El mundo actual atraviesa uno de esos momentos históricos en los que la palabra “estabilidad” parece haber perdido parte de su significado. La invasión de Rusia sobre Ucrania ha reabierto en Europa heridas que creíamos cerradas desde el siglo XX. La persistente tensión en Cisjordania en el marco del conflicto entre Israel y Palestina, la amenaza constante de confrontación entre Estados Unidos e Irán, los ensayos armamentísticos de Corea del Norte o la creciente presión de China sobre Taiwán dibujan un escenario global inquietante.
A ello se suman conflictos latentes en África, tensiones geopolíticas en América Latina y un rearme progresivo en varios países europeos. En este contexto, algunos Estados miembros de la Unión Europea se han planteado —e incluso ya han iniciado— la recuperación del servicio militar obligatorio, incluyendo en esta ocasión tanto a hombres como a mujeres.
Ante este panorama, surge inevitablemente una pregunta: ¿Debería España plantearse recuperar algún tipo de servicio militar obligatorio, adaptado a los tiempos actuales y compatible con el modelo de Fuerzas Armadas profesionales que tan eficazmente viene funcionando?
Recordemos España dejó atrás el servicio militar obligatorio en 2001, apostando por un ejército plenamente profesional. Desde entonces, las Fuerzas Armadas españolas han demostrado un alto grado de preparación, profesionalidad y capacidad operativa, participando en misiones internacionales de paz, ayuda humanitaria y estabilidad bajo el paraguas de la OTAN, la Unión Europea y la ONU.
El modelo profesional ha permitido contar con militares vocacionales, altamente cualificados y sometidos a una formación constante. Nadie cuestiona que este sistema funciona; por tanto, cualquier reflexión sobre una posible recuperación de la “mili” no debería implicar sustituir este modelo, sino complementarlo.
Hablar hoy de servicio militar obligatorio no puede significar replicar el modelo del siglo XX. La sociedad ha cambiado, los jóvenes han cambiado y las amenazas también lo han hecho.
La pregunta no debería ser si queremos volver a la antigua “puta mili”, Jajajajaja, sino si necesitamos un nuevo modelo de servicio nacional adaptado al siglo XXI.
Un servicio más breve, más práctico y más orientado a la formación integral que al mero adiestramiento bélico. Un periodo de preparación que, además de instrucción básica en defensa y protección civil, incluyera formación en: gestión de emergencias y catástrofes naturales, primeros auxilios y asistencia sanitaria básica, ciberseguridad y protección digital, educación en valores constitucionales y derechos humanos y trabajos en equipo, disciplina y responsabilidad social.
España es un país expuesto a incendios forestales, fenómenos meteorológicos extremos y crisis humanitarias. La experiencia reciente ha demostrado con la UME, que contar con ciudadanos preparados puede marcar la diferencia en situaciones críticas es fundamental
Pero en esta ocasión, si se planteara un modelo de este tipo, debería ser plenamente igualitario, incorporando tanto a hombres como a mujeres en condiciones de equidad. La igualdad real implica también compartir responsabilidades colectivas.
Más que una obligación estrictamente militar, podría concebirse como un “servicio cívico nacional”, con distintas modalidades como: defensa, protección civil, cooperación social, apoyo tecnológico o incluso ayuda en misiones humanitarias.
Precisamente uno de los grandes retos de nuestra sociedad es la creciente desconexión entre generaciones, la fragilidad del compromiso cívico y la polarización social; por ello mantengo que, un servicio nacional moderno podría convertirse en una herramienta de cohesión, fomentando valores como: solidaridad, respeto a la diversidad, cultura democrática y ese tan necesario cultivo entre los jóvenes del sentido del deber y del bien común
No se confundan, no estoy diciendo que haya militarizar a la juventud, sino de fortalecerla como ciudadanía. Quienes tuvimos, por edad, el gran honor de servir a la patria durante nuestro obligatorio servicio militar, sabemos bien de que dejando a parte alguna experiencia negativa, aquel tiempo que todos creíamos roblado a nuestras juveniles vidas por “la puta mili”, fueron el mejor campo para enriquecernos de valores humanistas y también crecer por dentro como personas.
Entre las posibles ventajas de “la mili” , se encontrarían de una posible recuperación del servicio militar obligatorio para hombre y mujeres, sin desprendernos del actual sistema de “soldados profesionales”, que tan buen resultado ha dado, podíamos destacar:
- Mayor preparación colectiva ante emergencias.
- Refuerzo del sentimiento de pertenencia y responsabilidad.
- Formación práctica útil para la vida laboral.
- Reserva estratégica en caso de crisis extrema.
Sin embargo, y a nadie se le esconde que, también existen riesgos y objeciones legítimas, como pudieran ser: el coste económico, el posible rechazo social si se percibe como una imposición, la interrupción de estudios o trayectorias profesionales en marcha sin olvidar la dificultad logística de implementación
Por ello, cualquier propuesta debería surgir de un amplio consenso político y social, acompañado de un diseño flexible que permita compatibilizar estudios y trabajo.
Como reflexión final apunto que:
Si bien es cierto que, España ahora mismo no vive una amenaza directa e inmediata de guerra en su territorio; sí forma parte de un mundo cada vez más incierto.
Así que, la cuestión expuesta no es para sembrar alarma, sino anticiparse con serenidad.
Tal vez el debate no deba centrarse únicamente en recuperar la obligatoriedad, sino en preguntarnos qué tipo de ciudadanos queremos formar y qué papel debe jugar el Estado en esa formación.
Un servicio militar nacional moderno, breve, inclusivo y orientado a valores humanistas podría ser una herramienta interesante si se diseña con inteligencia y sensibilidad democrática.
El tiempo dirá si Europa camina hacia una nueva etapa de rearme estructural o si logra reconducir las tensiones actuales por la vía diplomática. Lo que sí parece evidente es que el debate sobre defensa, seguridad y compromiso ciudadano ha vuelto para quedarse y quizás haya llegado el momento de abordarlo con profundidad, sin nostalgias del pasado ni miedos al futuro, pues utilizando una vez más esas expresiones canarias que a mi tanto me gustan nombrar para acabar mis artículos…. “Eso sería como ver la perica en un juego”, porque … ¡Oiga cristiano…casos se han dado! Jajajajaja
Julio César González Padrón. Marino Mercante y Escritor
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