el casco de la ciudad donde se apilan los coches abandonados, sino en los barrios, en la zonas industriales, en parajes naturales, playas, etc. No hay un barrio en el que no se encuentre algún  que otro vehículo abandonando en la vía pública .

No es solo la mala imagen que da la ciudad de desidia y abandono, sino que muchos de estos vehículos están en un estado que suponen un riesgo para los ciudadanos. A la hora de cobrar impuestos en Telde no se afloja un punto, pero cuando hay que atender las verdaderas demandas de los vecinos no se hace nada.

No le contaremos al otrora flamante Opel Frontera, que la Policía Local carece de protocolo de actuación, la ordenanza reguladora no tiene órgano sancionador designado, por lo cual las multas no se tramitan, ni se cobran, motivo por el que sale muy barato dejar el coche tirado en las calles de Telde. Tampoco le diremos que en la ciudad no hay Servicio de Grúas, ni depósito municipal, donde poder trasladar estos vehículos abandonados hasta tramitar los expedientes y llevarlos a reciclar. Toda una cadena de despropósitos y nula gestión política, que tiene las calles de Telde llenas de vehículos abandonados.

Dejemos que nuestro 4×4 sea eterno y descanse para siempre a solo unos metros de la playa de La Garita. Será una especie de monumento improvisado a la prosperidad, ejemplo de vocación y servicio municipal de nuestros flamantes dirigentes y sus faraónicos proyectos del Telde mágico.

Florentino López Castro, posee estudios de periodismo por la Universidad Internacional Isabel I de Castilla y es director de ONDA GUANCHE

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