LA CARTA DEL DIRECTOR
Periodistas de leyenda
ONDA GUANCHE
Poblaron redacciones de periódicos
y estudios de radio de los principales medios de comunicación de Gran Canaria
hace más bien pocos años. Pertenecen a una excepcional estirpe de periodistas
que hoy está en peligro de extinción. Grandes comunicadores al que su capacidad
de adaptación los convirtió pronto en intrépidos reporteros, técnicos y
locutores; verdaderos “todoterreno” de los medios. Tipos duros, aventureros y
algo bohemios, que trabajaban sin reloj porque nunca les preocupó el tiempo.
Amaban una labor que desempeñaban con pasión y desparpajo hasta el punto de
hacer su casa del trabajo. Escribieron gloriosas páginas del periodismo
contemporáneo, hombres de honor sin miedo, que con más o menos formación, se
partieron el pecho para dar la mejor información con muy pocos recursos y
medios.
Son parte de una generación irrepetible de periodistas,
informadores… “monstruos” de la comunicación a los que Canarias, y
particularmente Telde, debe mucho más de lo que nunca se les dio. Hacían
periodismo de acción y reacción, directo, inmediato, puro, de rigor. No temían
nada ni nada los ataba, y cuando salían de cruzada informativa nadie los paraba.
Vivían a toda velocidad, jamás pedían perdón ni miraban atrás cuando de trabajar
se trataba. La noticia era su premisa y única fuente de energía, a su caza se
encendía una trepidante maquinaria imposible de frenar. Para ellos el mañana no
existía más allá del día a día que pasaban arrastrando sus cuerpos por las más
variadas redacciones y estudios de nuestra geografía.
Pusieron y
expusieron su vida al servicio de la información, anteponiendo el interés de
informar al personal y familiar. Quemaron su juventud trabajando en radios y
periódicos de sol a sol, de luna a luna, cerrando entrevistas bajo un manto de
estrellas en algún remoto bar con personajes que eran de sumo interés o rabiosa
actualidad. Eran innovadores, revolucionarios, forajidos de todo lo que
supusiera ataduras y cotidianeidad. Inventaron sin proponérselo una forma de
hacer periodismo desconocida entonces en el lugar, hoy desaparecida, que
consistía en llevar la profesión en la piel más allá de fríos horarios de
oficina. Volvían a casa cuando el sol les decía que ya era de día, tenían
valores y creían firmemente en lo que hacían.
Con ellos copando los
puestos de los mejores medios, en el gremio existía verdadera camaradería
alcanzando un clima de cercanía casi fraternal. Eran colegas de profesión, eso
era irrenunciable, insustituible: suscribían sin firmar, una especie de pacto de
sangre inviolable que era respetado casi con disciplina militar, y quien osara
profanarlo, era repudiado por la colectividad por siempre jamás. Nadie soñaba
como ellos, que lucharon en los albores de la democracia por alcanzar una
sociedad sin censuras, sin límites de información, sufridores como fueron en
propias carnes de los efectos devastadores del gran dictador.
Crearon no
sin esfuerzo, los más diversos medios de comunicación; revistas, periódicos,
suplementos, radios, canales de televisión… y con ellos innumerables empleos que
fueron a su vez cantera de información. Son parte del eslabón perdido que
permitió que la prensa libre no fuera una quimera, un fugaz sueño de primavera.
Eran de una pasta especial, diferente, nunca se movieron por dinero ni montaron
imperios editoriales al dictado de empresarios caciques o políticos insensatos
en busca de prosperidad electoral.
Estos comunicadores y periodistas
nunca se irán del todo, siempre permanecerán, y cuando decidan volver, si lo
hacen, lo harán con su independencia y pluralidad habitual. Sin color político o
mediático que manipule la veracidad de su información, con la rotundidad y
transparencia que ha de guiar al buen profesional y al medio donde se
manifiesta. Son clásicos de la prensa, escuela de profesionales itinerante,
periodistas veraces, y si la madre naturaleza decide un día que ya no pueden
estar más, su rico legado permanecerá entre nosotros para la posteridad.
La historia reciente del periodismo en Gran Canaria no debe, no puede,
olvidar sin más, a profesionales como Juan Trujillo Bordón, Ramón Rodríguez,
Germán Ramos, Manuel Ramón Santana, Gregorio Suárez, Domingo Suárez Jerez
(q.e.p.d.), Ramón Álvarez Sanabria (q.e.p.d.), Miguel Castro, Juan Carlos
Greciano, Orlando Suárez, Ángel Pérez, Fao, Lucas Segura, Rafael Rodríguez
Perera, Maxi González, López Galán… y otros muchos más que lucharon por escribir
y hablar con la libertad con la que hoy nos podemos expresar. Héroes anónimos de
mil historias sin escribir, sin contar, increíbles personajes que para los que
tuvimos la suerte de conocerlos, trabajar juntos y compartir con ellos muy
buenos ratos, sabemos que tendrán que pasar cien años más para encontrar una
camada que se asemeje algo a ésta, en su tremenda calidad humana y profesional.
(*) Florentino López Castro, director de ONDA GUANCHE
